El Sevilla tiene prohibido desconectarse
Los hispalenses tiran de raza en Cornellá para rescatar un punto en inferioridad numérica
El empate del Sevilla en su visita al Espanyol confirmó su salto de madurez competitiva. Tras jugar casi la mitad del choque en inferioridad numérica debido a la expulsión de Arouna Sangante, volvió a demostrar una enorme capacidad de resistencia, adelantándose incluso en el marcador con un gol del debutante Lucas Stassin. A pesar de que el tanto de Marcos Fernández en el tramo final dejó un sabor agridulce (1-1), este equipo ha ganado carácter, concentración y oficio comparado al del curso pasado. No solo resulta más correoso para sus rivales, sino que encaja mejor los golpes y nunca se desconecta de los partidos. Con los tres últimos fichajes en la lista de convocados (Fofana, Félix Correia y Stassin), Luis García Plaza apostó por mantener el 4-2-3-1 en Cornellá, reforzando el centro del campo con Guridi en la zona de enganche. Las principales novedades en el once fueron Kochorashvili y Ejuke, que venían de protagonizar una buena segunda parte frente al Atlético de Madrid y entraron por Peque y Julio Díaz. Además, Sangante regresó al centro de la zaga ocupando el lugar de Andrés Castrín, al que todavía se le nota lejos de su mejor estado de forma. Desde el inicio del encuentro se vieron dos propuestas de fútbol muy similares. Tanto Espanyol como Sevilla intentaban robar en un bloque medio-bajo para lanzar transiciones rápidas por los extremos. Los pericos atacaron más la banda de Suazo, que estuvo muy valiente y combativo en su marcaje a Calatrava, el más incisivo de los primeros compases. Con el paso de los minutos, los hispalenses fueron poco a poco adueñándose de la pelota, pero les costaba transformar el dominio en ocasiones de peligro. Antes de la media hora de juego, García Plaza ordenó que Ejuke y Sierra permutaran sus posiciones, pues apenas habían aparecido hasta entonces. El primero brilló menos que en fechas anteriores, desfondándose en la presión y en las ayudas defensivas, mientras que el segundo estuvo poco inspirado y solo se marchó una vez de su par. Si el Sevilla tiene en el nigeriano una de sus grandes armas, el Espanyol puede decir lo mismo de Dolan, aunque el inglés se topó con un Juan Iglesias muy sobrio. La escasez de espacios fue ralentizando el ritmo ofensivo en ambos conjuntos, que no hallaban los caminos hacia el área rival. Robbie Ure, que vivió su noche más discreta desde que aterrizó en Nervión, estaba demasiado aislado entre los centrales como para poder conectar con sus compañeros. En ese contexto, el cuadro sevillista agravó la necesidad de contar con un centrocampista de mayor clarividencia en tres cuartos de campo. El Sevilla controló el tempo de la primera mitad en buena medida gracias a Lucien Agoumé, uno de sus mejores futbolistas en este arranque liguero. El francés lideró la medular a base de trabajar en la sombra y organizar la circulación del juego. Aparte de ser el único que ofrece último pase, ha aprendido a compensar su falta de velocidad potenciando su lectura táctica, posicionándose para interceptar jugadas y orquestando contragolpes. Fue el sevillista que acaparó más posesión completando 35 pases (81% de acierto), además de sumar dos robos y cuatro intercepciones. Otro de los jugadores destacados del partido sería de nuevo Kike Salas, que continúa reforzando su jerarquía dentro de la plantilla. Junto con un perfil como Sangante, encargado de arriesgar más en la salida de balón y en la anticipación, el canterano siempre mantiene la concentración para salir bien al corte, ejerciendo como el gran baluarte defensivo de principio a fin. Así lo reflejan sus estadísticas, otro día más en la oficina con seis despejes y seis duelos aéreos ganados. El guion del partido no cambió hasta la segunda parte con las polémicas arbitrales. En el minuto 55, Edu Expósito filtró un pase a la espalda de la zaga y Sangante rebañó la bola antes de que Roberto Fernández encarase a Odysseas. El colegiado Sesma Espinosa castigó la acción con tarjeta roja y el VAR no lo llamó a revisión de forma incomprensible. "Después de darle a la pelota, ¿qué hace el jugador? No puede desaparecer", protestaría luego Luis García Plaza, que ya había dado entrada a Fofana y Stassin por Kochorashvili y Ure. El Sevilla se vio obligado a remar en inferioridad por segunda vez en cuatro jornadas. A partir de entonces, el choque entró en una fase de descontrol donde el VAR volvió a ser protagonista, anulando un gol a El Hilali por un fuera de juego posicional muy extraño. García Plaza reestructuró dos veces el equipo: primero metió a Castrín por Ejuke para cerrar con 4-4-1 y luego sustituyó a Guiridi y Sierra por Carmona y Manu Bueno pasando a un 5-3-1. El Sevilla defendió como podía sin renunciar al ataque, intentando aprovechar los metros que concedía un Espanyol muy volcado arriba. En el tramo final, el Sevilla agradeció disponer ya de más recursos y fondo de armario. "Fofana llevaba desde el 1 de febrero sin jugar 90 minutos, pero creo que nos va a dar mucho poderío físico y una traslación de campo buenísima. Lucas creo que se va a entender bien con los demás, incluso en algún momento puede jugar con Isaac o con Robbie, pero lleva pocos entrenos. Y a Félix no lo he podido sacar por la expulsión", explicó García Plaza acerca del estreno de sus últimos refuerzos. Stasin exhibió en pocos minutos su olfato y su habilidad para ser indetectable en zonas de peligro. Tras un saque de banda de Carmona al área del Espanyol, el delantero belga cazó un mal despeje y enganchó una volea para poner el 0-1. Por su parte, Fofana abarcó bastante campo y se multiplicó tanto en defensa como en ataque. El francés aporta músculo a un bloque muy sólido de por sí, un factor que puede resultar decisivo en los momentos en que las piernas flaquean. En pleno asedio local, un desajuste en la marca de Carmona permitió a Marcos Fernández sellar el empate definitivo. "No podemos defender el área así en la última jugada y es un error que tenemos que corregir", lamentó el técnico madrileño. Aun así, el Sevilla demostró que sabe competir y que no desconecta de los partidos, y eso muchas veces tiene premio. Aunque el empate le sepa agridulce, suma un punto muy meritorio que sigue reforzando la confianza del grupo.
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