Mourinho y sus dos teorías sobre Vinicius
'Al otro lado del espejo', una opinión de Alfredo Relaño
Ya sé que vais a decir que dije…” adelantó Mourinho antes de comentar los sucesos en torno a Vinicius, y luego dio paso a ello desgranando los clásicos y razonables argumentos de la defensa: le buscan, le golpean, siempre van a por él para sacarle del juego porque es muy bueno… Todo es verdad, como lo era lo que comentó después del partido de Lisboa: que provoca, que canta el gol de manera ofensiva, que siempre le pasa a él, que da lugar a que le ocurra lo que le ocurre… Son las dos caras de la misma moneda, dos formas perfectamente razonables de explicar la polémica que le acompaña. La visión del defensor y la del fiscal ante un mismo suceso. Según en qué lado estés, o te pille, lo puedes contar de una forma y otra. A él le tocó enfrente en Lisboa, del lado de Vinicius en Cornellà, y de ahí sus dos versiones, igualmente veraces y discutibles. Otra vez el problema del huevo y la gallina. ¿Quién empieza? Convengamos que, al menos en Cornellà, empezó Cala con su patadita al riñón. Lo malo para Vinicius es que la bola de nieve ya echó a rodar hace mucho, y que vaya donde vaya la diversión es excitarle. Mourinho tiene ante sí la tarea de sosegar sus reacciones, porque en lo del contrario no puede influir. Vinicius aparte, Mou ha regresado con ganas de explayarse largamente y en general bien en las conferencias de prensa, algo que agradecer. En Cornellà dejó buenas explicaciones estrictamente futbolísticas sobre cuestiones como, por ejemplo, la conveniencia de aproximar a Bellingham al gol o la posibilidad de hacer de Güler un jugador útil en el arranque del juego… Es bueno que los entrenadores hablen de fútbol, cosa que la mayoría sólo suelen hacer cuando les pillas en privado, o esa es mi experiencia, y rara vez cuando hablan ‘urbi et orbi’ como es el caso de las ruedas de prensa, cuando su ciencia y sus proyectos pueden tener mayor alcance, cayendo como lluvia provechosa para todos los aficionados. En general prefieren ser lacónicos, como si manejaran arcanos a proteger del conocimiento general. Ojalá cunda el ejemplo.
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