La advertencia de Samuel Sánchez sobre Benja Noval tras su doble oro: “Luego pasa lo que pasa”
El campeón olímpico, una de las personas que vio crecer al nuevo doble campeón mundial, habla con MARCA del vínculo personal que le une a Noval, de la fábrica asturiana que hay detrás de su éxito y pide calma ante el fenómeno: “No hay que ponerle etiquetas ni metas”
A Samuel Sánchez le cuesta hablar de Benja Noval únicamente como ciclista. Mientras el mundo del ciclismo descubre a un joven capaz de proclamarse campeón del mundo júnior tanto en la contrarreloj como en la prueba en línea, el campeón olímpico mira mucho más atrás. Antes del maillot arcoíris, de las medallas y de que su nombre comenzara a circular por todo el planeta, estaba aquel niño que empezó a pedalear en Asturias y que creció prácticamente delante de sus ojos. “La gente ve al ciclista y yo también veo a la persona”, explica Samuel Sánchez a MARCA. Existe una razón. Noval es íntimo amigo de su hijo, ambos comenzaron a competir juntos en la academia que impulsó el propio exciclista y la relación entre las dos familias trasciende desde hace mucho tiempo las carreteras. “Tengo mucha amistad con su padre. Su padre es padrino de mi hijo”, relata. Por eso, mientras España celebra una de las mayores exhibiciones recientes de su cantera, en Asturias la sensación es todavía más especial. Sánchez admite entre risas que estos días vive casi como si la medalla fuera suya. “¡Parece que gané yo! Me está escribiendo mucha gente”, reconoce. El éxito de Noval contiene además una particularidad que Samuel Sánchez reivindica con orgullo: detrás existe toda una cadena asturiana. “Un ciclista asturiano, de un equipo asturiano y con una bici asturiana”, resume. Una combinación que conduce directamente hasta la Academia y hasta MMR, uno de los grandes apoyos del proyecto desde sus comienzos. Sánchez recuerda especialmente el papel de Daniel Alonso, impulsor de MMR y uno de los hombres decisivos para que aquella idea pudiera mantenerse. “Fue quien tiró para adelante esta academia. Son quienes sufragan gran parte del esfuerzo y de los gastos que hay detrás de un proyecto que lleva muchos años sacando ciclistas hacia el campo profesional”. Porque el caso de Noval no aparece aislado. La Academia se ha convertido con el paso de los años en uno de esos viveros silenciosos que alimentan al ciclismo español mientras los grandes focos apuntan hacia otros lugares. Sánchez recita nombres casi de memoria: Iván Romeo, Markel Beloki, Pelayo Sánchez, Hugo de la Calle, Nil Gimeno, Samuel Fernández, Mario Aparicio o Sergio Romeo, entre otros. “Seguro que me dejo alguno”, reconoce. Algunos ya están en el profesionalismo. Otros están llamando a su puerta. Y Noval, todavía júnior, acaba de conquistar dos arcoíris en cuestión de días. Precisamente ahí aparece la principal preocupación de Samuel Sánchez. El ciclismo moderno acelera cada vez más los procesos. Los jóvenes llegan antes, ganan antes y también reciben comparaciones mucho antes. Después del Mundial de Noval, las etiquetas resultan inevitables. Sánchez pide exactamente lo contrario. “Hay que estar tranquilos, no cargarle presión, no ponerle etiquetas, no ponerle metas. Luego pasa lo que pasa”, advierte. Su receta consiste en permitir que el corredor crezca sin obligarle a convertirse demasiado pronto en aquello que otros imaginen que puede llegar a ser. “Hay que dejarle que sea Benja Noval, que sea él mismo y que poco a poco nos vaya enamorando como ha hecho en la crono y en la ruta. Que todos vayamos descubriendo la clase de ciclista que puede llegar a ser”. Samuel conoce además la otra parte de la ecuación. La que no aparece en televisión. Describe a un joven con los pies en el suelo y un entorno preparado para protegerle de todo el ruido que acaba de generarse alrededor de su figura. “No tiene la cabeza llena de pájaros, porque lo conozco bien. Tiene una familia que le arropa mucho y todos los que estamos a su lado estamos siempre para sumar”. Las dos medallas de oro también sirven para iluminar durante unos días una realidad bastante menos brillante: la supervivencia del ciclismo base español. Samuel Sánchez no la esconde. “Como casi todos los equipos que hay en España en categorías inferiores, se va sobreviviendo como se puede”. Por eso agradece especialmente a los patrocinadores que continúan apostando por proyectos que habitualmente reciben poca exposición. “Creen en el deporte base sin esperar nada a cambio porque la repercusión solamente es grande cuando te toca algo como esto: ganar dos medallas de oro en un Mundial con Benja”. El éxito, sostiene, demuestra la necesidad de mantener estructuras capaces de captar e ilusionar a los niños. “Si no hay proyectos en condiciones, no salen ciclistas”. El problema es que el escenario internacional también está transformándose a enorme velocidad. Las grandes estructuras del WorldTour han comprendido el valor de detectar talento cada vez antes y muchas están creando o reforzando sus propios equipos júnior. Para academias y clubes independientes, el desafío económico aumenta. “En el momento en el que los equipos WorldTour hagan equipos júnior fuertes, para los demás va a ser muy difícil encontrar sustento económico para ponerse a su altura”, avisa Sánchez. Por eso, para Samuel, lo ocurrido en Montreal significa bastante más que las dos victorias de un adolescente extraordinario. Supone comprobar que aquella apuesta iniciada años atrás tenía sentido. Que invertir en escuelas, entrenadores, desplazamientos, bicicletas y carreras puede acabar colocando a un chico formado prácticamente desde niño en Asturias en lo más alto de un Mundial. También explica la emoción de quien vio comenzar toda la historia desde muchísimo antes de que aparecieran las cámaras. Ahora llegará lo más complicado: gestionar lo que viene. Las comparaciones, las expectativas, el salto de categoría, los contratos, los grandes equipos y la obligación aparentemente inevitable de volver a ganar. Samuel Sánchez, precisamente porque conoce al ciclista y sobre todo al chico, prefiere otro camino. “Hay que dejar a estos chavales que vayan forjándose”. Montreal acaba de descubrir a Benja Noval. En Asturias llevan muchos años viéndole crecer.
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