Emili Vicente, el entrenador que convirtió al Andorra en una familia antes de su trágica muerte
En el 84 aniversario del club tricolor, cuatro futbolistas recuerdan la temporada 2016-17, cuando el equipo rozó el ascenso a Tercera división
El Andorra celebra este 15 de octubre su 84 aniversario recuperando uno de los episodios más emotivos de su historia reciente. En la temporada 2016-17, el conjunto tricolor estuvo a punto de lograr el ascenso a Tercera división bajo las órdenes de Emili Vicente, un entrenador que llegó al banquillo en octubre de 2016 y que, en apenas unos meses, transformó por completo al equipo. Su exigencia, sus conocimientos futbolísticos y su cercanía con los jugadores permitieron construir un vestuario unido que terminó luchando por el ascenso hasta la última jornada. "Nos dio un plus de motivación y dinamismo, todo aquello que genera carácter en un equipo y que te permite llegar hasta donde realmente puedes llegar", recuerda Àlex Sánchez, uno de los integrantes de aquella plantilla. La huella de Vicente, sin embargo, fue mucho más allá de los resultados. "Emili supo crear una familia dentro del vestuario y nos trataba a todos por igual. Nadie sabía más de fútbol que él y nos transmitía todos esos conocimientos", explica Robert Font, quien recuerda especialmente la atención que el técnico prestaba a los futbolistas que vivían lejos de sus familias. "Nos llamaba cada día para saber si estábamos bien o necesitábamos algo. Incluso venía a visitarnos al piso", relata. Oriol Roch, por su parte, destaca la transformación deportiva que experimentó el equipo: "Fue un cambio muy radical, tanto física como tácticamente. El ritmo de los entrenamientos era altísimo y el equipo se profesionalizó mucho más". Una combinación de exigencia y humanidad que también recuerda Marc Pujol: "Todos creíamos muchísimo en él. Si Emili nos decía que teníamos que ir por un camino, íbamos sin pensarlo". El 25 de mayo de 2017, cuando el Andorra se encontraba a las puertas de disputar el encuentro decisivo contra el Sants, la muerte repentina de Vicente, a los 52 años, mientras practicaba ciclismo en el Coll de la Gallina, conmocionó al vestuario. "Lo recibimos con una incredulidad absoluta. Habíamos estado juntos el día anterior, entrenando. Era una persona superactiva y no podíamos entender que hubiera ocurrido algo así", recuerda Pujol. El partido se aplazó hasta el 4 de junio y los jugadores tuvieron que afrontar aquella última semana sin su entrenador. "Imagínate tener que entrenar para disputar el partido más importante de la temporada sin Emili", lamenta Font. Finalmente, el Andorra empató 1-1 ante el Sants y terminó 3º con 62 puntos, los mismos que su rival, que se quedó con la plaza de promoción de ascenso. Casi una década después, el recuerdo de Vicente permanece intacto entre quienes compartieron aquel vestuario. Font lleva tatuadas las iniciales del entrenador junto a un niño jugando al fútbol y las montañas de Andorra, mientras que Roch conserva su enseñanza de no rendirse nunca y Sánchez destaca su capacidad para hacer sentir importante a cada jugador, independientemente de los minutos que disputara. Para Pujol, que también recuerda las sesiones de apoyo psicológico que necesitó la plantilla tras aquella pérdida, el legado del técnico se resume en algo mucho más profundo que una clasificación: "Era una persona 100% honesta, tanto profesional como humanamente. Nunca tuvo una mala palabra ni un mal gesto con nadie. La sensación que me queda es que, cuando Emili ha pasado por tu vida, te ha mejorado como persona".
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