35 años del humilde debut de Schumacher en la F1: "No había ni hotel... y durmió en un albergue juvenil"
La clase reina celebra una fecha especial relacionada con el legendario piloto alemán y un inicio de todo que sigue causando admiración
La Fórmula 1 celebra uno de esos aniversarios legendarios en su historia. El 35, número especial, del debut de Michael Schumacher, piloto con más títulos (siete) de la clase reina junto a Lewis Hamilton; y una figura mitificada por su carrera deportiva y todo lo relacionado a su gravísimo accidente cuando esquiaba del 29 de diciembre del 2013 en Méribel. Desde ese momento su estado de salud sólo ha recibido actualizaciones a cuentagotas, pero el recuerdo al alemán siempre está presente. La historia de Schumacher va ligada al 25 de agosto de 1991, fecha en la que todo arrancó. El estreno en la Fórmula 1 no fue uno cualquiera, se recordará como digno de película... y seguro que recibe un recuerdo docuserie que Netflix prepara para el próximo 2 de octubre. La historia es rocambolesca y única; y ya parte de que el alemán se subió a un modestísimo Jordan para sustituir a Bertrand Gachot, el piloto titular que había sido detenido días atrás por usar el gas pimienta de su novia en un altercado. Schumacher no era ni la primera... ni la segunda opción de Jordan, pero el británico decidió creerse al mánager del alemán, Willi Webber. Se fiaba de un piloto de prototipos teutón que podría hacer ese apaño. "Le dije que había rodado cientos de vueltas en Spa y jamás lo había hecho", reconoció tiempo después. Esa mentira abrió un episodio de leyenda, con el competidor de Renania del Norte-Westfalia volando desde la primera sesión de entrenamientos libres. Desembocó en una gran clasificación en parrilla, séptimo. Pero también ese debut estuvo marcado por la humildad, algo que en la F1 actual no es habitual. Deportivamente, el Jordan no era un buen coche, y tampoco se consideraba a Schumacher como un piloto llamado a reinar en la categoría. Además, hay anécdotas que tres décadas más tardes suenan a un irreal. "No teníamos ni hotel reservado y tuvimos que dormir en un albergue juvenil", recordó su antiguo mánager. Con dos camas y un baño, como los miles de aficionados que peregrinan la pista belga. No era una estrella. "Sí, era bueno. Pero no arqueabas la ceja como sí pasaba en el estreno de Senna", decía el propio Eddie Jordan. Y en el coche, esa sensación de milagro también existió. Porque el piloto voló en los entrenamientos, pero la carrera fue un durísimo golpe. En pocos metros quemó el embrague del coche. "Era nuestro punto débil", reconoció Gary Anderson, ingeniero de aquel equipo Jordan. La leyenda tuvo que abandonar y esa fue su única cita con el equipo tras un truco de Briatore para poder ficharlo para Benetton. Pero esa ya es otra historia.
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