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Sunday, August 30, 2026

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Soccer

El Bernabéu se reconcilia con el Madrid

Los blancos se imponen al Málaga en un notable partido colectivo, con Bellingham estelar, y la hinchada reconoce esfuerzo y juego. Los de Funes resisten pagan la inexperiencia

· 785 words

El Bernabéu no protesta por capricho. Es exigente, como reconoció Mourinho, y ese rasgo construye los títulos. Por eso reconoce cuando un equipo que puede, quiere. El Madrid del nuevo curso está volviendo a enganchar a su gente con sudor y fútbol. Cierto que el Málaga es un recién ascendido, pero cuántos partidos ante adversarios menores se perdieron en la mediocridad de los últimos dos años. Tiene razones Mourinho para sentirse satisfecho con su equipo. Y no se equivoquen porque, pese a la derrota, también el malaguismo tiene motivos para ilusionarse. Un equipo de la casa, con personalidad y atrevimiento, capaz de levantarse de un vendaval de diez minutos y no descomponerse. Ni siguiera ante el mejor Bellingham desde aquella irrupción deslumbrante en la Liga. Miles de malaguistas aprovecharon el último coletazo de agosto para rematar las vacaciones en el Santiago Bernabéu. Volver al coliseo blanco es siempre una fiesta, pero hacerlo tras tantos años de barro y con un equipo de canteranos liderados por Funes llena de orgullo. El profesor que reconvirtió a un candidato al descenso en equipo de Primera preparó el duelo como en el Metropolitano. Se han ganado el derecho a disfrutar. Y allí se plantaron, con Chupe, Recio, Izan o Larrubia, que fue el primero en avisar con una diagonal a los 20 segundos. Claro que la réplica fue vertiginosa, con volea de Trent cerca de la escuadra. 38 segundos y el partido prometía. Porque el Madrid de rotación rompió a jugar ante el joven equipo malaguista. Mourinho cambió laterales, dio vuelo a Camavinga en el medio, a Rüdiger atrás y a Brahim en derecha. Valverde en el eje y la BMV, inamovibles. Cualquiera los quita. Especialmente a Bellingham, imponente como en sus inicios con la blanca. Controló en línea de medios, tiró la diagonal desde la izquierda, se zafó de Izan, de Galilea y de Garrido y construyó un golazo monumental, batiendo por bajo a Herrero. Se revisó el braceo de Jude en el arranque, que era poca cosa, pero el VAR y Martínez Munuera validaron con tino. Por mucho menos se anularon en el pasado decenas de goles. El tanto aturdió al Málaga, que no acertó a trabar el fútbol blanco. Preciso, paciente y, cuando la situación lo requería, rápido. Con la baza de Trent en la derecha, que tiene un guante y su amenaza de centro ya obliga al rival a protegerse. Desde ese costado llegó el segundo, en un reverso de Kylian que sacó Herrero con una mano estupenda, pero rebañó Jude de cabeza, trató de salvar Puga pero el despeje rebotó en el portero. Autogol, aunque no quería. Dicho está el valor de Trent en partidos de dominio amplio, y a él hay que atribuirle un buen porcentaje del tercero. El centro atrás, tenso, perfecto, permitió a Mbappé volear con la diestra y poner el 4 en su cuenta de Pichichi. Brilló el Madrid en ese medio partido, aunque el Málaga igualó estadísticas en el tramo final. Un remate de Rafa al palo en un córner ensayado y otro de Chupe al lateral de la red subrayó el descaro y las buenas hechuras del equipo malaguista, pese al castigo severo al descanso. Pero es que los blancos concedieron poco, con Brahim aplicándose en coberturas y Vini sumando kilómetros para ayudar al equipo. A falta de duende individual, firmeza colectiva. Cambió Funes en el descanso a Rafa, aunque no había estado mal. Pero algo tenía que hacer para alterar una dinámica que apuntaba a goleada. Logró, al menos, bajar las revoluciones a un duelo que los blancos controlaban sin mucho esfuerzo. De hecho, sumaron un palo en otra irrupción incontenible de Bellingham, por izquierda y de zurda, que estrelló en el poste. Imperial el inglés, que cuando zidanea es incontenible. El Bernabéu se lo estaba pasando bien. Tanto que aplaudió a rabiar una presión de Cucurella y Valverde en banda. El esfuerzo suele conducir al buen juego. El bajón del Madrid permitió crecer al Málaga, revitalizado con los cambios. Juan Cruz buscó la escuadra, y Larrubia dejó perlas de clase, como un caño a Camavinga de alta escuela. Lo que sorprendió fue que Mourinho no agotara cambios. Metió a Diomande, Arda, excelente en el cuarto tanto, ya en la prolongación, y Bernardo. Sin tocar a Vini, que firmó otra asistencia, y Mbappé. Sí cambió al final a Bellingham, que puso en pie al Bernabéu no sólo por su gol y su juego. También por su jerarquía y el liderazgo para abroncar a sus compañeros por no bajar en una contra del Málaga. Su transformación también explica el cambiazo del Madrid. El viernes en La Cartuja tendrá una prueba de alta dificultad para consolidar su clara mejoría.

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