Guillaume Martin y el ciclismo después de Pogacar: “Para el espectáculo es más interesante”
El francés analiza cómo ha cambiado LaVuelta desde el abandono del esloveno: “Es menos controlado”
Tadej Pogacar ya no está en LaVuelta, pero continúa apareciendo en las conversaciones del pelotón, casi como una referencia inevitable para explicar todo lo que ocurre después de él. Guillaume Martin, uno de esos ciclistas acostumbrados a buscar carreras allí donde otros sólo encuentran orden, lo resume con una frase sencilla que retrata perfectamente el cambio de escenario: “Sin Pogacar es menos controlado. Pienso que para el espectáculo también es más interesante”. Lógicamente, el francés querría que estuviese en carrera. No pretende Martin cuestionar la dimensión del esloveno. Más bien describe el efecto que provoca su desaparición de una carrera. Cuando Pogacar está presente, muchas jornadas parecen construirse alrededor de sus movimientos, de su equipo y de la obligación del resto de vigilar cada pedalada. Cuando desaparece, aparecen espacios. Y en esos huecos encuentran su oportunidad corredores como el francés. “Pienso que desde que Pogacar ha caído y se fue de LaVuelta vamos a ver muchas fugas llegando”, explica a MARCA. Para él, la carrera ha entrado en una fase diferente, bastante más difícil de predecir. Y eso, precisamente, le gusta. Martin siempre ha sido un corredor dispuesto a escapar de los guiones demasiado rígidos. Ahora observa una Vuelta donde existen más posibilidades para quienes acepten arriesgar desde lejos. “Hacía tiempo que no había una gran vuelta para fugas”, asegura. La lectura resulta especialmente interesante porque llega desde dentro del pelotón: sin un dominador capaz de imponer permanentemente su ley, los equipos encuentran más complicado controlar las jornadas y aparecen vencedores que quizá, semanas atrás, nadie hubiera incluido entre los principales favoritos. “Hemos visto vencedores sorpresa en los últimos días y pienso que será lo mismo en los días que vienen”, pronostica. El francés quiere aprovecharlo. No únicamente porque el recorrido pueda ofrecerle oportunidades, sino porque las piernas han vuelto a responder después de un Tour en el que nunca llegó a encontrar su mejor versión. “La forma está buena, mucho mejor que en el Tour. Hacía tiempo que no me encontraba tan bien”, celebra. La victoria de su compañero Bastien también ha cambiado el ánimo del equipo. La presión disminuye cuando ya existe un triunfo en la mochila, pero las ambiciones aumentan. Martin mira ahora hacia las escapadas y también hacia una clasificación general donde todavía encuentra motivos para pelear. “Estamos jugando con la general, con Clément, y quizás yo puedo estar en el top 10. No se ha terminado para nosotros”, avisa. Sobre todo quiere una etapa. Cuando se le pregunta directamente si se ve capacitado para conseguirla, no duda. “Pienso que sí. Mis piernas están nuevas. Voy a intentarlo, seguro”. No sabe cuántas jornadas terminarán cayendo del lado de los aventureros, pero considera que habrá suficientes oportunidades como para intentarlo varias veces. Es el nuevo paisaje que ha dejado Pogacar. Su caída y posterior abandono quitaron de LaVuelta a uno de sus protagonistas principales, pero también modificaron la forma de correr de todos los demás. Menos vigilancia, menos control y bastante más incertidumbre. Guillaume Martin pertenece al grupo de quienes quieren aprovechar ese desorden. Porque algunas veces perder al corredor más fuerte significa perder al mayor espectáculo individual. Pero, según el francés, también puede significar recuperar otra clase de espectáculo: el de no saber quién va a ganar hasta que la carretera termine de decidirlo.
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