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Soccer

El país de Unai Simón

El borde del área, por José Luis Hurtado

· 428 words

En una semana muy triste, en un país en el que el 'disculpen las molestias' ya es tan habitual que parece una sintonía del despertador, en el que molesta más Marcos Llorente que los profesionales del embuste, hay que rescatar a Unai Simón, autor de un discurso prodigioso en la tierra de Churchill y Gordon Banks. En poco más de dos minutos, sin leer, con ojos de linterna de agradecimiento por ser elegido el mejor del mundo, el guardameta se enseñoreó del escenario con lo más alejado posible de un mitin, la serpiente de palabras de odio de nuestros días. En el colmo de las provocaciones había viajado hasta Londres en Vueling. En tiempos de marketing y tonteo, con obsesión por las distinciones individuales, la alocución de Unai Simón se podría entregar de regalo en los comercios al vender cada una de las camisetas de los jugadores, esas que valen 150 pavos. A la vez, los entrenadores de cantera deberían forrar las paredes de los vestuarios con cuadros con la alocución del portero del Athletic. Habría que tocar esa distinción antes de un entrenamiento como se toca el cartelón de This is Anfield. No era la conferencia de un tipo devorado por el ego tras ser elegido el mejor portero del mundo, era lo que se le había ocurrido a un amigo, un enviado especial de la cuadrilla a esa nube de perfumes que es la gala del Balón de Oro. Para desgracia de la viralidad, Unai ni siquiera tuvo el detalle grosero y grotesco de pasarse el trofeo por la entrepierna. Elegante, sobrio y eficaz, hay que ser muy paisano, amigo y caballero para nombrar en el escenario a tres antidivos: De Marcos, Lekue y Guruzeta. Imagino que la mitad de los asistentes en el teatro no sabía que se trataba de tres futbolistas. Unai también contribuyó a mirar Google y Wikipedia. Ya iba camino de alcanzar la obra maestra de la plática cuando nombró a Iribar, el guardián del santoral de los porteros del Athletic, el felino que atrapaba los balones con las dos manos, una extravagancia en este siglo. Ahí, en ese momento, sólo le faltó a Unai Simón untarse los codos de barro, ponerse una gorra y enseñar una camiseta del Chopo. Nadie es perfecto. En tiempos de prepotencia, soberbia, chulería y altanería (no hace falta citar ejemplos), Unai Simón exhibió otro modo de comportamiento. Ya puestos, lo más lógico es que el próximo premio lo recoja entre pinchos, zuritos y colegas. El país de Unai Simón no debería ser una excepción. Lo es.

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Sunday, November 1, 2026

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