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Romero se aplica un tercer grado

El argentino aparece a última hora para agradecer una maravilla de Baena y resolver un duelo que antes registra el gol de Grimaldo, el penalti que marca Boyé y la roja de Ángel Pérez

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Privado de libertad ofensiva casi todo el partido para marcar la línea atrás, el Cuti se permitió un tercer grado visto que aquello declinaba, visto que su equipo no aprovechaba la superioridad numérica que arrastraba desde que Ángel Pérez afeó su notable tarde clavando los tacos a Julián (y desde que a la tecnología le dio por avisar) y visto que sus compañeros se habían empeñado en tirar centros ante la presencia del inefable Sorloth. También es verdad que una cosa es un centro y otra el caramelo que sirvió Baena con el exterior, el caso es que el argentino apareció por allí para regalar con la testa un triunfo de última hora. Si aquello andaba en equilibrio, conviene recordarlo desde ya, era porque, cuando estaba a punto de llegar a la desembocadura el primer acto sin que el Alavés encontrara modo de meter cuchara a la desventaja que arrastraba, y de natural solidario como es, también se encargó el Atlético de hacer todo lo posible para que, efectivamente, volviera el empate al marcador. Los que ya venían siendo sus elementos más sospechosos protagonizaron las tropelías, además, lo que por otra parte tiene una lógica aplastante. Lookman y Le Normand, Le Normand y Lookman, tanto monta... Primero el extremo, regalando una falta tan dura como absurda al borde del área; después el central, con el agarrón de siempre y el valor añadido esta vez de hacerlo cuando el del silbato acababa de avisarlo para que no lo hiciera. Eso refuerza la teoría de que sobran esas charlas de los colegiados, total no les hacen ni caso. No falló Boyé desde el punto, tampoco se esperaba otra cosa con lo que había enfrente, quede constancia también de que la revisión previa, no fuera a ser, resultó tan larga como acorde a este fútbol moderno. Así que al entreacto se llegó con equilibrio después de un primer acto al que el Atlético compareció incómodo, con Ángel Pérez probando suerte dos veces desde esa banda que se le queda corta, pero en el que fue tratando de hacerse fuerte a partir de la pelota. El problema en ese sentido es que el tiempo de posesión rojiblanco venía marcado por lo que tardara la redonda en llegar a Lookman, auténtica máquina de extravíos. Hasta 11 antes del descanso. Dio en todo caso para que probaran suerte Jonathan David y Llorente, en lo que venía siendo un partido de alternativas. Llevaba un rato el litigio en el que si alguien se lleva las porterías el resto del personal ni se entera, pero de repente Grimaldo tiró una especie de taco a Jonathan y Grimaldo terminó embocando de zurda para agradecer la asistencia del canadiense. Se redimía por ahí el carrilero visitante después de que le hubiera tocado bailar con la más fea en defensa, para establecer una diferencia que estuvo a punto de doblar desde lejos poco después y con la que en todo caso, como procuraron relatar los párrafos anteriores, se terminaron fumando un puro dos de sus compañeros a última hora. Prescindió Simeone de Lookman después, dejando sobre el pasto aún a un Le Normand que con tarjeta era un peligro público y al que de hecho retiró justo después de que el Alavés se quedara con uno menos. Había tirado El Cholo de arsenal (Julián, Baena, Kang-in, Hancko...), pero eso apenas servía para monopolizar la función hasta el balcón del área. Ibáñez se encargó de correr por dos para que la inferioridad no fuera tanta y Quique también fue poniendo de su parte desde el banquillo, pero la ley del fútbol suele castigar al que perdona: tuvo una contra evidente un Mariano de refresco para el segundo local... y ya se sabe cómo termina la película en situaciones similares. Viniendo del grado III, se llegó al tercer grado. Cosas del fútbol español, claro. Y del argentino, en este caso.

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Saturday, October 10, 2026

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