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Friday, September 4, 2026

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Cycling

Momento Landa en LaVuelta: “Enric Mas me da mucha envidia"

El alavés empieza a reencontrarse en LaVuelta, prácticamente se descarta en MARCA para el Mundial y observa desde la experiencia el liderato de Mas: “El que la sigue, la consigue”

· 879 words

Hay ciclistas a los que uno termina reconociendo también por la forma en la que atraviesan los malos momentos. Mikel Landa nunca ha sido de esconder demasiado lo que siente. Cuando las piernas responden, se le nota. Cuando no, también. Y este 2026 le ha obligado a pasar demasiados días lejos de sí mismo. LaVuelta arrancó como una prolongación de esa temporada torcida, con sensaciones que no llegaban y con el cuerpo todavía buscando un sitio desde el que volver a competir de verdad. Ahora, al menos, algo empieza a moverse. No es todavía el Landa de los ataques lejanos ni el que convierte una montaña en una invitación al caos, pero sí un corredor que vuelve a mirar hacia arriba. “Ha costado un poquito el arranque, pero la semana pasada ya terminé un poquito mejor. El día de descanso también nos ha venido bien y soy optimista de cara a esta semana”, explica a MARCA. Todavía quedan jornadas para escaladores y él ya ha señalado algunas. “El sábado y luego la semana que viene, las que están allá por Granada y Málaga, que son las que mejor me vienen”. Mientras intenta recuperar su propio pulso, Landa observa una carrera que ahora tiene a Enric Mas en el centro de todo. Y quizá por eso su opinión pesa más que otras. Porque él conoce perfectamente ese lugar. Sabe lo que significa vivir durante años dentro del grupo de los aspirantes, cargar con la expectativa, estar una y otra vez cerca del gran premio y escuchar que no basta. Sabe lo que cuesta sostenerse cuando cada temporada parece juzgarse desde lo que falta y no desde lo que ya se ha conseguido. Por eso, cuando le preguntan por Enric, no busca una respuesta diplomática. “Me da mucha envidia. Creo que nadie le ha regalado nada”. La frase tiene algo de admiración y algo de memoria personal. “Ha estado cuatro o cinco veces en el podio de LaVuelta, así que el que la sigue, la consigue. Tiene el liderato ahora, se le ve muy fuerte, con mucha confianza y ojalá lo pueda mantener”. Landa contempla el momento de Mas desde un espejo conocido: años de insistencia, de críticas, de expectativas y de carreras en las que siempre parecía faltar un escalón. Ahora el balear está arriba y, desde la distancia que da haber vivido algo parecido, el alavés reconoce el valor de haber seguido intentando. Su propio horizonte, sin embargo, es distinto. El Mundial aparece ya en el calendario y Alejandro Valverde está siguiendo de cerca lo que ocurre en LaVuelta, pero Landa no parece dispuesto a engañarse a sí mismo. “Creo que este año no estoy lo suficientemente bien como para ir, así que, bueno, si le veo, hablaremos de otras cosas”. La respuesta resume bastante bien su momento. No hay grandilocuencia ni urgencia por salvar la temporada con una última cita. Hay más bien una necesidad de terminar bien, de recuperar sensaciones y cerrar cuanto antes un año que le ha dejado demasiadas heridas. “Quiero terminar lo mejor posible. Bueno, por suerte no estoy teniendo grandes molestias, así que por ese lado estoy tranquilo. Acabar un poquito en forma y pensar el año que viene y olvidar este año, que está siendo el peor de mi carrera”. En boca de Landa no suena a exageración. Suena a balance. A la conclusión de alguien que lleva demasiado tiempo peleando más contra las circunstancias que contra sus rivales. Por eso el futuro le cambia la voz. Cuando habla de Euskaltel aparece otro Mikel, uno más ilusionado, casi liberado de todo lo anterior. El nuevo proyecto no es sólo una cuestión deportiva. Tiene algo de regreso, de identidad y de sueño pendiente. “Bueno, para mí ha sido algo maravilloso, algo con lo que llevamos soñando años. No sabíamos si iba a ser posible alguna vez y dijimos, venga, ahora o nunca. Así que muy contento con el nuevo proyecto y la nueva temporada”. Después de una campaña en la que tantas veces tuvo que mirar hacia atrás para entender lo que le estaba pasando, Landa encuentra por fin una razón para mirar hacia delante. No sabe aún qué resultados traerá esa nueva etapa, pero sí que vuelve a sentir algo que durante este año le ha faltado demasiadas veces: ilusión. Y en medio de todo aparece Pogacar. Incluso él. Incluso el mejor. La caída del esloveno sirve para recordarle al pelotón una verdad que a veces el ciclismo intenta esconder detrás de los números y de la superioridad de ciertos campeones. “Sí, no, no. El que piense que esto es fácil, se equivoca. Todos somos muy vulnerables y hasta el mejor se cae”. Quizá esa frase explica mejor que ninguna otra el año de Landa. El ciclismo puede colocar a cualquiera arriba y tirarlo al suelo poco después. Puede convertir una temporada en una promesa o en una travesía. Y puede obligar a empezar de nuevo cuando parecía que todo estaba escrito. Landa lo sabe. Por eso mira a Enric con envidia, sí, pero también con una comprensión difícil de fingir. Porque sabe lo que cuesta estar ahí. Y porque, después de todo lo que le ha pasado, él también sigue buscando algo parecido: volver a reconocerse cuando la carretera se empina.

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