Skip to content

Thursday, September 3, 2026

Gigantum.net
More sport

Pulvett, camina o revienta: invidente y cuarto en el campeonato de España

Una retinosis pigmentaria le causó la pérdida del 90% de la visión, pero como el venezolano dice "desde esta posición tengo que sobrevivir".

· 1,578 words

Dios mueve al jugador, y éste, la pieza. ¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza de polvo y tiempo y sueño y agonía?”, escribió el inmortal invidente Jorge Luis Borges en el soneto Ajedrez. El Dios detrás de Dios que mueve las piezas de Daniel Pulvett, de 34 años, campeón del mundo de discapacitados visuales en 2025 y que hace unos días consiguió un histórico y meritorio cuarto puesto en el 91º Campeonato de España Absoluto en Linares, es la perseverancia, no rendirse nunca. Igual que el mítico Viktor Korchnoi, tres veces subcampeón del mundo, padre de las palabras: “En esta posición tengo que sobrevivir”. Una retinosis pigmentaria empezó a robarle la vista a los doce años en su Venezuela natal. Con apenas un 10% de visión, aquel chico que amaba el beisbol y el karate encontró una pasión que fue también tabla de salvación ante adversidades vitales, como cuando el deficiente sistema sanitario venezolano apagó la vida de su novia o un directivo de su antigua federación se convirtió en su particular satanás. Un camina o revienta con depresión incluida del que salió victorioso, en los días que compartía cama con su madre en una pensión y necesitaba desesperadamente los 800 euros del primer premio de un torneo en Vallecas, en 2017. Ahora, mucho tiempo después, acompañado de su mujer Angi y de su hija Diana de pocos meses, y de su madre Deyanira -la persona que le leía libros de ajedrez cuando era pequeño, como el de Mis Mejores Partidas de Karpov- disfruta de sus merecidos éxitos en Madrid. P. Su resultado en Linares, en un torneo de 142 participantes, es una proeza. R. Más allá de la clasificación, valoro mucho más como jugué. Hice un buen ajedrez y entablé con David Antón, número dos español en las listas mundiales, y con Iturrizaga. Entre los dos, suman cuatro de los últimos cinco títulos Absolutos. Tengo que agradecer también la comprensión de todos mis rivales. No todo el mundo está acostumbrado a jugar contra personas con discapacidad visual, ya que exige una rutina estricta: dictar la jugada, replicarla en los dos tableros -el normal y el de invidentes- y pulsar el reloj, siempre en ese orden. Quiero destacar la labor del maestro internacional Victoriano Gallego, el entrenador de la ONCE. Preparaba todas las partidas, se levantaba tempranísimo, cargaba con el material y estaba pendiente de todo. Haría falta el trabajo de tres personas para igualar lo que hizo. Asimismo, agradecer las gestiones de Pablo Martínez por ayudar al crecimiento del ajedrez adaptado en España y a mi equipo, el Eva Manises (Valencia) con el que recientemente quedamos subcampeones de España de Segunda División. P. Si ganaba la última partida a Iturrizaga conseguía el título de Gran Maestro, el segundo en la historia tras el polaco Marcin Tazbir. ¿Cómo vivió la tensión de ese momento? R. Me he visto cerca de veinte veces en la situación de necesitar ganar o hacer tablas para una norma de Gran Maestro, así que esta vez no la sentí. Cambié el enfoque: tenía claro que debía jugar por la victoria, pero mi objetivo era jugar lo mejor posible y aceptar el resultado que mereciera. Al sentarme me olvidé de todo. Había preparado muy bien la partida, pero Iturrizaga también jugó a gran nivel y no pasé de las tablas. Será en otra ocasión. Ahora toca corregir errores teóricos y afinar hábitos como la alimentación, el descanso y los horarios de preparación. P. El año pasado ganó el Mundial de ajedrez para personas con discapacidad visual. ¿Cambió su percepción comprobar que también lucha por los primeros puestos en torneos convencionales? R. No. Nueve de cada diez torneos que juego son con personas sin discapacidad, y la IBCA (Federación Internacional de Discapacitados Visuales) organiza pocas competiciones al año. Lo que sí noto es que en los torneos abiertos hay cada vez más participación de jugadores con discapacidad visual, que compiten en igualdad: se les habilitan mesas fijas y cuentan con un asistente. Esa evolución se debe al apoyo creciente de la FEDC (Federación Española de Deportes para Ciegos) y la ONCE, y a que organizadores y la FEDA (Federación Española de Ajedrez) promueven la inclusión. Quiero decir y recalcar que el ajedrez es el deporte inclusivo por excelencia. P. La ceguera le empujó al ajedrez. ¿Cómo fue aquel primer encuentro con el tablero? R.. Empecé hacia los once-doce años, cuando mi padre me enseñó a mover las piezas. Justo entonces comenzó mi problema visual, que me apartó de otras cosas: antes jugaba al béisbol, mi gran pasión, que hoy sigo por televisión, y practicaba kárate. Al principio jugaba una partida diaria con mi padre. Un día participé en un torneo de niños, gané un trofeo y aquello me motivó muchísimo. Supe que me dedicaría al ajedrez a los dieciséis, cuando conseguí el título de maestro internacional. P. Te trasladaste a España en 2017 después de unos tiempos difíciles. ¿Cómo ha influido ese cambio? R. Muy positivamente en todos los sentidos. Ya conocía España porque había jugado en verano los torneos del circuito catalán entre 2011 y 2017. Mi ajedrez ha progresado mucho desde ese momento. En España se respira ajedrez como en pocos sitios. Aquí aprendí a estudiar con herramientas de accesibilidad, gracias también a que otras personas con discapacidad visual me ayudaron con el ChessBase, VoiceOver en el iPhone, JAWS en el ordenador... Si no hubiera venido, mi ajedrez se habría estancado. P. Al no ver apenas el tablero dependes de la memoria. ¿Entrena la visualización de la posición? R. La entreno a diario, casi sin darme cuenta. Cada mañana sigo a ciegas -con la ayuda de una aplicación para móvil y ordenador que dicta los movimientos- las retransmisiones de torneos de élite. Si ayer jugaron Carlsen, Caruana o Firouzja, el móvil me va leyendo las jugadas y yo las reproduzco mentalmente. Me atrevería a decir que soy más fuerte sin tablero que con él, porque me concentro más. Cuando calculas una variante y un alfil desaparece, verlo quieto en el tablero puede confundirte; a ciegas la posición se actualiza limpiamente. Al estudiar en el ordenador pongo dos o tres motores a la vez sobre la misma posición, y no siempre elijo la jugada de la máquina, sino la que me parece mejor desde un punto de vista humano. El JAWS me dicta las variantes a una velocidad altísima y yo las voy moviendo mentalmente. Al final el cálculo es eso: retener la posición e ir avanzando jugadas. P. En julio, en el 19º Festival de Alcubierre (Huesca), ganó las ocho partidas que jugaste simultáneamente a la ciega en apenas una hora… R. Fue un esfuerzo inmenso. Lo esencial es descansar y dormir bien antes, y contar con silencio total. La organización fue impecable, y me ayudó mucho tener a Leontxo García dictándome las jugadas para ejecutarlas en cada tablero por orden: tablero uno, tablero dos, y así. Me imagino los tableros como una imagen fija y muevo las piezas hacia adelante o hacia atrás en esa proyección. Es como si siempre los estuviera mirando. P. ¿Nota que algún rival juega rápido pensando que eso te perjudica? R. A veces. En posiciones igualadas y con uno o dos minutos en el reloj, hay quien acelera dando por hecho que, como necesito que me dicten las jugadas, bajaré el nivel. Ocurre lo contrario: en los ritmos rápidos soy más fuerte. Hasta hace poco superaba los 2500 de Elo en rápidas y los 2400 en blitz. Si alguien intenta aprovecharse de mi vista en el apuro, se equivoca; si algo influye, es a mi favor. P. En el Mundial de 2023 jugó algunas partidas con tal precisión que le hicieron un control antitrampas. R. En un par de partidas mi precisión respecto al ordenador fue altísima. En una superé el 99% y en otra el 98%. Al terminar, me inspeccionaron y revisaron hasta las piezas de mi ajedrez. Es más, también revisaron a Daniel Rivera, el entrenador de la ONCE que me acompañaba. Me parece correcto: yo no hice trampas, y estas medidas reducen las opciones de quien sí lo intente. Donde no coincido con la FIDE es en los castigos, que veo demasiado suaves. Si se demuestra con total claridad, y subrayo que no basta la sospecha, que alguien hace trampas, debería perder el título, el Elo y cualquier opción de competir de por vida. Puede sonar radical, pero nada lo justifica. P. ¿Cómo definiría su estilo y en qué jugadores se fija? R. Juego lo que pide la posición -posicional o agresivo, según el rival- la apertura o el día. No tengo un referente único como Capablanca o Kaspárov; he tomado cosas de muchos. Hoy disfruto sobre todo con los jóvenes: Erdogmus, Sindarov, cuyo ajedrez me recuerda al de las máquinas, y, entre los que aún no están en el top, Faustino Oro. P. El pasado mes de marzo jugó una partida con Pedro Sánchez en el Gambit Café. ¿Cómo fue esa experiencia? R. Un momento muy bonito para el ajedrez. Que el presidente del Gobierno se siente a compartir lo que haces es importante. Allí también estaban grandes figuras del ajedrez español como Sabrina Vega, Pérez Candelario, Marc Barceló, Marta García, Alan Pichot o Jaime Santos Latasa. Jugamos en simultánea contra él. Pedro Sánchez movía, con Sabrina Vega asistiéndolo, y nosotros nos íbamos rotando. Yo hacía tres o cuatro jugadas, luego se sentaba Pichot, después Marta, y así todos pudimos participar.

Gathered from external sources. Rights to this text belong to whoever originally published it.