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Monday, September 28, 2026

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Javi Leal y Fran Guerrero: una llamada que dice muchas cosas

La opinión de Jesús Mata

· 656 words

Hay gestos que duran un segundo, pero que cuentan una historia entera. El de Javi Leal y Fran Guerrero después de ganar el FIP Platinum de Lyon fue uno de ellos. Mano con pulgar y meñique extendidos, como quien hace una llamada, algo que podía parecer una celebración más o una simple ocurrencia después de levantar un título, pero llegaba después de una semana demasiado larga para ellos y el mensaje parecía bastante más evidente: aquí estamos. Venían de quedarse fuera del Mundial después de haber entrado en la prelista, después de haber alimentado el sueño, lógico y legítimo, de vestir la camiseta de España en una cita de tal calibre. Y quizá por eso, cuando llegó la victoria, decidieron responder de la única manera que un deportista sabe hacer mejor: compitiendo y ganando. ¿Puede alguien interpretar aquel gesto como una falta de respeto hacia Juanjo Gutiérrez? Por supuesto. Cada uno puede leerlo como quiera. Pero personalmente prefiero quedarme con otra lectura, una que creo que le hace bastante más bien al pádel y que, estoy seguro, es la que hace el propio seleccionador: la de dos jóvenes que se llevaron un golpe, que no estuvieron de acuerdo con el desenlace y que, en lugar de esconder la frustración debajo de la alfombra, salieron a la pista con ganas de demostrar que tenían motivos para creer en ellos mismos. Y eso me gusta. Me gusta que los jóvenes tengan carácter. Que les duela quedarse fuera y que no les dé igual. Porque a veces parece que al deporte le pedimos a las nuevas generaciones que sean demasiado correctas, demasiado pacientes, demasiado maduras demasiado pronto. Que acepten una decisión, agachen la cabeza, sigan trabajando y esperen su turno. Y sí, claro que hay que saber aceptar las decisiones, respetar a quien las toma y aprender de ellas, pero también hay algo profundamente deportivo en mirar al otro lado de la red y decir: ya verás. Esto, bien entendido, creo que es necesario. Y más en una generación a la que muchas veces hemos señalado precisamente por lo contrario. Se ha hablado mucho de los jóvenes del pádel, y en ocasiones con razón, de sus comportamientos, de sus prioridades, de cómo gestionan determinados momentos, de esa exposición permanente que les acompaña casi desde que empiezan a despuntar. Han cometido errores y seguirán cometiéndolos, porque también forma parte del proceso de convertirse en deportistas de élite. Porque debajo de todo ese ruido hay jugadores que quieren ganar, que tienen hambre y que se enfadan cuando pierden. Que sienten que una oportunidad perdida escuece, que una convocatoria que no llega duele cuando llevas tiempo soñando con ella y que, cuando las cosas no salen como esperaban, todavía tienen esa capacidad tan necesaria en el deporte de apretar los dientes y volver a la pista. Leal y Guerrero ya no podían cambiar la decisión de Juanjo, pero sí podían decidir qué hacer con esa rabia. Canalizaron todos esos sentimientos y los proyectaron sobre la pista de pádel en Lyon. Como debe ser. En Londres, meses atrás, después de aquella derrota en primera ronda y tras llegar de Sudáfrica, donde habían alcanzado la final, una discusión viral que escondía una frustración se convirtió entonces en algo que no ayudó a nadie. Yo, optimista por naturaleza, pensé en su momento que también de esas situaciones se aprende... y creo que ha sucedido. A veces será cara y a veces será cruz, pero no creo que al pádel haya que quitarle esa sangre. Creo que hay que enseñar a los jóvenes a utilizarla, a convertir el enfado en entrenamiento, la decepción en ambición y las ganas de demostrar en resultados. Porque hay algo tremendamente sano en un deportista joven que, después de recibir un golpe, no se resigna y responde compitiendo. El límite está ahí, pero la llamada queda y, aunque no haya obtenido respuesta, seguro que Juanjo esbozará una sonrisa cuando lo vea.

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