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Lamine va sobrado… pero de personalidad

En Copa de Balón

· 463 words

El fútbol español moderno ha tenido grandes genios, pero nunca un icono. De Butragueño a Raúl, de Casillas a Xavi e Iniesta, nuestras estrellas han compartido un mismo patrón: ganadoras, competitivas y de equipo, con un halo de humildad que convertía cualquier premio individual en una consecuencia, casi en un accidente. El último Balón de Oro español lo recogió Rodri con muletas y hablando del grupo. Así hemos entendido siempre la grandeza: sin levantar la voz. Rodri es un jugador superlativo, como lo fue Luis Suárez, pero su trascendencia, más allá del fútbol, es relativa. Lamine Yamal ha venido para romper todos los moldes. En el césped, su manual de creatividad parece no tener última página. Tiene además una rareza que solo está al alcance de los elegidos: sus números de un partido, a veces discretos o contradictorios en regates intentados o pases completados, nunca le quitan al espectador la sensación de haber visto a un jugador único, de esos que uno contará haber visto en directo. Su originalidad está en que ese talento no choca con la obsesión de Luis de la Fuente por construir una familia. En la selección trabaja como uno más, presiona y repliega, y aun así sobresale como el comodín de la baraja, la carta que cambia el valor de todas las demás. Fuera del verde tampoco se parece a nadie. No teme ninguna pregunta, no busca atajos ni se refugia en los lugares comunes: ha hecho de la naturalidad su forma de vida. Representa a una generación transgresora, que huye de las etiquetas y que mantiene una relación peculiar, no mala, con la autoridad. Su inteligencia natural y su desparpajo lo convierten en un referente generacional absoluto. Exhibe su fútbol de fantasía con la misma naturalidad con la que habla de sus relaciones personales o del origen humilde de su barrio, Rocafonda. Recuerda su código postal en cada gol y va camino de convertirlo en el más famoso del planeta. La riqueza del personaje está en cómo regatea sus dos mundos, igual que encara a dos defensas. Está a gusto con su ser y con su estar. Le parece natural trabajar para el equipo desde una individualidad descollante y postularse al Balón de Oro como si ese fuera el lugar que le pertenece, a pesar de su edad. Puede que este año lo gane o no, pero nadie duda de que, si su progresión continúa, tiene fútbol para levantar cinco o seis. A algunos les parecerá sobrado. Y lo es, pero de personalidad. Sabe lo que quiere y entiende que los errores y los malos momentos, como el del Mundial, forman parte del camino. La Selección Española ha tenido durante décadas estrellas que parecían pedir permiso para brillar. Lamine Yamal es el primero que no lo pide.

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Thursday, October 1, 2026

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