La historia interminable del Sevilla en el Bernabéu
Otro arbitraje salpicado de polémica y la pegada del Real Madrid acaban con la imbatibilidad de los hispalenses a domicilio
Decía Michael Ende acerca de La historia interminable que para descubrir la realidad hay que atravesar el filtro de lo fantástico, aunque siempre con el riesgo de que la propia fantasía pierda su contenido. En las visitas del Sevilla al Santiago Bernabéu en los últimos años sucede un fenómeno parecido, pues el marco que rodea a estos partidos está tan condicionado por las presiones mediáticas a los árbitros que logra beneficiarse de esa misma situación que se denuncia. Y cuando todo se convierte en un "estás conmigo o contra mí", el análisis futbolístico prácticamente carece de sentido. La derrota por 4-1 frente al Real Madrid no se explica solo desde la pizarra, sino desde una inercia que perpetúa los 18 años de sequía nervionense en la capital. Respecto al once que jugó con el Levante, las ausencias de Kochorashvili y Miguel Sierra propiciaron la entrada de Peque y Rubén Vargas, que no jugaban desde la tercera y la primera jornada respectivamente. La inclusión del mediapunta catalán obligó a Fofana a retrasar su posición y acompañar a Agoumé en la medular. Incluso desde el doble pivote, el jugador cedido por el Milan presionó muy alto, dibujando a veces un 4-1-4-1. A pesar de las bajas, el Sevilla salió al césped sin complejos con la pelota, manteniendo su fútbol vertical y minimizando riesgos en los primeros compases del choque. El duelo en el Bernabéu se caracterizó por las decisiones de la sala VOR, donde Cuadra Fernández no consideró oportuno corregir a Busquets Ferrer en dos acciones determinantes. En el minuto 20, en un ataque de los blancos, Peque agarró a Güler de la camiseta y este le respondió con un codazo deliberado en el rostro sin balón de por medio. Una agresión evidente que el VAR ni siquiera mandó a revisar. Así empezó la paradoja de una noche donde la grada de animación desplegó una pancarta que rezaba "no es fútbol, son Tebas y Negreira", generando ese ambiente de victimismo que pone en la diana al colectivo arbitral. Si el primer gol fue obra de Güler poco después de ser perdonado, el 2-0 marcado por Mbappé estuvo precedido de una falta previa de Konaté a Robbie Ure que tampoco fue revisada. Más dudoso resultó en la segunda mitad el penalti de Castrín sobre el delantero francés, pero ratificó que las decisiones caigan siempre del mismo lado. "Sabíamos a lo que veníamos", dijo Juan Iglesias al término del encuentro, mientras su entrenador, Luis García Plaza, se mostró más tajante: "En la Liga a veces juegas partidos en superioridad o inferioridad y hoy nos tocaba hacerlo en superioridad; con 0-0 teníamos que jugar 65 minutos once contra diez, ese es el resumen del partido". En lo estrictamente táctico, el Sevilla prescindió de ese trivote rocoso que le había funcionado en las últimas jornadas. Peque ofreció mayor clarividencia con pelota en la zona de enganche, pero tanto Fofana como Agoumé se vieron desbordados y el sistema se tambaleó en fase defensiva debido al alto ritmo del juego. Sin ese tercer hombre de contención, el Madrid encontró autopistas para correr con espacios, favorecido por un bloque muy concentrado y solidario sin balón donde se percibe el sello inconfundible de José Mourinho. La vulnerabilidad de la medular hispalense quedó al descubierto en la jugada del 1-0. En una rápida transición de Diomande -el mejor futbolista del partido-, ni Fofana ni Agoumé acompañaron el repliegue, permitiendo que Güler recibiera con libertad en la frontal para armar el disparo que adelantó a los locales. Por cierto, la gran actuación del extremo marfileño supuso la noche más difícil para Juan Iglesias en lo que va de curso. La estructura del Sevilla ganó equilibrio y solidez tras el paso por los vestuarios con la entrada de Manu Bueno. El canterano, un centrocampista más puro y con más trabajo sin balón, le dio al equipo mayor capacidad para apretar en campo contrario y no perder las vigilancias. Además, su presencia elevó el nivel de Agoumé y liberó de cargas defensivas a Fofana, permitiéndole dar un paso al frente y empujar el bloque varios metros más arriba para complicar el inicio de juego al conjunto blanco. Vargas actuó de inicio por derecha buscando meterse por dentro para generar superioridades. Sin embargo, el suizo aún está lejos de su mejor nivel. En el descanso, la entrada de Ejuke le dio otro aire al ataque. En medio del debate planteado en la previa sobre quién debe relevar a Miguel Sierra por la derecha, el nigeriano demostró que sabe utilizar sus virtudes desde cualquier perfil: agobió a Cucurella, amenazó continuamente a la zaga madridista y generó espacio para que Juan Iglesias se proyectara en ataque, protagonizando entre ambos los mejores minutos de los suyos. "Nos hemos rebelado, hemos tenido situaciones buenas para marcar y metimos gente de refresco que ha estado acertada. Manu ha marcado el gol y ha estado muy bien, Ejuke ha desbordado mucho y Lucas ha entendido bien el juego", analizó Luis García Plaza, que eligió bien a los hombres que salieron del banquillo. Precisamente Manu Bueno y Stassin fabricaron la jugada del 3-1, ayudando a que el Sevilla haya anotado en las nueve jornadas disputadas hasta la fecha. Ya en el tramo final, con el partido encarando sus últimos veinte minutos, García Plaza había aprovechado para retirar del envite a Juan Iglesias y a Félix Correia -ambos con tarjeta amarilla- para dar entrada a Carmona y Alfon, esta vez por izquierda. De esta forma, concedió el primer descanso de la temporada al lateral vallisoletano, que venía jugándolo todo. Un doble movimiento pensando en la gestión de minutos y en la próxima cita ante Osasuna en Nervión. Tras la enésima derrota del Sevilla en el Bernabéu, García Plaza reflexionó sobre la polémica que salpica al estamento arbitral en LaLiga: "Los que más se quejan son los que menos se tienen que quejar: Madrid, Barça y Atlético. Llevo mucho tiempo en esto y es siempre la misma historia". Resulta bastante irónico que el club blanco alimente el relato de una competición viciada mientras los nervionenses siguen atrapados en un bucle cada vez que visitan su estadio. Por más que cambien los actores, el guion siempre parece escrito de antemano. El Sevilla se marcha de la capital con la cabeza alta y un gen competitivo innegociable. Si bien tiene apenas un punto más que el año pasado a estas alturas, ya ha digerido las tres citas más complejas de la primera vuelta liguera, prolongando sus buenas sensaciones y terminando la jornada en sexta posición. Ahora le toca convertir la indignación por los arbitrajes del Ciutat de València y el Bernabéu en el carburante perfecto para reencontrarse con la victoria ante su público.
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