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Thursday, September 24, 2026

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Benja Noval pinta Montreal de arcoíris: ¡doblete histórico de la nueva joya del ciclismo mundial!

El asturiano, de 17 años, corona en solitario la carrera en ruta júnior del Mundial y suma un segundo oro en 48 horas tras el de la contrarreloj

· 581 words

Montreal, con su otoño de cobre y su monte Royal mirando a todos desde arriba, se ha entregado esta semana a un chaval de Asturias que aún no ha cumplido los 18. Benjamín Noval ya tiene dos arcoíris. Dos. En apenas 48 horas. El jueves, bajo un cielo de Montreal que amenazaba y no se decidía, completó una actuación de las que se cuentan años después para ganar el Mundial júnior en ruta, tras haberse coronado antes contra el reloj. Si el martes voló solo frente al cronómetro, esta vez desmenuzó la carrera a golpe de ataques hasta marcharse a 26 kilómetros de la meta. Nadie volvió a verle. No reaparecieron los fantasmas de Kigali, que le dejaron tirado cuando ya mordía su presea. Había avisado en la previa en MARCA: "Quiero ganar y olvidarme de esa imagen de Ruanda". No era una frase de cortesía para el micrófono de la M roja. España corrió desde lejos, con la calma del que sabe que tiene el arma más afilada guardada en la funda, y dejó que su gran baza eligiera el instante de prender la mecha. Y Benja, hijo del gran gregario de Contador y Armtrong (entre otros), no necesitó que se lo repitieran. Atacó una vez, dos, tres. Buscó la fractura en las cotas, reclamó relevos a rivales que fingían no oírle y jamás dejó de enseñar los dientes. Cada aceleración iba dejando cuerpos en las cunetas de esta ciudad de asfalto rugoso y arces enrojecidos, hasta que la carrera, caótica y nerviosa, se convirtió en el escenario exacto para su ciclismo. El resto del equipo español cumplió con su parte del pacto. Luca Martínez asomó por delante durante buena parte de la prueba, Raúl López se movió cuando la fuga comenzaba a coger vuelo y Aitor Martínez endureció el pelotón. Noval, entretanto, alternó la paciencia con los fogonazos, como quien afina un instrumento antes del solo. A 45 kilómetros de meta volvió a intentarlo. Poco después alcanzó un grupo de cabeza en el que también estaba Aitor Martínez. España había logrado colocar a dos hombres en un lugar privilegiado y Noval solo esperaba encontrar la puerta. La halló a 26 kilómetros del final. En el antepenúltimo paso por meta, el campeón del mundo contrarreloj arrancó y se fue. Sin mirar atrás. Los franceses trataron de reaccionar, pero la ventaja empezó a crecer mientras el asturiano mantenía una cadencia demoledora, de metrónomo. Ya no era un ataque más. Era el ataque. Por delante aguardaban todavía dos vueltas al exigente trazado montrealés, con la subida de Camillien-Houde esperando, larga y traicionera, para cobrarse su peaje en las piernas de quien se atreviera. Noval, que el año que viene correrá en Netcompany Ineos, siguió pedaleando como había corrido toda la tarde: sin especular, sin guardarse nada. Detrás llegaron las dudas. Delante, ninguna. La última vuelta fue una cuenta atrás. Cada curva acercaba al español a una imagen que quedará grabada en la memoria del ciclismo nacional. Los fantasmas africanos no aparecieron. Afrontó los metros finales sabiendo que el maillot que ya había ganado contra el reloj le acompañaría también sobre la carretera. Levantó los brazos. Y el mundo entendió que lo extraordinario, a veces, tiene 17 años y acento asturiano que recoge el testigo de Morrás: campeón del mundo contrarreloj y campeón del mundo en ruta júnior, en Montreal. A lo 'Remco' Dos carreras. Dos oros. Dos arcoíris. Montreal ya tiene dueño. Se llama Benjamín Noval y el futuro acaba de empezar.

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