Skip to content
Gigantum.net
Soccer

Marco Balich, el mago de las ceremonias FIFA y olímpicas: “Crean identidad, es dinero bien invertido”

El italiano ha dirigido este año las tres ceremonias inaugurales del Mundial de fútbol y la de los Juegos de Milán-Cortina. Desembarca en Madrid con el espectáculo 'The Island of Neverland'

· 2,312 words

Por lo general, el trabajo de Marco Balich (Venecia, 1962) consiste en generar momentos mágicos pero efímeros. Estos días está en Madrid para presentar ‘The Island of Neverland’, un novedoso espectáculo 360º digno de Las Vegas que estará en la capital española por tiempo limitado. Balich es de sobra conocido en el entorno FIFA y en el mundo olímpico. Acaba de hacer frente a un reto mayúsculo este año, con la creación y dirección de las tres ceremonias de apertura del reciente Mundial de fútbol, y la inauguración de los Juegos de Invierno de Milán-Cortina. Algo sabe de esto, pues ya ha trabajado en 16 ceremonias olímpicas. Pregunta. Ha venido a Madrid para presentar el espectáculo de ‘Island of Neverland’ que nada tiene que ver el trabajo que viene de hacer como director de las ceremonias del Mundial de fútbol. ¿Cómo es que se ha involucrado en este proyecto? Respuesta. La idea es aportar nuestra experiencia en la creación de grandes momentos emocionales, momentos muy grandes y hermosos. Lo hacemos junto a Letsgo e Iñaki Fernández, que son especialistas en experiencias inmersivas y proyectos que son muy interesantes. Así trasladamos nuestra idea de la emoción a este nuevo formato, que consta de tres momentos. Uno en el exterior, donde interactúas con la gente; luego entras en la carpa y te encuentras con actores reales haciendo cosas alocadas al principio; y finalmente llegas al desenlace en este mundo de Nunca Jamás, que sirve de excusa para permitir que la gente sueñe, sonría y comprenda que la magia es humana y que la humanidad es magia. Siempre hago la referencia sobre por qué el deporte es tan importante hoy en día: porque el deporte no es inteligencia artificial; el deporte son personas esforzándose. No hay nada de inteligencia artificial de por medio, todo es humano, emocional, con un sentido de la belleza y de la imaginación, especialmente para los niños más pequeños, para que entiendan que la magia es algo hermoso y que no todo se reduce a hacer scroll en las redes sociales. P. ¿Pero cree que este mundo de magia que es Neverland puede despertar también algo en los adultos? R. Claro que sí, porque nos acostumbramos a pensar: "Vale, ya lo sé todo". Pero ver algo que te hace soñar y desconectar es muy importante. El nivel de acrobacias que tenemos aquí está a la altura de los grandes espectáculos de Las Vegas y es algo que digo con orgullo. Así que realmente espero que la gente —todas esas familias amantes también del deporte— venga y disfrute de un espectáculo hermoso, limpio y lleno de energía, con muchas sorpresas. Creo que tenemos algo muy especial aquí. […] De verdad invito a la gente a asistir... Por cierto, las entradas son muy asequibles: cuestan 35 euros. Es un espectáculo magnífico. En Las Vegas, los precios empiezan en 150 euros o más; aquí, en cambio, disfrutas de un gran espectáculo a un precio muy económico. Estoy convencido de que quienes vengan recomendarán la experiencia a otros. P. Este espectáculo es muy diferente a lo que usted viene de hacer, porque aquí representan la misma función todos los días. En cambio, cuando crea una ceremonia especial para los Juegos Olímpicos o el Mundial de fútbol, se trata de un momento único en la vida y necesita causar impacto. ¿Podrías explicar su proceso de creación para las ceremonias? R. La diferencia entre un espectáculo permanente, que se estrena aquí y luego recorre el mundo, y otros eventos, es que este espectáculo es como un niño pequeño: crece, se adapta y cambia. La función que veamos dentro de un año probablemente será ligeramente diferente, y para mejor. En las ceremonias, en cambio, trabajas y trabajas intensamente, y luego... se acabó. Así es como funciona: se hace y termina ahí. Pero esta idea de preparar algo que genere un gran impacto es, en realidad, el reflejo de nuestra experiencia plasmado en este espectáculo. No se trata de un ejercicio intelectual ni de algo trivial para niños; es algo que transmite valores. El objetivo aquí es —como bien dijiste— recordar que, incluso como adultos, a veces olvidamos lo hermosa que es la magia y cómo la fantasía puede ser un soplo de aire fresco frente a esa rutina de "tengo que ir aquí, tengo que ir allá, tengo que entregar el artículo". Para mí es muy importante que, aunque ‘Neverland’ sea una historia conocida, sirva como herramienta para crear algo muy especial en el interior de quien la contempla. P. Usted ha trabajado en ceremonias como las de los Juegos de Río o Tokio. ¿Cómo hace para entender sus culturas y plasmarlas en las ceremonias? ¿Cómo elige el mensaje que desea transmitir? R. Bueno, cuando realizas ceremonias, se trata de un trabajo en equipo. Así, se forma un equipo muy internacional en el que incluimos en estos casos a personas de Brasil o Japón para que trabajen con nosotros. Por lo general, en estas ceremonias dejamos que la gente local desarrolle parte del mensaje y, sobre todo, la identidad. Luego, tomamos esa identidad y la potenciamos al máximo; la transformamos en algo grandioso. En el caso de The Island of Neverland ocurrió lo contrario: partimos de una gran visión y la condensamos en algo pequeño, pero sumamente impactante. P. ¿Puede gastar todo el dinero que quiera para preparar una ceremonia olímpica o se establece un presupuesto? R. Hay que distinguir entre los Juegos Olímpicos de Invierno y los de Verano. En los de Verano, la ceremonia cuesta entre 100 y 200 millones. Los de Invierno cuestan entre 50 y 100. Sigue siendo mucho dinero. A menudo me dicen que con ese dinero no podríamos construir escuelas u hospitales en lugar de malgastarlo en algo que dura tres horas y luego desaparece. Pero yo siempre me fijo —porque ahora soy un experto y de hecho soy quien más ceremonias olímpicas ha realizado— en los gastos militares. Y resulta que, por el coste de dos helicópteros [militares] de cien millones celebras la identidad de una nación, sus raíces y su orgullo. Y eso es muy útil, porque por ejemplo en un Mundial si no, todo recae únicamente en la selección nacional de fútbol. No se puede dejar el orgullo de una nación exclusivamente en manos de la selección de fútbol. Por ejemplo, yo hice la ceremonia de apertura de los Juegos de Invierno de Milán-Cortina. Fue en un momento en que el mundo estaba muy dividido. Intenté transmitir una sensación de armonía y la idea de que estamos juntos en este mundo, compartiendo el mismo planeta. Eso realmente creó un hermoso sentimiento de comunidad en torno al deporte. Los deportes de invierno no son tan populares, pero todo el mundo empieza a pensar: “Vaya, estamos unidos y el deporte forma parte de nuestro ADN”. Por eso creo que realmente ayuda a crear identidad. Considero que es dinero bien invertido. P. ¿Y estas ceremonias las diseña pensando en los espectadores que la siguen en la televisión, para los que están en el estadio o busca el equilibrio? R. Siempre trabajas pensando en que debes generar energía en la ceremonia con el público presente, pero sabes que también tiene que verse bien en televisión. Por ejemplo, en la ceremonia de Nueva York del Mundial de fútbol cubrimos el campo con una tela que tenía un diseño. Era precioso para la gente que estaba allí, pero en los primeros planos también lucía muy bien en televisión. Así que siempre hay que pensar en esa doble perspectiva. Fue muy complicado lo de la Copa Mundial de la FIFA porque la inauguración implicaba tres países en veinticuatro horas […] En la ceremonia de Nueva York, cuando aparecen los rascacielos en el campo y después la copa, el plano televisivo, con los tonos dorados y todo lo demás, quedó muy bien. Pero para el público presente, ver todos esos rascacielos —el Empire State, el Chrysler, etcétera— también resultó impresionante y magnífico. Hay que tener en cuenta que debes generar energía en el lugar. Si simplemente haces un programa de televisión, a nadie le importa. P. Ha mencionado las tres ceremonias en 24 horas (Ciudad de México, Nueva York y Toronto). ¿Ha sido el mayor reto de su carrera? R. Uno de los mayores, sí. Cada equipo para realizar la ceremonia consta de unas 400 o 500 personas, así que cuentas con 1.500 personas y no puedes controlar a todas ni puedes controlar todos los problemas que surgen a cada minuto. Coordinar a tres equipos a la vez fue muy complicado porque los tres países esperaban tener una gran ceremonia. Era un tema político, así que teníamos que cuidar las tres ceremonias por igual. Pero creo que lo logramos y, de hecho, al final quedó muy bien. Estoy muy orgulloso. P. ¿Por qué es tan importante contar con estrellas internacionales (deportistas, artistas) en este tipo de ceremonias? ¿Son importantes para conectar con el espectador? R. Yo tengo un punto de vista diferente que siempre expreso. Si tienes un espectáculo... digamos, el descanso de la Super Bowl, ahí necesitan un artista. Pero en una ceremonia olímpica, no. Puedes tener alguna, como sucedió en Barcelona 92, pero la ceremonia es más importante que la celebridad. A veces, la necesidad de incluir a famosos responde al deseo de conectar con diferentes partes del planeta. Por ejemplo, en Milán-Cortina contamos con Lang Lang al piano, lo que atrajo mucha atención desde China. Tuvimos a Charlize Theron hablando de Nelson Mandela, lo que hizo que mucha gente de Sudáfrica y de África en general prestara atención. También estuvo Laura Pausini, por supuesto, dado el contexto italiano. Lo bueno de las celebridades en los Juegos Olímpicos o en la Copa Mundial de la FIFA es que no cobran una tarifa elevada porque quieren estar ahí... Por ejemplo, en la ceremonia olímpica se paga lo mismo: 10.000 euros, y punto. Seas quien seas —Charlize Theron, Bocelli...—, son 10.000. Y la gente viene porque les gusta formar parte de esa comunidad; Mariah Carey, 10.000 euros. Y se respira un ambiente muy bueno, porque estás ahí porque quieres estar, no porque te paguen. Y eso cambió por completo la energía de todo. P. ¿Le gustaría dirigir un show del descanso de la Super Bowl? R. Me gusta dirigir de todo, absolutamente de todo, pero el espectáculo del descanso de la Super Bowl depende realmente del artista, porque normalmente es el artista quien elige al director. Y yo no paso mucho tiempo en Los Ángeles diciendo: "Oh, eres buenísimo, me gusta como piensas". Pero, al final es el único espectáculo que no he hecho. He dirigido los Juegos Asiáticos, los Juegos Panamericanos —dos veces—, la UEFA, la Copa de África, El Bicentenario de México en 2010… Así que estoy abierto a hacer cosas diferentes. Y este proyecto de Neverland supone un gran desafío; es una inversión importante, de 7 millones. Es agradable participar; en este caso actuamos como productores, así que ayudamos, pero los dos directores son Simone Ferrari y Lulu Elbe. Pero, en general, el espectáculo del descanso de la Super Bowl es muy importante en el mundo occidental. Si vas a otras partes del mundo, y ahí radica la diferencia con los Juegos Olímpicos o la FIFA, el espectáculo del descanso de la Super Bowl es algo del mundo occidental, principalmente de Estados Unidos. La FIFA es global. P. Cuando dirige una ceremonia paralímpica, ¿la aborda de manera diferente? ¿El mensaje es el mismo? R. Trato a los deportistas paralímpicos como a cualquier deportista. No quiero marcar diferencias, no quiero generar lástima. Quiero mostrar lo fuertes que son. Y creo que representan el valor del deporte de la mejor manera posible. Y funciona a la inversa. Ellos me inspiran a mí, más que yo a ellos, porque son muy valientes y siento un enorme respeto por ellos. Por lo tanto, intento celebrar la fortaleza que representan. De hecho, el año pasado estuve en las Special Olympics que son para personas con discapacidad y fue algo precioso y muy especial. Ver allí a los padres —de Japón, Malasia, India— y verlos a todos juntos... fue una emoción inmensa, realmente enorme. El espectáculo era sencillo, pero disfruto mucho haciéndolo y sabes que has llegado a la gente cuando los ves llorar y abrazarse. P. ¿Qué simboliza para usted el encendido del pebetero olímpico? R. El encendido del pebetero suele ser el final del espectáculo. Por ejemplo, para Milán-Cortina, diseñé el pebetero y fue un gran éxito; me inspiré en Leonardo da Vinci y en un pequeño juguete llamado ‘Hoberman’, una bola de plástico que se abre. Así que era un pebetero dinámico. En Barcelona 92 hubo una llama enorme, pero ahora la sostenibilidad no lo permite; hay que tener una llama pequeña amplificada mediante efectos especiales. Estaba situado en el Arco de la Paz. Cada noche poníamos música y se abría cada hora. Miles y miles de personas acudían y esperaban ese momento, con la música subiendo y bajando de intensidad. Realmente generaba una energía y un impacto maravilloso en las redes sociales. P. ¿De qué ceremonia se siente más orgulloso? R. Es como preguntar cuál es tu hijo favorito. No podría decirlo, porque cada ceremonia forma parte de mi vida y de mi esfuerzo. Disfruté cada una de ellas por motivos diferentes. P. ¿Podría ser su próxima gran ceremonia la del Mundial de fútbol de 2030? R. Me encantaría participar. Sí, porque abarcaría dos continentes. Vivimos una situación con África en que el tema de la inmigración es muy complicado y difícil, y donde no hay una respuesta única de blanco o negro. Tenemos que encontrar la manera de gestionar estos grandes acontecimientos. Sería muy interesante contar con una ceremonia que uniera en lugar de separar. P. ¿Se ve organizando una ceremonia en el Santiago Bernabéu? R. No lo sé. Dejemos que la FIFA decida eso.

Topics in this story

Gathered from external sources. Rights to this text belong to whoever originally published it.

Tuesday, October 6, 2026

© 2026 Gigantum.net. Content gathered automatically from external sources; rights to each text belong to whoever originally published it.