Julián, la persona
La opinión de Carlos Fernández
Por segundo día consecutivo, Julián no entrenó junto a sus compañeros al encontrarse indispuesto. Hasta la fecha, el argentino había ido cumpliendo a rajatabla sus compromisos profesionales desde que regresó a la disciplina rojiblanca el 10 de agosto. Dos semanas y media después, da la sensación de que algo en la Araña ha dicho basta. Y, llegado este punto, me asalta una pregunta: ¿alguien ha pensado en Julián? Es que da la sensación de que ni él mismo ha sido consciente de los pasos que iba dando. Como si alguien le estuviera llevando por el camino equivocado sin permitirle retroceder. Como si la figura en la que él confiaba para guiarle en su carrera hubiese dejado de lado a la persona para mirar solo por el negocio. Por muy cegado que estés por una comisión, por mucho que consideres que tu representado merece algo más que el Atlético, no todo vale. ¿De verdad podrá Hidalgo sentarse en una mesa con Julián y mirarle a la cara? Es imposible entender cómo nadie ha pensado en el Julián persona. ¿Nadie en su familia vio que estaban entrando en un callejón sin salida? Hemos visto al entorno más cercano a Julián disfrutando en el Metropolitano cantando el himno del Atlético. Porque, aunque alguien se empeñe en vender lo contrario, Julián y su familia eran muy felices de rojiblancos. ¿Y cómo han dejado que esto llegase a este punto? El sueño de jugar en el Barcelona no puede estar por encima de la persona. Y aquí lo ha devorado. No me imagino que en esa casa nadie pusiese algo de cordura a una situación que estaba condenada a terminar así. Desde hace meses, el Atlético cerró la puerta a una salida rumbo a la Ciudad Condal. ¿De verdad su esposa, sus padres y sus hermanos seguían creyendo que era posible? Hemos llegado a los últimos compases del mercado de fichajes con un jugador ‘ausente’ y con la enésima negativa del Atlético a una operación con el Barcelona. Y es precisamente desde Barcelona desde donde se alimentó un sueño imposible. Club y prensa jugaron un papel decisivo para que la película no tuviese nunca fin cuando uno de los grandes protagonistas, el Atlético, ya había dejado clara su postura. Ahora, todos esos que alimentaron la situación con shows mediáticos se llevan las manos a la cabeza. Ahora resulta que se preocupan por Julián. Mientras se llenaban los bolsillos, lo que pudiese pasarle al chico daba igual. Y claro que Julián habrá cometido errores o no habrá tenido la suficiente personalidad para evitar meterse en este pozo. Es difícil saber cómo habríamos actuado los demás si todo lo que te rodea te pinta la vida como una película. El caso es que Julián ya está metido hasta el fondo y resulta desolador que nadie se haya parado un segundo a pensar en él. Ojalá estemos a tiempo de que alguien sin intereses decida pensar en Julián, la persona.
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