Revolución 'mundial' en los banquillos
Casi una veintena de selecciones nacionales han cambiado de entrenador tras la cita mundialista de Estado Unidos, México y Canadá
Un Mundial no termina cuando se entrega la Copa. Para muchas selecciones es precisamente entonces cuando empieza otro campeonato: el de reconstruir todo lo que no funcionó durante los cuatro años anteriores. Y el Mundial de 2026 ha dejado una revolución especialmente profunda en los banquillos. Múltiples han sido los técnicos que habían dirigido durante el torneo dejaron sus puestos durante la competición o inmediatamente después, aproximadamente un tercio de los entrenadores presentes en la cita. Algunos fueron víctimas directas del resultado, otros asumieron personalmente el fracaso, hubo contratos diseñados para terminar con el Mundial y también despedidas planificadas con muchos meses de antelación, como la de Didier Deschamps en Francia. No todos, por tanto, fueron despedidos. El Mundial funcionó más bien como una gigantesca frontera entre ciclos. Y lo que viene ahora es igualmente importante: Eurocopa 2028, Copa América, Copa de África, Copa Asiática y, en el horizonte, el Mundial de 2030. Sabri Lamouchi fue la primera víctima y ni siquiera llegó al final del Mundial. Túnez lo destituyó inmediatamente después de la goleada por 5-1 de su estreno. Fue una decisión extrema: apenas llevaba unos meses en el puesto. La Federación recurrió a Hervé Renard durante el propio campeonato, pero el cambio tampoco consiguió transformar el rumbo tunecino y Renard terminó igualmente su etapa, que ahora es el seleccionador de Costa de Marfil. En la actual, Túnez está dirigida por Mouin Chaabani. Mucho más doloroso fue el caso de Marcelo Bielsa. Uruguay llegaba al campeonato con unas expectativas muy superiores a lo que finalmente ofreció: dos empates y una derrota ante España dejaron a la Celeste fuera en la primera fase. El propio Bielsa había llegado al Mundial con un contrato que terminaba con el torneo y asumió públicamente la responsabilidad. "No puedo justificar la posición en la que terminamos", reconoció el argentino, que consideró insuficiente la gestión que había realizado de los recursos a su disposición. Su salida fue, por tanto, una mezcla de final de contrato y renuncia tras el resultado deportivo, no una destitución convencional. El objetivo, por tanto, no es otro que regenerar el proyecto sin desmontar una generación de enorme calidad y volver a convertir a Uruguay, ya con Diego Forlán al frente, en aspirante real a la Copa América y al Mundial 2030. Steve Clarke también dio un paso al lado después de que Escocia no consiguiera superar la fase de grupos. Fue una salida voluntaria provocada por la sensación de haber alcanzado el final de un ciclo. Sebastien Pocognoli tendrá la misión de mantener la capacidad de Escocia para clasificarse regularmente para las grandes competiciones, pero dar el salto de competir a superar rondas. La eliminación mundialista también acabó con la etapa de Miroslav Koubek. El veterano entrenador checo renunció después de que su selección no consiguiera atravesar la primera fase. Reconstruir alrededor de la nueva generación y volver a colocar a Chequia de manera estable en Mundiales y Eurocopas. Ese es el objetivo del español Santi Denia. Hong Myung-bo tampoco sobrevivió a la primera ronda. El seleccionador surcoreano dejó el puesto tras un Mundial decepcionante y una eliminación prematura. Con la llegada del español Robert Moreno, se tratará de mantener la hegemonía clasificatoria en Asia, renovar una plantilla que necesita mirar más allá de su generación de figuras veteranas y preparar el ciclo de 2030. Si las salidas anteriores podían entrar de alguna manera dentro de la lógica del torneo, Alemania fue el terremoto. Alemania había ganado su grupo, pero cayó ante Paraguay por penaltis en dieciseisavos. Julian Nagelsmann decidió dejar el cargo después de reflexionar sobre una eliminación que la Federación y el propio entrenador consideraron incompatible con las aspiraciones de la Mannschaft. "Después de una decepción tan amarga, merecen la oportunidad de empezar de nuevo", señaló Nagelsmann al comunicar su decisión. La DFB se decantó por Jürgen Klopp como sucesor. Y con él se prevé una amplia reconstrucción del rodillo alemán. La selección neerlandesa también cambió su banquillo después de caer en las eliminatorias. Ronald Koeman dejó el puesto tras la eliminación, poniendo fin a otro proyecto que aspiraba a mucho más. Ahora, con Xavi Hernández al frente, habrá que transformar una selección con calidad suficiente para estar entre las mejores de Europa en una candidata efectiva a los títulos. En Países Bajos, el listón vuelve a estar en la Euro 2028 y el Mundial 2030. Sebastián Beccacece cerró su etapa después de que Ecuador no alcanzara los objetivos marcados en Norteamérica. Su salida formó parte del grupo de técnicos que dejaron sus selecciones al quedar fuera de las primeras eliminatorias. El objetivo de Marcelo Gallardo será aprovechar una de las generaciones más interesantes del fútbol ecuatoriano y consolidarse ya no sólo como mundialista, sino como equipo capaz de disputar las rondas decisivas. El caso de Zlatko Dalic es diferente. Después de una trayectoria extraordinaria con Croacia, su contrato terminó con el Mundial y la Federación decidió no prolongarlo. Su marcha fue presentada como una despedida a una etapa histórica, no como un despido traumático. Slaven Bilić, como nuevo seleccionador, deberá acometer la transición generacional más delicada de Croacia en muchos años y demostrar que los éxitos de la era Dalic no dependían exclusivamente de la generación de Luka Modric. Aquí sí hubo bisturí. Pape Thiaw fue destituido después de la eliminación de Senegal contra Bélgica. La Federación decidió cortar el proceso y empezar nuevamente. Para ello, y con el fin de volver a dominar África, Senegal ha puesto al equipo en manos de Patrick Vieira, quien considera que su plantilla está preparada para pelear por las Copas de África y convertirse de forma permanente en una selección capaz de avanzar rondas en los Mundiales. La situación de Carlos Queiroz también requiere matices. El portugués había llegado a Ghana con un acuerdo de corta duración ligado a la participación mundialista. Tras caer ante Colombia, se despidió públicamente y el vínculo llegó a su final. Sin embargo, todo se recondujo y las partes volvieron a encontrarse y a comienzos de este mes confirmaron el regreso del luso al banquillo ghanés, al menos, en la próxima Copa Africana de Naciones de 2027. El caso mexicano es probablemente el más limpio de todos. Javier Aguirre sabía antes del Mundial que su aventura terminaba allí. La Federación había preparado la sucesión para que Rafa Márquez, integrante de su cuerpo técnico, asumiera el siguiente ciclo. Así, Márquez recibe una selección que aspira a aprovechar el trabajo desarrollado para conseguir de una vez el salto competitivo que México lleva décadas buscando en las eliminatorias mundialistas. Otro de los grandes nombres de la lista es Roberto Martínez. Portugal cayó 1-0 contra España en octavos y el seleccionador español entendió que había llegado el momento de parar. "Es el fin de un ciclo", explicó Martínez, que añadió una frase todavía más contundente: había llegado a Portugal "para ganar el Mundial" y, sin conseguirlo, entendía que no tenía sentido continuar. No fue formalmente un despido, sino final de contrato y decisión de no continuar, con la llegada además de un nuevo presidente federativo, Pedro Proença, al que Martínez consideraba legitimado para elegir su propio seleccionador: en este caso a Jorge Jesús, que inicia quien sabe si el proyecto post Cristiano Ronaldo, o al menos preparar esa transición, manteniendo al equipo como aspirante inmediato a la Euro 2028 y al Mundial 2030. El caso de Rudi García demuestra que no todas las salidas responden al fracaso. Bélgica llegó hasta cuartos de final y fue eliminada por España, posteriormente campeona, pero García y la Federación decidieron de común acuerdo no ampliar el contrato que expiraba el 31 de julio. "Dejo a Bélgica en la Liga A de la Nations League y entre los ocho mejores equipos del mundo", recordó al despedirse. La propia Federación destacó que había recuperado la cohesión de los Diablos Rojos y ayudado a gestionar la transición de su generación dorada, de la que ya se está encargando Mark van Bommel. La marcha de Didier Deschamps no tuvo nada que ver con el resultado del Mundial. En enero de 2025 ya había anunciado públicamente que 2026 significaría su final como seleccionador. "He cumplido mi tiempo", explicó entonces. Terminó así una etapa iniciada en 2012 que dejó, entre otros éxitos, el Mundial de 2018, la final de 2022, la Nations League de 2021 y otra presencia entre los cuatro mejores en 2026. Zidane tiene ante sí el único objetivo posible para Francia: ganar cada torneo que disputa, empezando por la Euro 2028 y culminando en el Mundial 2030. Hay que añadir una última salida posterior que permite dimensionar todavía mejor la inestabilidad post Mundial: Hugo Broos dejó oficialmente Sudáfrica el 31 de julio, cuando concluyó su contrato. Y aquí tampoco hubo castigo deportivo. Todo lo contrario. Sudáfrica había regresado a un Mundial y conseguido superar por primera vez la primera fase. Broos explicó que las largas ausencias lejos de su familia y los momentos de soledad en Sudáfrica eran el motivo de su decisión de no renovar. Su trayectoria había incluido además el tercer puesto en la Copa de África y la recuperación de una selección que llevaba años lejos del primer plano. Ahora, Pitso Mosimane se hace cargo del equipo. A todos estos movimientos, hay que sumar otros más en dos selecciones que no pasaron desapercibidas en el Mundial: Cabo Verde y Haití. En el primer caso, Bubista dio paso a la llegada de Humberto Bettencourt; en el segundo, Migné sale para que llegue David Badí. Máxima ilusión en ambos combinados.
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