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Ale Galán y la trampa de la zona de confort

La opinión de Jesús Mata

· 840 words· updated October 19, 2026 at 09:08 AM

Tres torneos seguidos sin una final bastan para que el pádel empiece a hacerse preguntas. Rotterdam, Düsseldorf y ahora Milán han dejado a Chingalán en una posición muy delicada ante el número 1, quizás antes de lo esperado, y eso hace inevitable plantearse si el proyecto de Ale Galán y Fede Chingotto está empezando a dar síntomas de desgaste. Antes de caer el sábado ante Lebrón y Augsburger en las semifinales del Milán P1, Galán fue bastante claro: "Hay Chingalán para rato". Conviene quedarse con sus palabras antes de imaginar rupturas que todavía no existen y, sobre todo pensar aquello de "qué va a decir...". Dicho esto, también es lógico que la gente se empiece a hacer preguntas. Galán tiene 30 años, está a punto de ser padre y sabe que el tiempo para volver a ser número uno no es infinito. Si además encadena tres torneos sin alcanzar una final, es normal que pueda preguntarse si necesita algo diferente para dar ese último paso. Ahí está la dificultad de la decisión. No está eligiendo entre una pareja que funciona y otra que no, sino entre una pareja que funciona muy bien y la posibilidad de encontrar otra que pueda funcionar todavía mejor. Puede buscar otro derecha, como Yanguas, como Jon, como Libaak, como los que queráis, y asumir el riesgo de empezar de nuevo, pero también puede seguir al lado de Chingotto, el jugador al que él mismo ha definido en varias ocasiones como "el mejor compañero que he tenido". Sobre todo, con el que ha alcanzado un nivel alienígena. Y aquí es donde creo que merece la pena detenerse en una idea que damos demasiado por hecha: que cambiar es siempre más ambicioso que quedarse. Llevo años escuchando que hay que salir de la zona de confort, que para crecer hay que incomodarse y que asumir riesgos es casi una obligación para quien quiere llegar más lejos. Pero, al menos para mí, estar en una zona de confort no significa necesariamente haberse acomodado. A veces significa haber encontrado un lugar desde el que puedes seguir creciendo sin necesidad de empezar de cero. Eso es lo que tiene Galán con Chingotto. Una pareja que ha ganado mucho y que ha conseguido construir un entendimiento en pista que no aparece de un día para otro. Galán conoce el juego de Fede, sabe qué puede esperar de él cuando llegan los momentos complicados y juntos han encontrado una manera de competir que les ha permitido estar durante mucho tiempo en la pelea por todo. Romper eso puede llevarle a algo mejor, pero también puede hacerle perder una fórmula que ya conoce. Por supuesto que tres torneos sin una final desgastan, por supuesto que quedarse otra vez a las puertas del trono del pádel te deja tocado. Especialmente a un jugador como Galán, que no juega solo para estar entre los mejores, sino para volver a ser el número uno. Precisamente por eso la decisión tiene tanto interés: no se trata únicamente de qué compañero puede darle más posibilidades de ganar, sino de qué quiere priorizar Galán en este momento de su vida. Hace unos años quizá la respuesta habría sido más sencilla. Si existe la posibilidad de mejorar, hay que intentarlo. Ahora hay más elementos encima de la mesa, como los familiares antes citados, y sobre todo que ha encontrado en Chingotto un compañero con el que está bien y con el que ya ha demostrado que puede ganar. Quizá el número uno siga siendo igual de importante, pero eso no significa que tenga que ser lo único que importe. Se puede querer ganar y no sentir la necesidad de cambiar de pareja cada vez que los resultados se tuercen. Se puede querer ser el mejor y preferir hacerlo junto a alguien con quien sabes que puedes competir. La ambición no tiene por qué medirse únicamente por la cantidad de riesgo que estás dispuesto a asumir. Por eso no compro la idea de que seguir con Chingotto sería la opción conservadora y buscar otro derecha, la valiente. Las dos decisiones implican un riesgo distinto. Una consiste en apostar por un proyecto que ya conoce pese a que los últimos resultados hayan abierto dudas; la otra, en renunciar a él con la esperanza de encontrar una fórmula mejor. Y quizá esa sea la verdadera cuestión que tiene ahora Galán delante. No si debe cambiar porque lleva tres torneos sin jugar una final y porque se quede de nuevo a las puertas del gran objetivo, sino si considera que lo que tiene con Chingotto ya no le permite llegar donde quiere. Si la respuesta es sí, tendrá todo el sentido que se la juegue. Pero si la respuesta es no, tampoco debería necesitar una justificación para quedarse. Porque creo que después de tantos años rodeados de falsos gurús diciéndonos que hay que salir de esa zona por la que has estado peleando tanto tiempo, quizá también haya que aceptar que, en ocasiones, la decisión más ambiciosa es saber cuándo merece la pena quedarse.

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