Totti se abre: "Para hacer las paces con Spalletti, tendríamos que decirnos toda la verdad"
Francesco Totti habla en su autobiografía sobre su acercamiento con el técnico Spalleti tras su tormentosa relación
El diario italiano 'La Gazzetta dello Sport' publica fragmentos del libro 'Oltre' (Más allá de), la autobiografía de Francesco Totti publicada por 'Cairo Editore'. El mítico capitán de la Roma relata su tormentosa relación con el entrenador Luciano Spalletti, con el que coincidió cinco año y medio en el equipo romano, y confiesa que estuvo cerca de volver a jugar al fútbol con 48 años. "Dije que no a la Serie A. Dije que no al Génova. Dije que no al Como. Tenía 48 años. El entrenador del Génova era Alberto Gilardino, campeón del mundo como yo con Italia en 2006, mientras que en el banquillo del Como ya estaba Cesc Fàbregas, uno de los grandes de la historia del fútbol... Gilardino tenía 42 años, Fàbregas 37, así que habría tenido respectivamente 6 y 11 años más que quienes cobraban por decirme qué hacer. No son leyendas urbanas, es la pura verdad. Increíble, pero cierta. Una locura", compartió. Totti comenta en el libro que "tenía 48 años, de acuerdo, pero la edad de alguna manera se puede superar; uno se vuelve más lento, pero el pie no envejece. Todos de acuerdo: ese no necesita bótox. La Roma era el punto. No el problema, nunca lo será. Una traición deportiva no tiene edad, ya tengas 18 ó 48 años". "Para hacer las paces de verdad con Luciano Spalletti, tendríamos que decirnos toda la verdad", destacó el exfutbolista de 49 años. Totti explicó que "las condiciones para la paz entre Luciano Spalletti y yo se van perfilando día a día. Digamos que hemos emprendido un camino que va más allá del silencio que existía entre nosotros. No voy a repetir aquí el origen de nuestro distanciamiento; esa historia la conocen hasta los marcianos. Lo interesante es lo que sucedió después". "Desde el 28 de mayo de 2017 —el día de mi retiro forzoso— y durante más de seis años, no nos vimos ni nos hablamos. Ninguno sintió la necesidad del otro. Seguimos caminos separados. Luego, en noviembre de 2023, las cosas empezaron a cambiar. Vito Scala, mi amigo de toda la vida, me llamó. 'Oye, ¿sabes que Italia juega contra Macedonia en Roma el día 17, verdad?'. 'Sí, ¿y qué?'. 'Una delegación de la selección nacional va a visitar el Bambino Gesù'. Es decir, el hospital infantil al que suelo acudir de vez en cuando —sin decírselo a nadie— para saludar a los jóvenes pacientes. 'Me parece muy bien'. 'Pues, mira, deberías ir tú también'. '¿Por qué, Vito?'. 'Porque será un momento estupendo. Estarán el presidente de la federación, Gabriele Gravina; tu amigo Gigi Buffon, Giovanni Di Lorenzo; también vendrá Angelo Peruzzi. Y...'. '¿Y?'. 'Y el seleccionador nacional'. Es decir, Luciano Spalletti. 'No'. No quería saber nada del asunto. 'Vamos, piénsalo...'". Francesco Totti relató que "lo pensé bien, y me di cuenta de que está bien ser egoísta —protegerse del dolor y ocultar las heridas—, pero no a costa de los demás. 'Vito, vale'. Haces la vista gorda y escuchas a tu corazón. Intentas dejar el pasado atrás por una causa noble. Así que acepté la invitación; al fin y al cabo, tarde o temprano tenía que ocurrir. El mundo del fútbol es pequeño. O le saludaba o le daba un cabezazo. Aquel día llegué antes que él. En mi scooter. Entré en el vestíbulo. En medio del ajetreo, Vito se puso serio: 'Ya están llegando'. Yo llevaba una chaqueta de cuero; él, un traje oscuro. El presidente Gravina hizo gala de su encanto: 'Este es Luciano Spalletti…'. Quien, debo decir, dijo las palabras adecuadas para romper la tensión: 'Por el lado del corazón... ¿te doy un abrazo? Por el lado del corazón, entonces...'. Un choque de manos rápido. Un abrazo. Fue un gesto fugaz, nada más. No sentí nada; todavía no era amor. Ni un vuelco, ni un escalofrío: absolutamente nada. Volví a verle en el Olímpico de Roma el 14 de mayo de 2025, en la final de la Coppa Italia que el Bolonia ganó al Milan. '¿Cómo va todo?'. 'Todo bien, ¿y tú?'. 'Bien, gracias'. 'Adiós'. 'Adiós'. Las cortesías de siempre, sin ninguna emoción real. Luego, cada uno siguió su camino".
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