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Monday, September 28, 2026

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El salto que le falta al fútbol español

Pese a ser primera en el ránking FIFA, los ingresos de la RFEF por la equipación son cinco veces menores que Francia, Alemania o Brasil… ¡¡¡e incluso están por debajo de Portugal e Italia!!!

· 1,034 words· updated September 28, 2026 at 12:24 PM

La Selección vive su momento más dulce en el campo y en la calle, pero sus ingresos por equipación siguen bastante lejos de los de Francia, Alemania o Brasil. Acercarse a los 100 millones que cobran estas selecciones parece cuestión de justicia. Basta asomarse a una sesión a puerta abierta en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas para entenderlo. Hay padres con la camiseta de 2010, niños con el dorsal de sus nuevos ídolos recién estampado y abuelos que no se perdieron ni un partido del Mundial de Estados Unidos. La segunda estrella, que se estrenó en Wembley y lucirá oficialmente por primera vez en nuestro país este martes 29 en Sevilla, ha desatado algo que va más allá de una celebración. España se ha enamorado otra vez de su Selección, y esta vez parece que va para largo. Ese furor se nota en las gradas de Las Rozas, en los aeropuertos, en los hoteles de concentración y en cada ciudad por la que pasa el equipo. La Real Federación Española de Fútbol lo sabe y ha decidido aprovecharlo. Su objetivo es tan ambicioso como claro: quintuplicar los ingresos que genera la marca de sus equipaciones. España debería estar en el podio de las federaciones que más ingresan por su equipación, y los motivos son el rendimiento deportivo, la trayectoria reciente y un futuro que apunta muy alto. Los números hablan solos. España es número 1 del ranking FIFA en categoría masculina y también en femenina, algo al alcance de muy pocos. Las categorías inferiores también compiten por todos los títulos, los ganan (sin ir más lejos: el reciente campeonato del mundo obtenido por la selección femenina sub20) y siguen sacando talento que acaba en los mejores clubes de Europa. Además, en el horizonte está el Mundial de 2030, que España organizará junto a Portugal y Marruecos. Será un escaparate global como no se ha visto en décadas. Con todo eso, la conclusión en Las Rozas es clara: España tiene que codearse en caché con quienes hoy lideran este mercado. Si la Federación tiene argumentos para sentarse a negociar, muchos llevan nombre y apellido. Pocas selecciones del mundo reúnen a la vez a tantos jugadores con repercusión planetaria, y casi ninguna los tiene tan jóvenes. Y, además, con tan elevado valor de mercado. Lamine Yamal es el gran reclamo, como indiscutible icono planetario, a pesar de su bisoñez. Su camiseta se vende en todos los continentes y cada regate suyo se convierte en tendencia en las redes. Detrás del fenómeno hay jugadores que sostienen el equipo, como Pau Cubarsí, que juega con una madurez impropia de su edad, y Nico Williams, pura electricidad por la banda e ídolo de los más pequeños. En el equipo femenino la historia es la misma. Vicky López es la cabeza visible de una generación que ha convertido a España en la referencia del fútbol femenino y ya acumula galardones individuales. Detrás de ella llega Clara Serrajordi, uno de los talentos más prometedores de Europa y la prueba de que la cantera no se agota. Para una marca deportiva, esto vale oro. No son estrellas en el final de su carrera. Son futbolistas que llegarán al Mundial de 2030 en plenitud y que marcarán el fútbol de la próxima década. Quien vista a España vestirá a varios de los jugadores más seguidos del planeta, tanto en el equipo masculino como en el femenino. Es un activo que ni Francia, ni Alemania, ni Brasil pueden ofrecer ahora mismo con esa combinación de juventud, títulos y proyección. Arriba del todo están Francia, Alemania y Brasil. Las tres federaciones ingresan cerca de 100 millones de euros por temporada gracias a sus contratos de equipación, y alguna incluso supera esa cifra. El caso de Alemania es significativo, pues ha renegociado al alza el valor de su elástica rompiendo un vínculo histórico con Adidas y yéndose con su archirrival Nike. Hoy la distancia es grande. Si la meta es multiplicar por cinco los ingresos actuales, queda claro lo lejos que está el valor comercial de la camiseta roja de su valor deportivo. España gana, emociona y vende, pero cobra como una selección de segunda fila. La RFEF necesita jugar mejor ese partido. Otro dato que chirría es que Italia y Portugal aparecen por delante de España en esta clasificación. El caso italiano es especialmente llamativo. La Azzurra no ha jugado ninguno de los tres últimos Mundiales y, aun así, su camiseta cotiza más que la de España. Portugal tiene el tirón global de sus estrellas, pero su palmarés reciente no se puede comparar con el español. La paradoja deja clara una cosa: el mercado de las equipaciones premia la historia y el marketing acumulado durante años, no solo el rendimiento del momento. La Federación quiere corregir precisamente ese desfase. El movimiento tiene nombre propio. Adidas es el socio actual e histórico de la Selección y partirá con ventaja. Las principales marcas del mercado siguen de cerca todos los movimientos y el desembarco de alguna otra casa comercial, como la que ha fichado a Kylian Mbappé, puede mover también este apasionante tablero. Desde la Federación siempre han pregonado su cercanía, que viene de lejos, con adidas. Sin embargo, es una obviedad que el fútbol español tiene que dar un gran salto en este capítulo. la Selección debe seguir siendo puntera y vestir a Lamine Yamal, Vicky López, Cubarsí, Nico Williams o Serrajordi debe tener un precio acorde a lo que representan. El contrato actual vence en 2030, justo el año del Mundial en casa. Sin embargo, la renegociación suele arrancar con el inicio del nuevo ciclo mundialista. Esperar a 2030 sería perder cuatro años de un momento que no se repite con frecuencia. España ha ganado en el campo todo lo que se podía ganar. En la grada ha recuperado a una generación entera de aficionados y ha conquistado a otra nueva, la de los niños que hoy llenan Las Rozas con el nombre de Lamine o de Vicky a la espalda. Queda una asignatura pendiente: que el valor de su camiseta esté a la altura de lo que representa. No estar entra las cinco mejor pagadas por sus equipaciones resultaría una anomalía histórica.

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