Mourinho cambia los pies del Madrid
La opinión de Santiago Siguero
Movió Mourinho el once y el equipo lo agradeció. Juntó en el once inicial a varios futbolistas con buen pie y el Madrid, sin llegar a ser un torrente de fútbol, fluyó con más suavidad que en el infame primer tiempo de Roma, sin ir más lejos. La decisión más importante del entrenador fue retrasar a Fede Valverde al lateral derecho, lo que quitó un problema del centro del campo (su pareja con Tchouaméni no funciona) y aportó una solución en la salida del balón. Fede no es Kroos, pero tampoco es cojo, y además la banda le ofrece el mejor contexto para su gran virtud, que no es el toque, sino la potencia al espacio. Si Mou consigue convencerlo de que puede ser protagonista desde la banda, el equipo lo va a agradecer. Aunque el mejor pie del Madrid volvió a ser el de Güler, que suplió a Fede en el eje. El turco es la llave que abre casi todas las puertas en este Madrid, que depende casi dolorosamente de su talento para crear fútbol. A la espera de que Bernardo y sus piernaslleguen a Valdebebas, Arda es innegociable en este equipo, aunque sea en una posición más alejada del área. Abrió la lata con un espectacular zurdazo poco después de comprar papeletas para una intervención del VAR que, en este caso, no se produjo. Ir a Barcelona sin Güler y Vini, expulsado la semana pasada por una acción asimilable, hubiera sido cianuro para el Madrid, que en cualquier caso llega apuradísimo a la cita. Tiene argumentos, claro. Diomandé es un demonio en el uno contra uno, pero no acaba de atinar con el pase definitivo. Bellingham es un obseso del despliegue, Huijsen está volviendo al modo unicornio de sus primeros meses de blanco. Y Mbappé, claro. Su primer gol de anoche fue un homenaje a los controles increíbles de Bergkamp, un movimiento de bailarín y una definición a la altura. Y está Güler, claro. El turco con pelazo de telenovela que alimenta la ilusión del madridismo, hambriento de fe de un tiempo (ya demasiado largo) a esta parte.
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