La vuelta 'olímpica' de Mourinho
La remontada ante la Roma puede suponer un punto de inflexión en la temporada del Madrid
El fútbol es, definitivamente, un deporte diabólico. Durante 70 minutos, la Roma de Gian Piero Gasperini, en su regreso al Olímpico en Champions después de siete años de ausencia, sometió al Real Madrid a base de presión, intensidad, recuperaciones en campo rival y ocasiones de gol. Pese a las importantes bajas con las que llegaba al encuentro (Svilar y Cristante) y a las que se fueron sumando durante el partido -primero Manu Koné y después Paulo Dybala-, el 3-1 de los 'giallorossi' no admitía discusión alguna. La Roma había sido superior en todo. Así lo quiso recalcar también Gian Piero Gasperini, respondiendo a las palabras de José Mourinho con esa característica sonrisa de quien siente que ha visto cómo le cambiaban el destino del partido de un soplido: "¿Ha dicho que estábamos muertos (Mourinho)? Si había alguien que no podía más, eran ellos. Les superamos en todo. Marcaron en esos saques de esquina, pero, por lo demás, desde luego no estuvieron a la altura". Desde el primer minuto, el contraste entre los dos equipos resultó evidente. Por un lado, un conjunto que, pese a contar con muchísimo menos talento individual que su rival, sabía exactamente lo que tenía que hacer e impuso su identidad al partido sin ningún tipo de complejos. Por el otro, un Real Madrid pasivo. Un equipo lento y previsible en la salida de balón e indolente sin ella, con dos futbolistas prácticamente liberados de cualquier responsabilidad en la presión (Vini y Mbappé)... que, después, muchas veces, acaba ganando igualmente, porque el talento que tiene a su disposición es infinito. En el Olímpico volvió a suceder lo mismo. Tras el tercer gol de Malen, el partido parecía sentenciado, pero apenas ocho minutos después, alrededor del 60', llegó el verdadero punto de inflexión: se marcharon un Vinicius (irreconocible) y Dumfries y entraron Arda Güler y Endrick. Diez minutos más tarde, Mourinho completó la revolución en la medular con la entrada de Bernardo Silva por Tchouaméni. Puede que, dentro de unos meses, cuando echemos la vista atrás y recordemos aquellos cambios y aquella última media hora, reconozcamos en ellos un momento decisivo para la temporada de los blancos. El Madrid, al introducir más calidad técnica en la construcción del juego con una medular ultra ofensiva formada por Güler y Bernardo, se adueñó del partido y obligó a la Roma de 'Gasp' a replegarse, algo a lo que no está acostumbrada una defensa que vive permanentemente hacia delante. Y después estuvo la entrada de Endrick, que hasta entonces apenas había disputado diez minutos en toda la temporada, pero que fue capaz de cambiar prácticamente él solo la inercia del encuentro. Fue precisamente el brasileño quien dio el primer toque de corneta. Recibió el balón abierto en la derecha, Hermoso y De Roon salieron a su encuentro y, con una sola arrancada, dejó atrás a los dos, recortó hacia su zurda y reclamó penalti por una supuesta falta de Gollini. Fue como si aquella única acción hubiera obligado a toda la Roma a retrasar su línea defensiva unos diez metros. Y después, como reconoció el propio Gasperini, "fue como si nos hubiéramos quedado paralizados". La Roma dejó de defender las acciones a balón parado y cada córner del Real Madrid empezó a vivirse como si fuera un penalti. Primero llegó el cabezazo de Endrick, con la intervención de Espí; después, otro testarazo del brasileño; y, finalmente, el gol de Rüdiger, que pidió perdón a su antigua afición. La remontada, propiciada por el entrenador que un día dirigió a la Roma y al que la 'Curva Sud' romanista había dedicado un emocionante tifo, la culminó otro gran exjugador. Tres saques de esquina en siete minutos. Lo repetimos: el fútbol es un deporte diabólico. Y si durante setenta minutos quizá habíamos asistido a la mejor versión de la Roma de los últimos años, la más poderosa, vistosa y ambiciosa, el pitido final dejó sensaciones diametralmente opuestas. El golpe para los 'giallorossi' puede ser durísimo, tanto en lo anímico como en lo físico, con las lesiones de Manu Koné y Dybala, que se suman a las bajas de Cristante y Svilar. A Valdebebas, en cambio, regresa un Mourinho que quizá haya encontrado respuestas inequívocas.La primera: la pareja Valverde-Tchouaméni no funciona. La segunda: Arda Güler es, ahora mismo, el líder futbolístico del equipo, porque es el único jugador que, al extraordinario talento individual que poseen tantos de sus compañeros, añade capacidad asociativa. Cuando está sobre el césped, el Madrid juega al fútbol. Además, su zurda en las acciones a balón parado es un arma letal. Y, por último, puede que fuera la noche que aleje definitivamente a Endrick de una posible cesión -precisamente la Roma, para añadir todavía más crueldad a la historia, era una de las principales candidatas a hacerse con sus servicios- y lo convierta en una alternativa real para las rotaciones de Mou. Su talento es brutal y el brasileño merece muchos más minutos de aquí a enero. Debía ser simplemente un buen partido en una inofensiva segunda jornada de la fase liga de la Champions. Y, sin embargo, acabó produciéndose el “Olimpicazo”. Quién sabe si no acabará siendo un punto de inflexión decisivo para ambos equipos. Volveremos sobre ello dentro de unos meses.
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