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Vinicius, dos años después del 'no Balón de Oro': los números de su caída

Se han cumplido dos años de su "lo haré diez veces" y las estadísticas dibujan un declive, con sus goles en Liga desplomados de 0,67 a 0,15 por 90 minutos

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Uno de los tweets más célebres del planeta fútbol ha cumplido dos años esta semana y continúa convertido en una vara de medir que su mismo autor plantó. “Eu farei 10 vezes se for preciso”: lo haré diez veces si hace falta. Lo escribió Vinicius, la noche del 28 de octubre de 2024, con el Balón de Oro camino de los brazos de Rodri y un desafío en boca. Prometía multiplicar, y los números, que no entienden de agravios ni de discursos, han tomado el camino contrario. El repaso periodo a periodo —el 'prime' en la 2023/24, el tramo posterior al Balón de Oro, la 2025/26 y la presente 2026/27— precisamente no describe una venganza, sino un desgaste que afecta a casi todas las facetas de su juego. Empecemos por el gol, su carta de presentación hacia el éxito. En su mejor momento —la 2023/24 y el arranque de la 2024/25, hasta aquel 28 de octubre— rondaba los 0,67 goles por noventa minutos en Liga y los 0,80 en Champions. Esta 2026/27 marca 0,15 en el campeonato y ni uno solo en Europa. La traducción en minutos por gol es demoledora: de 125 minutos para ver puerta en Liga a 585, casi seis partidos y medio esperando un tanto que antes caía cada hora y poco. Y lo mismo cuenta la suma de goles más asistencias, su contribución total al marcador: de 1,04 por noventa en su mejor Liga a 0,62 ahora, de 1,00 en Champions a cero esta temporada. La caída no fue un desplome súbito, sino una pendiente, y el primer escalón llegó justo tras la gala. En el tramo final de la 2024/25 sus goles en Liga bajaron de 0,67 a 0,36 y en Champions de 0,80 a 0,56. Lo llamativo es que su generación de ocasiones apenas se resintió: el xG se movió de 0,49 a 0,43 en Liga, y las grandes ocasiones que disfrutó pasaron de 1,04 a 0,72 por noventa. Seguía llegando; empezaba a fallar lo que antes resolvía. El regate en Europa, en cambio, se le apagó de golpe: de encarar 8,33 veces por noventa a 5,75, de completar 3,69 a 1,82. La herida del Balón de Oro, dijeran lo que dijeran sus palabras, dejó marca en su desborde. La 2025/26 ofreció un espejismo de recuperación, y conviene decirlo para ser justo. Vinicius sostuvo una versión digna en Liga: 0,51 goles por noventa, una precisión de tiro del 61,3% —la más alta de todo el recorrido—, 0,67 de goles más asistencias y una cifra de balones perdidos que bajó a 16,28, señal de un juego algo más ordenado. En Champions el cuadro fue más contradictorio: su xG trepó hasta 0,62, el mejor de todos los periodos, y sus grandes ocasiones subieron a 1,15 por noventa, pero el gol se le resistía (0,38) y falló 0,92 de esas ocasiones claras, su peor registro en ese apartado. Generaba más que nunca en Europa y transformaba menos. El problema dejaba de estar en la producción para instalarse en el remate. La 2026/27 ha ratificado el temor de muchos madridistas. En Liga, además de esos 0,15 goles, su precisión de tiro se ha hundido hasta el 38,9%, con diferencia la peor de las cuatro etapas, y los regates completados han caído a 2,15 por noventa desde los 2,78 del 'prime'. En Champions, la competición que reinó hace años, el diagnóstico es aún más severo: cero goles, un xG testimonial de 0,10, ni una sola gran ocasión generada y apenas 2,08 regates intentados, cuando en su mejor momento encaraba más de ocho veces por partido. Los toques en el área rival, eso sí, se mantienen altos (10,46 en Liga, por encima incluso del prime): pisa la zona de peligro con la misma insistencia de siempre, pero no con el mismo veneno. Hay un dato que, mal leído, parecería una mejora: pierde menos balones que nunca, 14,92 por noventa en Liga frente a los 18,64 del prime, y 11,25 en Champions frente a 18,30. Cualquier entrenador firmaría esa cifra en un centrocampista. En un extremo desequilibrante, en cambio, no habla de madurez sino de renuncia. Arriesga menos porque intenta menos. El Vinicius que perdía veinte pelotas por partido era el mismo que volvía loca a una defensa entera; el que las cuida es también el que ya no asusta. Dos años después de aquel “lo haré diez veces”, la cuenta del desafío se ha invertido: donde prometió multiplicar, ha dividido. Y sin embargo, conviene no firmar el acta de defunción. El xG casi intacto en Liga —0,47 esta temporada, prácticamente el del prime— y los toques en el área, que no bajan, sostienen algo de esperanza: Vinicius sigue llegando a los mismos sitios. No ha perdido el camino hasta el área ni la posición del verdugo; ha perdido el último movimiento, ese disparo que ahora se marcha fuera dos de cada tres veces. Le falta, nada más y nada menos, volver a acertar. El escalafón del Balón de Oro ha ido tomando nota de todo esto con frialdad para el brasileño. En 2024 Vinicius acabó segundo, un podio que buena parte del mundo del fútbol sintió como injusto y que él mismo convirtió en bandera. Doce meses después cayó al 16º puesto, y en la última edición se ha quedado en el 17º. La votación, que premia títulos y rendimiento individual, no hace sino reflejar lo que dicen sus registros y su peso menguante en el Madrid. Le espera, por tanto, la cuesta más empinada, y le toca subirla a plena luz. Por dignidad, porque la palabra dada envejece mal cuando los goles no acompañan. Y por el club, que en lugar de soltarle la mano se la apretó: lo renovó hasta 2032 cuando los números pedían prudencia, y esa firma es confianza y deuda a la vez.

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Sunday, November 1, 2026

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