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Monday, September 21, 2026

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La historia más cruel de lo que llevamos de Mundial: una avería destroza la gesta de Rogers

El australiano, sobrino del triple campeón mundial Michael Rogers, sufrió una salida de cadena y perdió varios minutos mientras su mecánico trataba de solucionar el problema.

· 332 words

Cameron Rogers se quedó parado en el peor sitio y en el peor momento. La contrarreloj sub-23 del Mundial de Montreal le tenía en la pelea por las medallas, uno de esos días marcados en rojo para quien llega con piernas y ambición, hasta que una avería mecánica le tiró abajo la carrera de golpe. Una salida de cadena, una bicicleta bloqueada y una espera eterna en el margen de la carretera. El australiano rodaba a gran velocidad cuando tuvo que echar pie a tierra. Primero intentó arreglarlo él mismo, con la urgencia de quien sabe que en una crono cada segundo se paga. No hubo manera. La cadena se había quedado completamente atascada y el problema exigía la intervención del coche de asistencia. Ahí empezó el verdadero castigo para Rogers, que veía cómo la carrera se le escapaba sin poder hacer otra cosa que mirar. Su mecánico se puso manos a la obra durante un largo periodo de tiempo, pero la reparación no permitió al corredor volver de inmediato a la carretera. Para hacerlo todo más cruel, la selección australiana no tenía en ese momento una bicicleta de repuesto preparada para un cambio rápido. Los segundos dejaron de ser segundos. Pasaron a ser minutos. Y con ellos se fueron también las opciones de Rogers de pelear por los puestos de honor. Golpe a una familia ciclista El episodio dolió todavía más por el cartel con el que Rogers había llegado al campeonato. Era uno de los nombres señalados para discutir el podio y, además, pertenece a una familia muy ligada al ciclismo. Es sobrino de Michael Rogers, triple campeón mundial de contrarreloj y ganador de etapas en el Tour de Francia y en el Giro de Italia. Rogers pudo continuar, pero ya lo hizo en otra carrera. La que peleaba por las medallas había terminado mucho antes, al borde de la carretera, con la bici en manos del mecánico y el australiano consumido por la impotencia mientras el reloj seguía corriendo.

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