Mourinho busca burladero
Al otro lado del espejo
El Barça vuela con Rodri, el Atlético rueda con Simeone y el Madrid se atasca con Mourinho. Así son las cosas tras la séptima jornada, cuando llega un corte que remite el retorno de LaLiga hasta el 10 de octubre. Tres semanas para rumiar los seis puntos de ventaja que ya le ha tomado el Barça al Madrid, derrotado ayer con merecimiento en el Metropolitano. El Atlético tiene juego, el Madrid tiene jugadores sin ensamblar. Los de arriba no bajan, los de atrás no elaboran. Eso no mezcla, es como agua y aceite. Se suponía que Mourinho tendría un plan para un Madrid sin Rodri, jugador cuya presencia en el equipo empezó a tener sentido desde el momento en que se trajo al entrenador portugués, pero no se ve. El Atlético se llevó un partido muy bronco en la primera parte, con el árbitro a merced de unas olas que él mismo levantó con sus primeros errores, pero en la segunda, con los ánimos serenados, se le vio superior. Y hay que destacar a Giuliano, sospechoso habitual, también para mí en los días malos, que no son muchos. Jugó muy bien por su lado (por cierto, desde que llegó al Madrid Cucurella está haciendo los peores partidos de su carrera), provocó el penalti con expulsión de Huijsen que valió el 0-1, le dio a Jonathan David el 2-0 y le quitó de la punta de la bota a Mbappé lo que pudo ser el 2-2 final, reaccionando magníficamente a una maniobra mágica del francés. El Atlético se llevó, además de la satisfacción de ganar un derbi con todos sus avíos (llenazo, dureza, nervios, tarde reventona, arbitraje polémico…) y los tres puntos, la reconciliación con Julián Alvarez casi lograda. El Cholo le sacó sabiamente a partido ganado, el delantero jugó con interés y volvieron los aplausos. Mourinho se parapetó en el arbitraje. Con menos estrépito que en otro tiempo, un poco tirando la piedra y escondiendo la mano, se metió en ese burladero. Bueno para sus incondicionales, que son menos que en su primera época, pero quedan, y al fin y al cabo se alinea así con la doctrina que en su ausencia ha mantenido RMTV con el respaldo, hay que decirlo, del conocimiento en estos años de su ausencia del bochornoso negreirato que, aunque cosa ya pasada, aún es un pozo del que sacar agua porque sigue abierto. Al menos el Madrid puede rescatar una cosa de este partido: la convicción de que Diomande hace, a día de hoy, más que Vinicius en la banda izquierda. Mourinho se atrevió a quitar al brasileño en el 53’ y a partir de ese momento sí hubo peligro por ese costado. Lástima que también quitó a Güler en lugar de a Bellingham para dar entrada a un central. Pero si al menos Mourinho le ha perdido el respeto reverencial a Vinicius, hay algo bueno a lo que agarrarse. Parecía que el Barça lo tenía todo menos un ‘9’, y he aquí que un clásico extremo se ha adaptado a la posición a las mil maravillas. Llegados aquí, ya no parece que se trate de una buena racha, porque son 9 goles en 6 jornadas de campeonato. El parche va para pichichi, quién sabe si para Bota de Oro. Le favorece, como a todos sus compañeros, algo a lo que él mismo, como todos los demás, contribuye: el buen juego colectivo. O sea, la mano de Flick. Cuando un equipo funciona, todos sus integrantes lucen, en cualquier zona del campo. Del Real Unión me hablaba con respeto mi padre, pues fue tres veces campeón de Copa y por ello estuvo entre los fundadores de la Liga. Poco antes de la primera edición estrenó campo, ese Stadium Gal que acaba de celebrar 100años. Su fachada da a la calle Patricio Arabolaza, que evoca al autor del primer gol en la historia de la selección, un jugador corajudo que corregía sus pies planos con unas artesanales suelas de corcho. En el Real Unión, ahora en la Primera RFEF, aún resuenan los ecos de un tiempo heroico.
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