Sigue el festival de España en el Mundial: ¡Neira es campeona del mundo!
La española brilla en la prueba junior femenina tras la plata de Héctor Álvarez en el sub 23
La corredora de Movistar levantó la vista hacia el Mont Royal y decidió que Montreal no se iba a resolver sin ella. El Mundial júnior femenino estalló en el tramo final y allí estaba, donde suelen aparecer las que no tienen miedo a jugárselo todo: al frente, flanqueada por la italiana Matilde Rossignoli y la suiza Anja Grossmann, en una fuga de tres que dejó al resto persiguiendo sombras. No hubo tiempo para la duda. Neira llevaba toda la carrera apretando cuando las demás preferían esperar, y en la última vuelta volvió a tirar de la goma. A 6,4 kilómetros de meta lanzó el ataque que terminó de partir la prueba en dos: solo tres nombres sobrevivieron al filtro. Detrás, Maria Okrucińska y Mirthe Mons cruzaron una mirada que lo decía todo —tocaba remar, y remar fuerte. La ventaja, sin embargo, nunca dio pie a la calma. Ocho kilómetros por delante, quince segundos sobre las perseguidoras más cercanas, treinta y dos sobre el pelotón grande: lo justo para soñar, lo justo también para no dejar de mirar atrás. Las tres siguieron rodando, pero algo había cambiado en el gesto. Los relevos se acortaron. Las miradas, en cambio, se alargaron. Ya no quedaba pelotón ahí detrás. Quedaba una medalla, y solo una forma de perderla. El circuito había hecho su trabajo mucho antes de que empezara el drama final. Seis veces la Voie Camillien-Houde, 1,7 kilómetros al 7,7% repetidos hasta la extenuación en 80,4 kilómetros de carrera, fueron lijando el pelotón como quien lija madera vieja. No hubo escondite posible. Cada repecho dejaba corredoras tiradas en la cuneta, hasta que solo sobrevivió quien de verdad tenía algo que decir en Montreal. Y Neira, uno de los fichajes estrella de un Movistar donde corre Paula Ostiz que ganó el año pasado en Ruanda, no estaba allí por casualidad. Dieciséis top-10 en lo que va de temporada -la mejor cifra de todo el pelotón presente en el Mundial- hablan de una corredora que sabía perfectamente a qué había venido. Su ataque no fue un golpe de suerte: fue la confirmación de un año entero escrito en las piernas. Con la última cota ya digerida, Neira, Rossignoli y Grossmann afrontaron los kilómetros decisivos sin perder de vista lo que dejaban atrás. Okrucińska seguía negándose a soltar la cuerda, y cualquier segundo podía cambiarlo todo todavía. Delante, tres corredoras, tres países, un arcoíris que aún no tenía dueño. Llegó el momento de la verdad: la española se jugó el sprint contra cuatro rivales más en total, atacó en el instante exacto -pese a que antes se quedó cortada- y se llevó el oro. "No me lo creo, ¿es para mí?", dijo. El podio lo confirmó. España se sale en este Mundial. Neira todavía no sabía muy bien qué hacer con todo lo que acababa de pasar. Había cruzado la meta, había ganado el Mundial y llevaba el arcoíris sobre los hombros, pero su cabeza seguía varios metros atrás, atrapada en un final de auténtica locura. “No puedo creerlo. Es el mejor día de mi vida. No puedo creer que sea campeona del mundo. Es increíble”, acertó a decir nada más terminar, todavía desbordada por una victoria que parecía imposible apenas unos instantes antes. Porque Neira tuvo que ganar el Mundial varias veces en los últimos metros. Se vio tercera, después perdió posiciones y llegó a pensar que el sueño se escapaba cuando aparecieron algunas de las grandes velocistas. “Perdí un poco la confianza porque sabía que había rivales muy rápidas”, admitió. Pero no se rindió. Aguantó, buscó su hueco y, cuando descubrió que todavía tenía piernas para remontar, se lanzó a por todo. “Cuando vi que tenía suficiente para pasar... ¡guau!”. Y pasó. Hasta el oro. El triunfo prolonga además el idilio español con el arcoíris. Un año después del éxito de Paula Ostiz, Neira volvió a colocar a España en lo más alto. Para ella, la conexión lo hace todavía más especial: “Es una gran amiga y ser campeona del mundo después de ella es increíble”. De una campeona a otra. De un arcoíris a otro. España sigue mandando.
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