El Bernabéu no echó de menos a Vinicius
La opinión de José Vicente Hernáez
Tiene permiso Mbappé para no ayudar en defensa a recuperar balones. Al menos el mío. Lo suyo es que juegue como él quiere, tal como lo hace. Porque resulta que cuando baja a defender puede perder un balón cerca del área y el rival te mete un gol. Eso es lo que sucedió en el minuto 80. El Madrid estaba tocándose las narices, disfrutando del 3-0 que señalaba el marcador, sin pisar el acelerador. No le hacía falta, pero una cosa es que no le hiciera falta y otra muy distinta que el rival se le suba a la chepa. Total, que Mbappé, que se aburría de no ver un balón, bajó a echar una mano, la pifió y a Courtois le hicieron un gol. Total, que lo mejor es que Mbappé se quede arriba esperando que le pongan un buen balón, como el que le puso Diomande a la hora de partido. Se fue por velocidad y le hicieron penalti. Un penalti dudosillo, de esos que se pitan y de los penaltis que si no se pitan se queja luego todo el mundo. Lo que ocurre es que cuando no defiende más de uno llegan los problemas. Esta vez no hubo tantos porque Diomande echó una mano a Cucurella durante todo el partido, hasta el punto de que el Bernabéu no echó de menos en absoluto a Vinicius. Porque Diomande, además de su trabajo defensivo, dio a Mbappé el pase que acabó siendo el 3-0 y después, en el minuto 82, dejó sentenciado el partido con un golazo desde el borde del área. Hizo bien Mourinho en no cambiarlo. No acertó, en cambio, en meter a Endrick en el once titular, sin duda para agradecerle que le sacase de un marrón en Roma de proporciones gigantescas. Hacía dos temporadas que Endrick no era titular en Liga, en un partido ante el Mallorca en el Bernabéu. No lo acabó tampoco. Un Bernabéu, por cierto, que dedicó una ovación a Arda Güler al ser sustituído. Elemental, querido Watson, que diría el amigo Sherlock.
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