El derbi es territorio del Atlético
Los rojiblancos, con Giuliano clave, hacen retroceder un año al Madrid. Con Mou, como con Xabi. Tras un primer tiempo bronco, el penalti y la roja de Huijsen deciden el vencedor
El Atlético ha convertido los derbis en su escenario predilecto. Todos los debates y los cabos sueltos se esfuman ante el Madrid, al que tiene comida la moral. Giuliano Simeone, discutido en el inicio del curso, explotó las espaldas de Huijsen para romper el derbi y sirvió la sentencia con un centro excelente, en plena empanada blanca. Dio incluso para redimir a Julián, que entró entre pitos y se fue con palmas. Y además, despachó al eterno enemigo metiéndole en una crisis similar a la de hace una temporada. Porque Mourinho cayó en el mismo lugar y casi de la misma forma en que Xabi Alonso empezó a decir adiós al Madrid. En el Metropolitano no resolvió sus problemas y acumuló unos cuantos más. Apostó por el mismo ataque y generó menos aún en la ofensiva. Y se deshizo al primer arreón como un azucarillo. Sólo esquivó la goleada. No es mérito para un aspirante a LaLiga que ya ve al líder con catalejo. El caso es que desde el inicio se vio al Madrid incómodo. Siempre es un espectáculo escuchar el himno del Atlético cantado por el Metropolitano, pero en los derbis mucho más. La atmósfera es imponente, y hay que tener pabellones auditivos de acero para sobrellevar las pitadas al enemigo. Vinicius y Courtois compartieron honores con Mbappé, con el asunto de la camiseta de fondo. El caso es que el ambiente y la excitación ganaron al fútbol en el primer acto, porque se jugó más bien poco. Un tiro a portería entre los dos equipo, de Arda Güler, fue lo que entregaron dos conjuntos aún por definir. Porque el Atlético sigue huérfano de estrella. Quedó claro en las alineaciones que no hay perdón para Julián ni en el derbi. Con Jonathan David en punta, al menos Kang-in Lee pudo flotar por todo el ataque. Protagonizó la mejor ocasión al cerrar un centro desde la derecha que palmeó ante la presencia de David. El coreano construyó la mejor opción, y también pudo dejar a su equipo con diez en una acción temeraria al borde del descanso, tacos al tobillo de Valverde, lateral. Fea. No la vio en directo Ortiz Arias, el madrileño que pitó el gran derbi. Tampoco vio correctamente una entrada de Bellingham a Romero que se saldó de inicio con tarjeta para el inglés y que el VAR apreció como roja para el Cuti. Le llamaron al VAR y estimó que vale, pero que amarilla como muchísimo. Le costó el choque. Tampoco le ayudó nadie. Piques en el campo, en los banquillos, protestas... El reencuentro de Simeone y Mourinho no defraudó desde la táctica. El Atlético redobló la vigilancia en la derecha para enjaular a Vinicius, de nuevo anodino, entre Pubill, Giuliano y Llorente. Y el Madrid buscó el juego directo, agrupándose atrás, con colaboración primero del 7 y después descolgando a los dos puntas. Fue el momento de más dominio rojiblanco, entre el 30 y el 40, y no sufrieron demasiado los blancos que, sin embargo, remataron mejor ese primer acto. Con el susodicho tiro de Güler, con un par de llegadas más al galope, con más amenaza que acierto. El partido saltó por los aires al inicio del segundo tiempo. Entró Koke, que es garantía de orden y buen criterio, y bastó un pelotazo diagonal desde la izquierda para que Giuliano buscara la espalda de Huijsen y sacase petróleo. Penalti y roja, previo paso de Ortiz Arias por el VAR. Lanzó Grimaldo, duro, abajo, imposible para Courtois. Mourinho retiró a Vinicius y a Arda Güler para recomponer al equipo y competir, pero no tuvo tiempo. La jugó perfecta el Atlético, por derecha, tocando y moviéndose hasta encontrar a Giuliano en el extremo. Sirvió un caramelo extraordinario, al área, un regalo para un ariete que Jonathan David completó de primeras. 2-0. Tuvo abiertas las puertas de la goleada el Atlético. Sobre todo en una doble ocasión imponente, un cabezazo del Cuti que sacó Courtois con una mano increíble. En la continuación sacó bajo palos Rüdiger. El caso es que no llegó el tercero y Diomande empezó a asomarse por la izquierda. Habilidoso, rápido y peleón. Porfió con Romero y forzó un mano a mano que contuvo Oblak con seguridad. Los chispazos del marfileño animaron algo a los blancos, que mejoraron al final con la entrada de Bernardo Silva. Uno que la pide, que la pasa al compañero. Suyo fue el servicio que Rüdiger convirtió en el 2-1. Al menos apretó en el tramo final, justo antes de irse al parón. En su reencuentro después de la final de Copa del Bernabéu, Simeone volvió a sonreír ante Mourinho. El Atlético está en franca mejoría. El Madrid, en el diván.
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