Tensión, cansancio y euforia dentro del vestuario del Sporting de Hortaleza: "Es una vergüenza que el partido tenga que jugarse así"
MARCA viajó junto al club madrileño para su partido de la Copa del Rey ante el AU Güímar
El autobús del Sporting de Hortaleza huele a tensión, cansancio acumulado. Y MARCA ha podido comprobarlo. No es un viaje normal para un equipo de la Primera Autonómica de Madrid, una plantilla de currantes y chavales de barrio acostumbrados al césped artificial de la capital. Sobrevolar el Atlántico dos veces en una semana, con el recuerdo fresco aún fresco de los altercados en Tasagaya. Hace tan solo siete días, la expedición vivió el lado más oscuro del fútbol, con piedras impactando contra la luna de su autobús y un clima de hostilidad insostenible que obligó al club a plantar cara y negarse a jugar por pura seguridad. Volver a volar a Tenerife no era un trámite deportivo; era un ejercicio de resistencia. Al llegar, el vestuario visitante tarda poco en vestirse de gala. El cuerpo técnico del Sporting de Hortaleza, liderado por su entrenador Jorge Mendoza, pone fotos justo encima de la posición de cada jugador con los recuerdos de sus primeros pasos en el fútbol. Hay imágenes del Real Madrid, Atlético y demás canteras, pero ahora todos están persiguiendo su sueño en el Sporting. "Lo que tendría que haber sido un sueño al final se convirtió en una pesadilla en Tasagaya", recuerda el técnico. Esta vez no hubo cánticos ni el calor de la marea güimarera, salvo por aquellos que desde un bloque de edificios cercano intentaron amedrentar al club madrileño. El escenario, trasladado a El Peñón de Puerto de la Cruz y bajo un imponente despliegue policial, ofrecía una estampa desoladora: un partido a puerta cerrada cuya banda sonora fue el grito de jugadores y banquillos. El Güímar salió desatado, espoleado por las ganas de revancha deportiva y por la necesidad de remontar la eliminatoria. Y antes de que el Hortaleza lograra asentarse sobre el verde, el recital de Nebai y el doblete de Said Derfoufi encendieron todas las alarmas con un 2-0 que daba la vuelta a la eliminatoria. La pesadilla de la semana pasada amenazaba con trasladarse ahora al plano estrictamente futbolístico. "Es una vergüenza que el partido tenga que jugarse así", dice Diego Rojas, capitán del Sporting de Hortaleza. Dentro del vestuario visitante, la consigna era clara: sobrevivir. Y si hay alguien que encarnó ese espíritu de resistencia fue Gonzalo bajo los palos. Sus intervenciones milagrosas —sosteniendo al equipo en los peores momentos de la primera mitad y sacando un disparo a bocajarro a Said nada más reanudar el juego— mantuvieron al Sporting dentro del partido. El equipo madrileño sacó garra y carácter. Incluso cuando el Güímar respondió al gol de Alhambra marcando de inmediato el 3-1 por medio de Denzel, la expedición del Hortaleza no bajó los brazos. Ayman metió de nuevo el dedo en la llaga en el 71’ marcando el 3-2 y forzando una prórroga agónica a la que el equipo llegó exhausto, pero más entero psicológicamente. El destino del choque se resolvió en el último suspiro del primer tiempo extra, en una jugada rocambolesca que resumió la tensión vivida durante toda la eliminatoria: Ayman buscó las cosquillas del portero local en una acción que parecía resuelta y Carlos cayó en la trampa soltando la mano a la cara del delantero. El colegiado no dudó: agresión, tarjeta y penalti. Desde los once metros, Alhambra no perdonó, sellando el 3-3 definitivo que desató el delirio en la expedición madrileña. En la soledad de El Peñón, solo se escuchaban los gritos de alegría de aquellos que veían un sueño hacerse realidad. Tras el pitido final, deportividad. Algo que debería haber sido la tónica general de una eliminatoria que solo la tuvo tras acabar el último encuentro entre ambos. Jugadores del Güimar felicitando al Sporting, y estos consolando a los tinerfeños. Son las dos caras del fútbol. El trayecto de vuelta hacia el aeropuerto, de nuevo a bordo del autobús, tenía un ambiente completamente distinto. El silencio tenso del viaje de ida dio paso a la euforia desatada de unos futbolistas humildes que acaban de escribir la página más dorada en los 52 años de historia del club. Tras haber superado pedradas, dos desplazamientos a las islas en una semana y dos marcadores en contra, el premio gordo es una realidad: el humilde Sporting de Hortaleza jugará la Copa del Rey y ahora se medirá, ni más ni menos, que al Sevilla. "Jugar contra un histórico español como es el Sevilla es increíble", reflexiona tras la hazaña Jorge Mendoza. Se cumple el sueño de un grupo que con coraje y dignidad se negó a dejarse amedrentar.
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