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¿'Invasión banana' en Anfield? La vieja tradición reaparece en plena crisis del Manchester City

El histórico símbolo de la afición 'cityzen', nacido en los años 80 y ligado incluso a la lucha contra el racismo, puede convertirse este fin de semana en una respuesta visual y pacífica al terremoto provocado por el caso financiero del Manchester City

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Anfield se prepara para recibir este fin de semana a un Manchester City que llega envuelto en uno de los momentos más delicados de su historia reciente. Tras el veredicto sobre los cargos financieros de la Premier League y la posterior apelación presentada por el club, el ambiente promete ser especialmente hostil para los de Enzo Maresca. En las comunidades de aficionados cityzens se respira un sentimiento de unidad y resistencia, y eso ha llevado a muchos a preguntarse si volverá a aparecer uno de los símbolos más peculiares de la cultura del club: las bananas inflables. Sin embargo, para entender qué significaría una eventual "invasión amarilla" en Anfield hay que viajar casi 40 años atrás. La explicación más documentada sobre el origen de esta costumbre procede tanto de la propia web oficial del Manchester City como del trabajo del historiador del club, Gary James. Todo comenzó el 15 de agosto de 1987, en un partido entre el City y el Plymouth Argyle. Un aficionado llamado Frank Newton acudió al encuentro con una enorme banana hinchable que provocó risas y se convirtió en centro de atención entre los seguidores. Lo que parecía una simple ocurrencia acabó transformándose en uno de los fenómenos más icónicos de las gradas inglesas. Newton siguió llevando la banana a otros desplazamientos y pronto comenzaron a aparecer más hinchables. La moda creció de forma espontánea hasta convertirse en una seña de identidad del City de finales de los años ochenta, cuando militaba en la segunda categoría del fútbol inglés. Con el paso de los meses, las gradas dejaron de estar ocupadas únicamente por bananas. Dinosaurios, tiburones, monstruos, martillos gigantes y todo tipo de figuras inflables acompañaban a la afición cityzen en cada desplazamiento. La propia versión oficial del club recuerda aquella época como una reacción de humor en medio de uno de los periodos más grises del fútbol inglés, marcado por el hooliganismo, las restricciones a los clubes ingleses tras la tragedia de Heysel y la pérdida de atractivo de las gradas. Según Gary James, el fenómeno alcanzó dimensiones extraordinarias durante la temporada 1988-89 y especialmente en el Boxing Day de 1988, cuando miles de aficionados del City acudieron al campo del Stoke cargados de disfraces e hinchables. El fenómeno fue tal que incluso al delantero Imre Varadi se llegó a apodar en tono jocoso Imre Banana en Maine Road. La historia adquiere una dimensión mucho más profunda cuando aparecen el estadio de Anfield y el Liverpool vinculados a las bananas. Concretamente por un futbolista de esta época: John Barnes. Diversas publicaciones recientes explican que las bananas acabaron adquiriendo con el tiempo un significado asociado a la lucha contra el racismo en el fútbol inglés. Durante los años 80, lanzar bananas a futbolistas negros era una práctica habitual en numerosos estadios británicos y una de las víctimas más conocidas de aquellos abusos fue Barnes, estrella del Liverpool y de la selección inglesa. La famosa imagen de Barnes apartando una banana con el pie durante un partido se convirtió en una de las fotografías más simbólicas de aquella época. Algunas publicaciones sostienen que los aficionados del City contribuyeron posteriormente a resignificar ese símbolo, transformando un objeto asociado al odio racial en una expresión festiva y comunitaria. No obstante, es importante precisar que las fuentes históricas más cercanas al origen, sitúan el nacimiento de la tradición principalmente en el humor y la cultura popular de las gradas, no en una campaña organizada contra el racismo. El estadio del Liverpool está inevitablemente ligado a la memoria de uno de los futbolistas que más sufrió el racismo en el fútbol inglés. Por ello, el posible regreso masivo de las bananas a Anfield encierra una paradoja histórica: De sucederse la citada invasión, un símbolo que durante décadas estuvo vinculado a algunos de los episodios más oscuros de las gradas inglesas volvería al escenario asociado a una de sus víctimas más emblemáticas, pero esta vez de la mano de una afición que lo considera parte de su propia identidad cultural. Sin embargo, hay quien podría plantearse si esta supuesta llamada a la movilización está relacionada con la crisis institucional que vive en estos momentos el Manchester City tras ser declarado culpable de los cargos que se les imputaba, A priori, y tratándose de una tradición que se remonta tanto en el tiempo, no parece que tenga mucho que ver, sobre todo, por dicha tradición nació en 1987. Lo que sí muestran los foros de aficionados, como puede ser Bluemoon, es un clima de cierre de filas alrededor del club a las puertas de la visita a Anfield. No en vano, en las últimas semanas del parón de selecciones prácticamente no se ha hablado de otra cosa en Inglaterra, valorando cuál debería ser la pena para los cityzens. En ese contexto, una presencia visible de bananas en la grada visitante podría interpretarse como un gesto de orgullo, desafío y pertenencia. No tanto una protesta organizada contra la Premier League como una declaración visual de apoyo a un club que siente que atraviesa un momento más que complicado de su historia reciente. De un modo u otro, y como confirmó el propio Erling Haaland hace unos días, pase lo que pase "los aficionados del City que vayan a Anfield se lo van a pasar bien". "Tenemos que mantenernos unidos, estar unos con otros, mantenernos positivos. Pase lo que pase en la vida, siempre tenemos que sonreír, mantenernos positivos, mirar hacia adelante e intentar ganar partidos de fútbol, disfrutar de la situación", reconoció el noruego.

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Friday, October 9, 2026

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