Rodrygo, cada vez más cerca
El brasileño tocó balón por primera vez en Valdebebas, un paso más en su recuperación de la rotura de cruzado y menisco del pasado marzo; su vuelta sigue prevista entre diciembre y enero
Rodrygo Goes dio este lunes uno de los pasos más esperados de su calvario particular. El brasileño volvió a acariciar el balón en Valdebebas, un gesto en apariencia rutinario que, para quien lleva más de medio año alejado del césped, sabe a gran acontecimiento. Fue el último peldaño de una escalera que el extremo sube con paciencia desde el pasado invierno, y que empieza, por fin, a vislumbrar su final. Para entender la magnitud del momento hay que remontarse a aquella fatídica noche del 2 de marzo. Ante el Getafe, en el Bernabéu, todo se le nubló al brasileño en una acción desgraciada que le cambió la temporada. El diagnóstico, demoledor. Rotura del ligamento cruzado anterior y del menisco externo de la rodilla derecha, la lesión más grave de su carrera. Un mazazo que lo apartó del tramo decisivo del curso pasado y, con especial crueldad, del Mundial que soñaba disputar con Brasil a las órdenes de Carlo Ancelotti. El 10 de marzo pasó por el quirófano, y con la operación arrancó una travesía de paciencia estimada para ocho o nueve meses de rehabilitación. Desde entonces, Rodrygo ha ido quemando etapas sin prisa pero sin pausa, consciente de que en las lesiones de este calibre las prisas son malas consejeras. El club, de hecho, ha marcado el ritmo con mano firme, decidido a no acelerar un solo día los plazos. El primer gran hito llegó a comienzos de septiembre, cuando el brasileño reapareció sobre el césped de la Ciudad Deportiva para realizar carrera continua al margen del grupo. "¡Qué buena sensación volver a correr en el campo!", celebró entonces en sus redes, con la ilusión del que atisba la luz al final del túnel. De aquel trote controlado al balón de hoy median semanas de trabajo. Ahora, con el cuero de nuevo en sus botas, Rodrygo encara la recta final de un proceso cuya meta sigue fijada entre diciembre y enero. Aún queda camino, el más delicado quizá, el de recuperar las sensaciones, el ritmo de competición y la confianza plena en una rodilla que hubo que reconstruir. De cerca sigue su evolución Carlo Ancelotti, que el mes pasado se acercó a Valdebebas para interesarse por su estado y el del resto de brasileños, consciente de que el brasileño es una pieza que también entra en sus planes con la selección. Pero el peor tramo ya ha quedado atrás, y Rodrygo se acerca poco a poco al reencuentro con un equipo que, entre tanto, ha cambiado de piel. Porque la lesión le ha privado de algo más que de jugar: no ha podido ponerse aún a las órdenes de Mourinho, que todavía no ha dirigido a un Rodrygo sano y que ni siquiera pudo contar con él en la pretemporada. No es Rodrygo, además, el único que empieza a ver la luz en una enfermería que poco a poco se vacía. Éder Militao, otro de los brasileños de largo recorrido, ya trota junto a sus compañeros y recibió la semana pasada la visita en Valdebebas del equipo médico que lo operó en Finlandia, señal de que su vuelta está más cerca que nunca. También Ferland Mendy avanza en su puesta a punto y se le ve tocando balón. Tres regresos escalonados que, uno tras otro, devolverán a Mourinho unos efectivos que la mala fortuna le ha negado durante buena parte de este arranque de curso.
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