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Los golpes, un riesgo permanente

El fútbol no es ajeno a impactos fatales desde hace 150 años: el caso del meta Gallardo con Baltazar, el más recordado. “No tuve ninguna culpa de aquel choque fortuito. Dios me ayudó”, dijo el delantero

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El desgraciado fallecimiento de Jesús de Miguel tras el impacto contra el meta Jesús Owono, cuando el atacante tinerfeñista colisionó de forma fortuita con el guardameta visitante, en la pugna por un balón dividido, es el último de una larga lista de víctimas de la mala fortuna en un campo de fùtbol. No hay deporte exento de riesgos. Y el fútbol no es precisamente una modalidad amable con sus practicantes. A la exigencia física se suma el contacto, a veces inevitable con consecuencias terribles. El pasado año, el guardameta del Colindres cántabro, Raúl Ramírez, perdió la vida tras sufrir un golpe en la cabeza durante el partido contra el Revilla, de Tercera RFEF. El impacto le provocó una parada respiratoria en el acto de la que se recuperó, pero falleció por una nueva parada camino del centro hospitalario. El primero fue José Miguel Martínez Ferrer, ex jugador del Real Betis y del Atlético de Madrid, que falleció en 1972 a consecuencia de una insuficiencia renal... tras estar ocho años en coma por una conmoción en un partido contra el Barcelona, del que se recuperó, si bien luego se complicó durante meses con otras crisis neurológicas que alternaba jugando partidos. Aunque el caso más recordado en el fútbol español tiñó de luto al desparecido Club Deportivo Málaga. En diciembre de 1986, en un partido de Segunda división entre el Celta y el cuadro malacitano disputado en Balaídos, un choque entre el delantero del cuadro vigués, Baltazar, y el meta blanquiazul, José Antonio Gallardo, dejó malparado al portero visitante. Trasladado desde el estadio al Hospital Xeral, fue sometido a diversas pruebas que no detectaron nada más allá de una triple fisura en el parietal izquierdo. Gallardo fue trasladado a Málaga, donde le realizaron diversas exploraciones para descartar daño cerebral. Según las informaciones de la época, padecía una pequeña parálisis facial y había recuperado la memoria cuando, el 7 de enero, se desvaneció y cayó en coma. El portero malaguista falleció ocho días más tarde. La puerta 13 de La Rosaleda, ya lleva el nombre del meta desde 2017. “Fue uno de los peores momentos de mi vida, lo pasé fatal. Fue difícil aquella situación, pero Dios me consoló y me reforzó para que pudiera soportar aquello. Es muy difícil que en un choque involuntario fallezca una persona, pero ocurrió. Me quedé muy preocupado, pero seguí adelante porque no tuve ninguna culpa de aquel choque fortuito. Dios me ayudó”, aseguró Baltazar. El primero del que hay memoria en el mundo del fútbol data de 1874. William Bradshaw, portero de fútbol, chocó con Herbert Dockerty, quien venía a toda velocidad, golpeándolo con la rodilla en el estómago. Dockerty falleció al día siguiente a causa de las heridas y Bradshaw fue acusado de homicidio involuntario. El árbitro ni siquiera pitó falta y Bradshaw fue absuelto por el juez.

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Tuesday, November 3, 2026

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