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Wednesday, September 2, 2026

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Donde el metal cambia de color

España demuestra estar a la vanguardia del deporte, pero le cuesta una barbaridad conseguir medallas de oro

· 387 words

El fin de semana concentró en competiciones de relevancia a varios de los deportistas españoles que representarán a España en los próximos Juegos. Un título europeo —Alberto Ginés en dificultad en Escalada—, un subcampeonato del mundo masculino de hockey, una plata y varios resultados más interesantes en los Mundiales de piragüismo y la actuación en una competición, que ya no tiene la trascendencia de hace 30 años, como los Juegos Mediterráneos identifican que el deporte de este país está en la parte alta mundial. Pero también exhibe algo innegable: la conversión en oros con el resto de medallas es baja. En un ránking inventado de los títulos olímpicos ganados respecto a las medallas conseguidas, España ocuparía el puesto 59 en el histórico con un 28,4% (53 de 187). Por detrás incluso de India, Corea del Norte o Marruecos. Una posición muy baja cuando en el medallero general desde 1896 en adelante, este país ocupa la vigésimotercera plaza. No hay una razón única para ese rechazo generalizado a la excelencia. Somos débiles mentalmente en la competición, dirán. Y es injusto afirmarlo en un país que ha alumbrado a Nadal, Alonso, Gasol, Alcaraz, Iniesta, Indurain o Rodri. Pero los datos muchas veces arrojan una realidad que es irrebatible. Se tiene una sensación de desencanto en los últimos Mundiales de piragüismo cuando en la tabla en la que se fijan siempre los analistas —la suma de puestos de finalistas—, España figuró en primera posición. Y ya estaba en liza Rusia. Los titulares se han quedado en que sólo el K-4 femenino, entre las distancias olímpicas, obtuvo medalla. Ese contraste —liderar el cómputo de finalistas y volver con una sola medalla olímpica en juego— resume bien la paradoja española del deporte en general: se compite de tú a tú con el mundo, pero algo se escapa en el último metro, justo donde el metal cambia de color. No es un problema de talento, ni siquiera de estructura. Tampoco de falta de conocimiento o inversión, que ahora sí la hay con el Team Spain. Es esa distancia, difícil de medir pero fácil de sentir, entre estar arriba y ganar. Y mientras esa brecha no se cierre, España seguirá firmando temporadas notables que, medalla a medalla, seguirán pesando menos de lo que deberían en oro. Igual si los pronósticos previos rebajan las expectativas...

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