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Tuesday, September 15, 2026

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Y Di Stéfano se hizo entrenador

El debut como entrenador de La Saeta fue en el banquillo del Elche

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Colgadas las botas en la primavera de 1966 como jugador del Espanyol, Alfredo Di Stéfano miró a su futuro. No lo entendía sin lo que era su vida: el fútbol. Ese verano, en el Mundial de Inglaterra, fue periodista de la agencia EFE. Eligió el sobrenombre de El Topo, no por ser un infiltrado, sino por las horas que pasaba en el metro de Londres para ir a los partidos. Pero su deseo era vivir el fútbol desde dentro, como cuando era jugador. Quería ser entrenador. No tuvo que esperar demasiado. Cuando se cumplía poco más de un año de su retirada, Luis Guijarro —considerado el primer agente como hoy se entiende— le llamó para decirle que el Elche buscaba entrenador de cara a la siguiente temporada. Así, Di Stéfano entró en contacto con Manuel Martínez Valero. Era el presidente del Elche, un soldado republicano que pasó por campos de prisioneros franceses, por el franquista de Reus y que consiguió, gracias a su familia, regresar a España, montar una empresa de calzado y ser presidente del Elche. Acabada la Liga, con el cuadro franjiverde en una cómoda novena posición, arrancaba la Copa. El 5 de mayo, dos días antes de la vuelta ante Osasuna de la primera ronda, Otto Bumbel pidió a la directiva del Elche dejar el equipo. Ante la espantada del brasileño, el club decidió poner al frente del equipo al dúo formado por el capitán (Iborra) y el técnico del filial (Quique). El 20 de mayo, Di Stéfano daba luz a su acuerdo para entrenar al Elche una vez acabada la temporada y que hasta entonces estaría vigilante. Por el camino quedaba la propuesta delMilan, tumbada por la decisión de la Federación Italiana de no admitir técnicos extranjeros. El 7 de junio de 1967, el Bernabéu y Madrid se vistieron de gala para rendir tributo a Di Stéfano. Fue ante el Celtic, flamante campeón de Europa (0-1), y con la entrega a La Saeta de la medalla de oro al mérito deportivo. “Es el día más feliz de mi vida”, aseguraba Di Stéfano. Pasadas esas horas tan especiales, el 10 de junio fue presentado como entrenador del Elche. Todo se había precipitado y al día siguiente debutaba como entrenador. Fue en la vuelta de los cuartos de final de la Copa. Tras empatar a uno en Granada, el debut de Di Stéfano como entrenador fue apoteósico: 5-0. Firmó un partidazo Miguel Gómez Burgos, al que llamaban Curro. Di Stéfano quedó encantado con ese jugador. Con todo lo que tenía menos el apodo. No entendía que con un apellido tan bonito como Gómez Burgos se dejase llamar Curro. La final de Copa la vieron cerca Di Stéfano y el Elche. Su rival en semifinales fue el Valencia. En la ida, el equipo alicantino ganó por 2-1, pero hizo méritos para más. El paraguayo Romero, autor de los dos goles, falló un penalti a falta de cinco minutos. En la vuelta, el Valencia fue justo ganador (2-0) y se metió en la final que ganaría al Athletic en el Bernabéu por 2-1. La aventura de Di Stéfano en el banquillo del Elche duró hasta enero de 1968. Quince partidos en Primera, entre ellos ante el Madrid en Altabix. No fueron los resultados quienes provocaron su adiós. Una guerra intestina en la directiva del Elche tuvo a Martínez Valero como objetivo de un grupo que quería el poder. Di Stéfano tenía buena relación con el presidente y veía que los asaltantes no medían el daño que causaban al equipo. El ataque a la presidencia tuvo éxito. José Sanmartín García se convirtió en la nueva máxima autoridad. Su directiva quiso que Di Stéfano siguiera. “Si están haciendo la cama media temporada para que se vaya a la mierda el equipo, ¿qué me voy a quedar con gente como ustedes?”, fue la respuesta de un Di Stéfano que calificaba su adiós como “la mayor derrota de mi vida”.

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