Del 'Balón de Otro', al terremoto chino de Mbappé
En copa de balón
Podría haber sido una semana de ensueño para Kylian Mbappé. Sus dos goles decantaron el Clásico a favor del Real Madrid e hicieron recobrar la fe en el proyecto blanco, pero el Balón de Oro se le escapó y una broma sobre su meme favorito, en el que su cara aparece superpuesta a la de Mao Zedong, ha desatado en China una reacción sin precedentes. La chanza, inocente desde cualquier lectura occidental, le ha costado la ruptura inmediata de varios acuerdos publicitarios, y la televisión pública china ha decidido cortar las emisiones de la Liga. Un medio incluso llegó a borrar su nombre del podio del Balón de Oro y se refirieron a él como “persona no deseada”. Por edad y por madurez, no parece que el despecho por el Balón de Oro perdido vaya a tener en su rendimiento un efecto tan demoledor como el que tuvo sobre Vinicius, a quien aquella herida todavía parece pesarle. El prestigio del Balón de Oro ya solo se sostiene en la avidez de los jugadores por conseguirlo. La organización parece empeñada en desprestigiarlo, con unos criterios de elegibilidad ambiguos y un veredicto que huele a plato precocinado. Aunque parezca un contrasentido en términos de prestigio, que el premio fuera para Harry Kane es mejor para el Madrid. Un Mbappé sin el trofeo sigue teniendo algo que demostrar, y esa cuenta pendiente sólo puede saldarse con títulos. Buena parte del madridismo entiende además que estos galardones solo deben nacer de los éxitos del club. En el Madrid se festejan las Champions y las Ligas, por ese orden, y los trofeos individuales llegan como consecuencia de los logros colectivos. Al Balón de Otro se le ha sumado el terremoto chino. Desde nuestra perspectiva parece un sinsentido, un atentado básico contra la libertad de expresión, más aún en un contexto desenfadado. Puede parecer injusto, y lo es. Pero también es un golpe a la universalidad del Real Madrid y de la Liga. Los jugadores que son multinacionales, o que ejercen como tales, tienen que cuidar todos los detalles o apechugar con las consecuencias. Supongo que el rápido arrepentimiento público, y en tres idiomas, del jugador y de la Liga conseguirán parar el golpe. Pero seguro que ha aprendido la lección de icono planetario: dominar el campo no es lo mismo que dominar el tablero.
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