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"Hay que visibilizar que el deporte es un tratamiento más en los procesos oncológicos"

El Reto Pelayo Vida, en su undécima edición, vuelve a África • Serán 16 días de ciclismo y kayak • El objetivo, sensibilizar sobre el cáncer en las mujeres

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Pelear contra un cáncer no es algo que uno elija, es una vivencia impuesta que implica miedos y demanda valor. No es un proceso bonito, pero superar la enfermedad es un gran motivo de celebración. Es aquí donde entra el Reto Pelayo Vida, el mayor proyecto deportivo de sensibilización sobre el cáncer de la mujer, que va a por su duodécima edición. En este caso se trata de un desafío elegido que pretende celebrar la vida a través del deporte, esa herramienta tan necesaria para nuestra salud física y mental. Este año el Reto Pelayo Vida regresa a sus orígenes, a África, el continente donde hace 11 años tuvo lugar un ascenso al Kilimanjaro inolvidable que demostró que los sueños son posibles tras la enfermedad. Esta edición se ha seleccionado a cinco expedicionarias -de entre 533 candidatas- a las que les espera un recorrido en bicicleta y kayak por Senegal que ha creado el director deportivo del proyecto Antonio de la Rosa. El reto se extenderá durante 16 días (24 noviembre a 9 de diciembre) y arrancará en la costa cercana a Dakar; avanzará hacia el sur del país, atravesando reservas naturales, sabanas y el espectacular Delta del Sine-Saloum hasta llegar a la región de Casamance. Un reto que exigirá resistencia física, adaptación constante y un fuerte espíritu de equipo. Las protagonistas serán Irantzu Pinillos (Pamplona), Marta García Bodí (Valencia), Vanesa Amigo (Madrid/A Coruña), Milena Amelibia (San Sebastián) y Noemí Carrasco (Madrid/Sevilla). Su objetivo final, ser un ejemplo de superación para otras mujeres y llevar su mensaje a millones de personas recordando que el deporte puede ser una poderosa herramienta de recuperación, motivación y vida. “Suena muy bonito y muy especial esta aventura, hacemos bromas sobre lo que nos vamos a encontrar, pero para superar el reto todas nos hemos preparado mucho durante los últimos meses”, recalcan ellas. Están ilusionadas y aventurarse en lo desconocido da la impresión de ser un chute de vitalidad. La pamplonesa Irantzu Pinillos, de 47 años, residente en Estella-Lizarra (Navarra), ha padecido cáncer de mama. “Una amiga madrileña me habló del Reto Pelayo y me vi los documentales. Me visualicé haciéndolo, aunque te apuntas a ciegas, sin saber dónde tendrá lugar el reto”, señala. “Me hicieron una mastectomía y tuve que estar bastantes semanas sin hacer deporte y yo antes de la operación hacía bici de montaña. Estaba esperando que el médico me diera el visto bueno para salir y en cuanto me dio permiso fui a la montaña con la bicicleta. Eso me ayudó mucho a recuperar la confianza en mi cuerpo, porque no sabía cómo iba a cicatrizar la herida y si iba a tener secuelas. Verme encima de la bici pedaleando con fuerza y energía era una motivación, era bueno para mi confianza y autoestima, era algo que necesitaba para mi bienestar emocional, fue un revulsivo maravilloso”. Marta García Bodí, de 42 años, es de Valencia y en 2023 recibió el diagnóstico de cáncer de ovario mientras estaba embarazada. Como ella dice, “mi hijo me salvó la vida”. Marta explica: “Pertenezco a la ‘Asociación A Saco’ y me informaron del reto. Yo estaba en un momento bajo cuando lo conocí, pero ya le dije a mi familia que al año siguiente me apuntaba y aquí estoy”. El deporte tuvo que esperar un poco: “En mi caso me operaron y me trataron con quimioterapia estando embarazada. Físicamente me costó y mi padre me llevó un par de veces a una clínica de fisioterapia para moverme más. Soy muy enérgica y positiva, pero el cuerpo no me daba. Tras nacer mi hijo tuve algunas secuelas en la pierna derecha y comencé a hacer un trabajo de fuerza para mover esa pierna y a día de hoy el deporte es fundamental y es la medicina que yo misma me puedo aplicar”. “Arrullaba a mi hijo Nico haciendo sentadillas”, bromea Marta. Vanesa Amigo, de 45 años, es originaria de Alcorcón (Madrid) pero gallega de adopción, pues reside en A Coruña desde hace 15 años. Madre de dos hijos -9 y 11 años-, fue campeona de España de gimnasia rítmica (en conjunto y en individual). En 2024 le diagnosticaron cáncer de mama. “Mi cuñado fue quien me contó de la existencia del reto, curioseé en la página y me apunté, pero en ningún momento pensé que iba a estar hoy aquí”, nos cuenta Vanesa. No duda en su mensaje y consejo al mismo tiempo: “El deporte para mí va en vena. Competí desde los 5 a los 20 años y eso me dio una disciplina y autocontrol que ha marcado mi personalidad. Los dos primeros meses después de la operación fueron duros porque no tenía el permiso del cirujano para poder moverme y eso me bloqueó. Cuando ya tuve el permiso, el deporte fue una terapia, fue mi tratamiento principal más que la pastilla que me tenía que tomar todos los días o más que cualquier otra cosa. Fue mi vía de escape, la manara de volver a sentirme yo, de volver a reencontrarme conmigo misma. El deporte puede dar pereza, pero yo siempre pienso en lo bien que me siento después”. Milena Amelibia, de 42 años, es de San Sebastián, donde trabaja como matrona. En 2019, cuando tenía 35 años, fue diagnosticada de un cáncer de ovario. Así se embarcó en esta aventura: “Fue en una asociación donde me enteré del Reto Pelayo Vida. Me encanta caminar por la montaña en invierno y vi que el año pasado el reto fue en Patagonia. Veía a aquellas mujeres acampar sobre el hielo y me pareció muy inspirador. Pensé, ‘¿por qué no puedo ser yo? Yo habría tirado hacia el frío, pero nos vamos a Senegal y creo que me va a encantar”. Milena también sacó provecho de su afición deportiva: “Durante el tratamiento no era capaz de hacer deporte, pero me ponía retos físicos. Mi refugio fue escaparme a la montaña los días que estaba mejor. Yo me he apoyado en el deporte sobre todo a posteriori, para reconstruirme; la montaña, a nivel físico y mental, ha sido un antidepresivo. Tener mis objetivos me ha ayudado mucho a retomar una vida activa y saludable. Esas ilusiones y proyectos que a veces se apagan por culpa de la enfermedad, el deporte los reactiva”. Noemí Carrasco, de 42 años, nació en Madrid pero reside desde hace 13 años en Sevilla. Sufrió cáncer de tiroides con ocho años y cáncer de mama llamado Phylloides, que es poco común, recientemente. “¿Cómo he llegado aquí? Una amiga me veía en este reto. Esa mezcla de deporte, aventura, demostrarme a mí misma que he superado esta enfermedad y que estoy más fuerte que nunca, y la oportunidad de enviar un mensaje de esperanza a mujeres que lo están pasando mal, es lo que me motivaba para formar parte de este reto”, narra Noemí. La madrileña destaca sobre la importancia del deporte: “A mí el deporte me ha permitido pasar mejor el cáncer. Gracias a Dios se empieza a hablar del deporte como una parte importante en la recuperación del cáncer, pero creo que hay que visibilizarlo como un tratamiento más en los procesos oncológicos. Es necesario para mantener tu masa muscular y estar fuerte durante los tratamientos. Es un antidepresivo y permite que tu mente esté puesta en algo positivo”.

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Monday, October 19, 2026

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