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Esa fuerza dormida

Las cuatro esquinas: despertar, luchar, vencer, seguir

· 479 words

Que despertó. En el momento más terrible del partido, mientras la adormecida debilidad llenaba al equipo de desidia, algo despertó. Despertó el Madrid de ayer mientras la noche se iba poniendo a cada segundo más oscura. ¿Qué fue? No lo tengo claro. Los cambios acertados. Poblar ese medio del campo que está ausente de dirección y parece desnortado. La rabia de aquellos a quienes el destino quería despojar de su fuerza. Que los que no jugaban se echaron el equipo a las espaldas y los demás odiaron la derrota mientras sus venas se llenaban de hambre de victoria. Despertó el Madrid que deseamos ver más días, más partidos así, como si siempre comenzara perdiendo tres a uno. El campo, enfervorecido por los hinchas de la Roma, que ya sentían el gozo de irse a su casa vencedores, bramaba porque estaban viendo algo inusual. “Esta vez el Madrid va a perder”, era el pensamiento que asomaba a los ojos de los niños y los ancianos y las mujeres y los obreros y los intelectuales, todos felices porque estaban viendo perder a ese equipo que tanto daño les había hecho en el pasado, y esta vez parecía que sería definitivo. Pero hay un Madrid en la Champions que tiene sus entrañas ardiendo. Que vomita dolor si pierde. Ese es el Madrid que hay que buscar. El que tiene que asomarse a la ventana del mundo para decir: “Aquí estoy yo”. El gran poeta Rafael Alberti, que vivió muchos años de su exilio en Roma, escribió ‘Roma, peligro para caminantes’. Un bellísimo libro en el que convierte la belleza de la ciudad eterna en cotidiana, tierna, nostálgica. “Dejé por ti mis bosques, mi perdida arboleda”, dice, y allí, en Roma, el Madrid encontró lo que había dejado en un baúl de sombras cuando estaba caído en la yerba estos dos últimos años. Ese Madrid que se había escondido no sé dónde, quizá en sus pesadillas. Vuelvo. ¿Qué despertó? No sé. Sí sé que la belleza de Roma, ciudad eterna, despertó la belleza de un Madrid eterno que estaba adormilándose en su memoria hasta olvidarla. La Champions es una lluvia de luz que cae sobre la penumbra de los bares del fútbol, un chaparrón de esperanza, de deseo o de fe por conseguir esa gloria que solo uno puede decir que es suya. Ahí, en esa constelación de gloria, el Madrid ha lavado muchas veces sus heridas, ha lamido sus sueños destrozados en los dos últimos años, ha creado un estanque de esperanza en el que bañarse cuando las dudas destrozan el empeño máximo. De esa luz el Madrid se ha llenado más veces que nadie. Tiene el diploma más bello, el que firma el color argénteo de las Copas de Europa. La frustración, que habría sido un hierro ardiendo en el pecho del Madrid, se fue por el viento de la noche.

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Thursday, October 15, 2026

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