Simeone cambia su suerte
Un penalti de última hora despeja el camino de un Atlético al que antes mejoran notablemente las sustituciones del Cholo y en el que se estrena como goleador Jonathan David
Parecía uno de esos cambios que sólo entienden Simeone y los que le rodean. Con mucho más motivo quizás para hacerlo de otros, aunque sólo sea porque Llorente era lo más potable, aunque sólo sea porque Baena y Kang-in pueden resolver en una que tengan, el del traje negro prescinció de los tres del tirón. Y aparecieron Koke, Cardoso y Jonathan David para aportar criterio, orden y gol, respectivamente, haciendo buena una decisión, la de su técnico, que aún se completaría con la inclusión posterior de un Arnau Ortiz descarado para dejar en evidencia a la zaga local... y de paso la aportación previa de su compañero Lookman. Pero con todo eso al Atlético parecía darle apenas para sostenerse en el empate sin goles después de, eso sí, dejar sin argumentos ofensivos a una Real que, por el contrario, pareció salir perjudicada con los dobles cambios que propuso Matarazzo. Y en éstas, cuando aquello discurría hacia el bocinazo final, Ochieng sacó la mano a pasear dentro del área para que el equipo del Cholo volviera a disponer de un penalti con la Real por medio. Pero por allí no andaban Julián Alvarez, Sorloth o Marrero, protagonistas de aquella tanda de La Cartuja, así que Grimaldo embocó ante Remiro sin darse demasiada importancia. Y entonces sí, entonces la tropa local pareció bajar los brazos, entendiéndose damnificada por el del silbato, y entonces Jonathan y Giuliano rompieron dos veces desde atrás para convertir en goleada lo que iba para tablas, caprichoso que es el fútbol. Conviene detenerse en la carrera del pequeño Simeone prácticamente en la prolongación: de aptitud, discútase todo lo que se tenga que discutir; de actitud, ni media palabra. A Koke no se le puede discutir ni lo uno ni lo otro, mire usted, por mucho que se hubiera quedado en el banquillo de salida. Esta temporada tiene seis centrocampistas para manejarse por dentro, pero a la que faltó uno de ellos, el de casi siempre, Simeone optó por tirar de Llorente para esa zona. Rino había dispuesto exactamente el mismo ataque que en la final de Copa, así que posiblemente se llevara un disgusto cuando la primera jugada del partido no acabó en la jaula rojiblanca (negra para la ocasión). Era atrás donde tenía las bajas el técnico americano, pero ese déficit se compensaba desde la ausencia de puntas rivales, otra vez Lookman perdido para la causa donde no sabe o no le apetece (puede ser que ambas) jugar. Beitia y Sarr en el eje de la zaga realista, vivieron una noche de lo más tranquila hasta que el penalti puso aquello patas arriba. Poco dejó la primera media hora, equilibrada más desde la sensación de que nadie rompía a jugar que desde cualquier otra. Apenas un cabezazo desviado de Hjulmand tras rosca de Kang-in quebró la monotonía de un partido evidentemente táctico, que registraba demasiadas equivocaciones para andar el personal tan pendiente de no equivocarse. Efectivamente, en el caso visitante fue cosa de que pasara el tiempo... Y por un ahí un desajuste provocó una incursión de Sucic que terminó en córner. Y por ahí dos errores sucesivos del Cuti acabaron también donde el banderín. Y por ahí un despeja tú que a mí me da la risa entre Grimaldo y Hjulmand derivó en remate cercano y desviado de Sucic. Y por ahí una pifia de Oblak, por cuyo mediocre juego de pies no pasan los años, provocó la definitiva colección de visitas consecutivas a la esquina con el añadido de una falta, sin que Guedes o Sergio anduvieran demasiado lejos de la diana. Munuera no entendió conveniente añadir siquiera un minuto completo a ese primer acto. Luego el segundo y decisivo parecía más de lo mismo, incluido el dominio blanquiazul, hasta que a Simeone le dio por cambiar. Y aquello lo cambió prácticamente todo. Para bien, esta vez.
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