España reina en el mundo desde la base
La Selección Sub-16 española conquista en Bakú el primer Mundial Sub-15 de la historia tras ganar 0-3 a República Checa y sólo le falta el Mundial sub-17 para completar todos los títulos del fútbol formativo español
España ha vuelto a subirse al tejado del planeta, y esta vez lo ha hecho empezando por los cimientos. En Bakú, en el estreno absoluto de la Copa Mundial y Festival Sub-15 de la FIFA, la selección que dirige temporalmente David Gordo se proclamó campeona del primer torneo de su especie, un título que nadie había levantado antes y que, por tanto, nadie podrá arrebatarle de la memoria. La Rojita llegó a la final de la categoría A con una hoja de servicios inmaculada: nueve partidos, nueve victorias y treinta y 39 goles. Por el camino había goleado a Grecia en semifinales y a Colombia, dejando siempre la sensación de equipo hecho. Enfrente aguardaba el otro invicto del cuadro, una República Checa que no había llegado hasta allí por casualidad. Los centroeuropeos arrastraban también un pleno de triunfos y un reguero de goles, con dos víctimas de nivel en la mochila: habían eliminado a Italia en octavos y tumbado a Brasil en los penaltis de cuartos. En el Baku Crystal Hall, engalanado para la ocasión, los de Gordo tomaron pronto las riendas, aunque no sin pasar algún apuro que desbarató Leo Rico bajo palos. El ocho contra ocho, jugado en un espacio reducido para lo que están acostumbrados estos chicos, convirtió el partido en un vaivén de ocasiones en el que cualquier descuido se pagaba caro. España, sin embargo, encontró premio a su insistencia en el minuto 12. Tiago Polo, que ya había avisado varias veces, recibió en el costado izquierdo y dibujó con la diestra un disparo colocado que se coló por la escuadra del meta checo. Un golazo para abrir la lata y para firmar la clase de un futbolista que lleva el talento por bandera. El descanso llegó con la Rojita por delante y con la lección aprendida de por qué partía como favorita al oro. Y apenas cuatro minutos después de la reanudación, el guion se inclinó del todo hacia el lado español. Mikel López probó fortuna desde fuera del área con un disparo potente que el portero checo rechazó como pudo, pero el balón suelto llevaba el nombre de Bruno Fernández, que lo empujó casi a placer para el segundo. La sentencia esperó al minuto 31, a nueve del final. Lucas Bernal, un incordio permanente para la zaga checa por su carril zurdo, encaró, dribló y colgó un centro medido al segundo palo, donde apareció Adrián Bielsa para rematar el tercero. A partir de ahí solo faltó que el reloj cumpliera su parte. Cuando lo hizo, España se abrazó a una gesta que mira menos al presente que al porvenir. La generación de 2011 ha conquistado el primer trofeo de esta competición y, de paso, uno de los que le quedaba por abrochar al fútbol base español.
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