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Monday, September 7, 2026

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Cycling

Movistar entra en otra dimensión

El equipo navarro, que sigue buscando patrocinador, ha recuperado su versión más coral gracias al liderazgo de Enric Mas

· 1,209 words

“No recuerdo cuándo fue la última vez que disfruté tanto”. La frase la repite cualquier integrante de Movistar Team al que se le pregunte por Enric Mas en la previa de las etapas. Y explica mejor que cualquier balance lo que está ocurriendo en Movistar. Lo suyo no es cuestión sólo de portar La Roja, sino de las sensaciones de líder que tranmite. Él y todo el equipo. Durante décadas, la estructura navarra vivió acostumbrada a discutir las grandes vueltas. Perico, Indurain, Olano, Valverde, Quintana o Carapaz construyeron una identidad en la que estar delante no era una excepción, sino casi una obligación. Pero el ciclismo cambió, los presupuestos se dispararon y la última gran victoria comenzó a alejarse en el calendario. Nairo Quintana ganó LaVuelta en 2016 y Richard Carapaz conquistó el Giro en 2019. Desde entonces, Movistar siguió compitiendo, sumó resultados, rozó podios y survived en la élite, pero perdió algo más difícil de medir: la costumbre de ganar. Enric Mas quedó atrapado durante años dentro de esa transición. Llegó desde Quick-Step señalado como el heredero de una generación irrepetible y cargó con una presión desproporcionada. Había sido segundo en LaVuelta con 23 años y, desde ese momento, sus podios empezaron a parecer insuficientes. Fue segundo otras veces, añadió un tercer puesto y terminó dos Tours entre los seis mejores, pero la regularidad terminó convertida en reproche. Si esperaba, era conservador. Si atacaba tarde, atacaba tarde. Si miraba hacia atrás, aquel gesto se convertía en símbolo de sus dudas. Llegó incluso a pasar casi cuatro años sin ganar, mientras las críticas crecían alrededor de un corredor que seguía estando entre los mejores. Quizá ahí esté también una de las claves del Mas actual. Lorena Cos, psicóloga deportiva, propone leer su transformación desde “la madurez del deportista que deja de competir para demostrar quién es y empieza a competir para expresar todo lo que tiene dentro”. Durante mucho tiempo, cada resultado parecía emitir un juicio sobre Enric. Ganar confirmaba; perder abría otra vez el interrogatorio. Cada ataque, cada gesto y cada posición terminaban convertidos en un examen sobre su valía. Ahora parece diferente. No porque hayan desaparecido la presión, las dudas o el miedo, sino porque el resultado parece tener menos poder para decirle quién es. Mas ya no transmite tanto la necesidad de responder a todo lo que se ha dicho sobre él. Compite desde otro lugar, más pendiente de sus posibilidades que del juicio exterior. En palabras de Cos, quizá estamos viendo a un deportista que “necesita cada vez menos demostrar quién es y se siente más libre para ser el corredor que siempre supo que podía ser”. La evolución tampoco fue lineal. Hubo caídas, problemas físicos, miedo en los descensos y una tromboflebitis que terminó llevándole al quirófano. El Tour se convirtió además en una carrera incómoda, casi una barrera mental. Por eso Movistar decidió cambiar en 2026 una fórmula que llevaba años repitiéndose. En lugar de Tour y Vuelta, Mas afrontó Giro y LaVuelta. Italia salió mal, pero Unzué considera que aquella preparación dejó bases para lo que vendría después. El propio mánager lo resume de otra manera: ahora Mas está en una versión que hace tiempo buscaban. Además, tiene un equipazo a su servicio. Iván Romeo fue clave el día de Calar Alto, Raúl García Pierna provocó otro ‘rejón’ a Roglic en La Pandera. Pero reducir la transformación de Movistar únicamente a Mas sería quedarse en la superficie. Mientras el balear reconstruía su confianza, el equipo también cambiaba por dentro. En 2025, Abarca Sports dio entrada a Quantum Pacific Group, que adquirió el 43% de la estructura mediante una inyección de 4,3 millones de euros. Ese mismo ejercicio, la facturación alcanzó un récord de 27,2 millones, un 33% más, y el equipo aseguró con holgura su continuidad en el WorldTour. La inversión en salarios creció de 18,8 a 20,8 millones y la organización deportiva pasó de 93 a 95 empleados. Siempre según datos del portal especializado 2playbook. No es dinero comparable al de los gigantes del pelotón, pero sí un cambio de escala para una estructura que necesitaba oxígeno. Movistar continúa manejando recursos muy inferiores a UAE o INEOS, pero volvió a beneficios por primera vez desde 2020, con 106.206 euros de ganancia en 2025, y casi triplicó sus fondos propios: de 2,5 a siete millones. La entrada del nuevo socio también transformó la gobernanza. Unzué dejó de ser administrador único y pasó a formar parte de un consejo de cinco miembros. EPS entró como apoyo financiero y logístico y Cupra sustituyó a Volvo como coche oficial. El cambio económico ha coincidido con otro deportivo y cultural. Movistar ya no parece un equipo pendiente únicamente de conservar lo conseguido. En esta LaVuelta, donde se sigue peleando por un nuevo sponsor, se le ve correr alrededor de una idea común: proteger La Roja, endurecer cuando conviene y asumir que el podio ya no tiene por qué ser el techo. Y esa tranquilidad de Mas se percibe incluso cuando se baja de la bicicleta. Ser líder implica cada día más compromisos, más entrevistas, control antidopaje, protocolo y menos tiempo para descansar. Sin embargo, desde dentro del equipo observan a un corredor cómodo incluso con esa carga. “Al ser el líder, lógicamente las peticiones de entrevistas se multiplicaban. Además, cada día, Enric tiene que atender las entrevistas oficiales, pasar el control... Exige mayor tiempo y exigencia, pero él está muy cómodo”, explica Pablo Ordorica, uno de los responsables de comunicación del equipo telefónico. La carretera contamina todo lo demás, para bien y para mal. “Cuando todo funciona sobre la bicicleta, el resto también se nota. El ambiente es muy positivo dentro del equipo y eso también se está notando en su forma de comunicarlo”, añade Pablo. Mas sonríe más, habla con mayor naturalidad y parece soportar el ruido que rodea al líder sin que éste le robe energía. Aitana terminó de encender la transformación. Desde entonces, Movistar ha recuperado hasta los pequeños rituales de los tiempos importantes. La bicicleta de Mas se ha aligerado hasta quitarle pintura al cuadro para ahorrar 120 gramos, se ha llenado de detalles rojos y en el equipo ya fantasean con una Canyon completamente colorada en Granada. Y el liderato ha dejado de ser algo circunstancial. Mas encadena siete jornadas consecutivas vestido de rojo, algo que ningún español conseguía desde Alberto Contador en 2014. El dato lo coloca junto a nombres como Contador, Purito, Valverde, Heras, Olano o Mauri. Pero también habla de Movistar: hacía tiempo que el equipo no pasaba tantos días despertándose con la responsabilidad de defender una grande. Queda la parte más difícil. La contrarreloj, la montaña final, Roglic, Gall y todos los accidentes que todavía puede esconder una carrera de tres semanas. Mas evita hablar de Granada como si ya estuviera escrita. Pero algo sí ha cambiado antes de llegar allí. Movistar vuelve a ocupar el centro de LaVuelta, vuelve a correr para ganar y vuelve a sentir que las grandes vueltas también son territorio suyo. Durante años tuvo historia, estructura y memoria. Ahora vuelve a tener presente. Y quizá la evolución pueda explicarse finalmente de una manera mucho más sencilla. Movistar ha dejado de recordar constantemente lo que fue para volver a preguntarse qué puede ser.

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