¿Qué sucedió en Vukovar, la ciudad a la que ayuda Dani Olmo?
La masacre de noviembre de 1991 es una las grandes tragedias de la guerra de los Balcanes
Hay ciudades que con solo mencionarlas se remueve la conciencia. Y los estómagos. Para los croatas, Vukovar es una de ellos. A apenas unos kilómetros de la frontera con Serbia, esta localidad a orillas del Danubio se convirtió en 1991 en el escenario de uno de los episodios más trágicos y simbólicos de la guerra que acompañó la desintegración de Yugoslavia. Esa la ciudad a la que Dani Olmo ayuda con un 2% de su salario como agradecimiento a todo lo que ha dado Croacia. Los periodistas croatas agradecieron su gesto con un aplauso en la sala de prensa del Hajduk Split. Durante 87 días, entre agosto y noviembre de 1991, Vukovar resistió el asedio del Ejército Popular Yugoslavo y de fuerzas paramilitares serbias. Lo que comenzó como una batalla por el control de una ciudad estratégica terminó transformándose en una devastación casi total. Los bombardeos arrasaron barrios enteros y la localidad quedó reducida a escombros tras uno de los asedios más duros vividos en Europa desde la II Guerra Mundial. La caída de Vukovar, el 18 de noviembre de 1991, marcó un antes y un después para Croacia. Tras la conquista llegaron las deportaciones masivas de civiles y, pocos días después, la matanza de Ovčara. Más de 200 prisioneros de guerra y civiles fueron ejecutados después de ser sacados del hospital de la ciudad, un crimen de guerra que conmocionó al continente y que aún hoy sigue siendo uno de los símbolos del sufrimiento croata durante el conflicto. Treinta y cinco años después, las cicatrices siguen visibles. Aunque Vukovar fue reintegrada pacíficamente a Croacia en 1998, su nombre continúa ocupando un lugar especial en la memoria colectiva del país. Cada aniversario de la caída de la ciudad reúne a miles de personas en actos de homenaje a las víctimas y a quienes defendieron la localidad durante aquellos meses dramáticos. La imagen más reconocible de aquella tragedia es la torre del agua de Vukovar. Alcanzada por cientos de impactos durante el asedio, fue conservada tal y como quedó al final de la guerra y se ha convertido en uno de los grandes símbolos nacionales de Croacia. Un monumento que recuerda que, para todo un país, Vukovar no es solo una ciudad: es memoria al horror que se vivió en los Balcanes.
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