Alabama abre una solución a los estadios de fútbol copiando al Augusta National
El sistema SubAir del Bryant-Denny puede servir como modelo para aplicarlo al fútbol europeo
El pasado sábado tuvo lugar una de las grandes rivalidades del fútbol americano universitario. Hablamos del partido entre Georgia, segundo del ranking, y Alabama, sexto, disputado en el estadio Bryant-Denny. Un duelo que se disputó bajo la amenaza del huracán Isaias. No obstante, el encuentro se llevo a cabo sin ningún inconveniente gracias a un sistema innovador en el césped del estadio. El campo del Bryant-Denny, con capacidad para 100.077 espectadores, es capaz de soportar lluvias intensas gracias a una renovación realizada en 2023, en la que Alabama instaló un sistema SubAir, el mismo tipo de tecnología que se utiliza en el Augusta National Golf Club, sede del Masters. Según un reportaje de Yea Alabama, bajo el Saban Field discurre una extensa red de tuberías y equipos diseñada para eliminar el exceso de agua, hacer circular el aire a través del suelo e incluso calentar las raíces del césped durante los meses fríos. Jon DeWitt, director de instalaciones deportivas de Alabama, explicó que el campo anterior databa de 1991 y carecía de una capa de grava en su base, lo que provocó problemas de drenaje con el paso del tiempo. La remodelación de 2023 se construyó con un diseño similar al de un campo de golf: 25 centímetros de arena sobre 10 centímetros de grava, con unos 2.134 metros de tubería de drenaje subterránea. La cifra que mejor resume la diferencia la aportó Trey Crabill, vicepresidente de SubAir Systems. Y es que, lo que un campo estándar drena en una hora, uno con SubAir lo drena en poco menos de tres minutos. Lo más curioso es el origen de la tecnología. Según Crabill, SubAir nació para mejorar las condiciones de los greens de golf moviendo aire a través del sistema radicular, lo que ayudaba a que el césped se recuperara y se mantuviera más sano, sobre todo en zonas con condiciones de cultivo difíciles. Fue durante ese proceso cuando los desarrolladores descubrieron que podían invertir el flujo de aire y usarlo para extraer humedad del suelo. La idea original no tenía nada que ver con el agua, sino con la salud de la superficie. Esa historia viene a explicar que la solución a un problema de drenaje llegó desde un deporte que no tiene nada que ver con el que se juega encima. Y ahí es donde Europa debería prestar atención. Cualquiera que siga el fútbol en el continente conoce la escena que todavía se sigue viendo en algunos campos de fútbol. Un temporal de otoño o invierno, un campo encharcado, un balón que no rueda y un árbitro inspeccionando el césped antes de decidir si se juega. Hay estadios con sistemas avanzados, pero no es la norma, y muchos clubes, sobre todo los de menor presupuesto, dependen todavía de drenajes convencionales que se saturan en cuanto la lluvia aprieta. Aquí es donde alguien en Europa podría encender la bombilla. Si un estadio de 100.077 localidades puede preparar su césped para resistir un huracán de categoría 3 con una estructura de capas de arena y grava, tuberías y un sistema de aire inspirado en el golf, ¿qué impide que un club europeo haga lo mismo para sobrevivir a una tormenta ocasional? El argumento económico pesa, pero también el deportivo. Un césped que drena en minutos protege el espectáculo, evita aplazamientos que descolocan calendarios y televisiones, y reduce el riesgo de lesiones en superficies deterioradas. Además, el sistema no solo sirve contra el exceso de agua. Al poder hacer circular aire y calentar las raíces en los meses fríos, aborda también otro problema muy europeo como son los campos helados y castigados del invierno. Una sola inversión que atiende lluvia, frío y salud del césped es un argumento difícil de ignorar para cualquier director de instalaciones.
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