Una temporada monumental: Pogacar arrasa con tres Monumentos y el Tour en el año del 'punch' de Mas y Seixas
El esloveno domina la temporada, Vingegaard completa las tres grandes y el ciclismo español celebra la victoria de Enric Mas en LaVuelta
El ciclismo de 2026 tuvo un dueño reconocible y varias fotos para guardar. Tadej Pogacar volvió a juntar victorias que, por separado, ya llenarían una carrera. Jonas Vingegaard cerró su colección de grandes vueltas con el Giro. Enric Mas, después de tanto insistir, conquistó LaVuelta. Y el otoño abrió paso a dos nombres con peso propio en escenarios mayores: Brandon McNulty, campeón del mundo en línea, y Paul Seixas, vencedor en Lombardía con solo 20 años. Pogacar empezó a mandar desde la primavera. La Milán-San Remo, una carrera que se le había atravesado más de una vez, entró por fin en su palmarés. El esloveno ganó por primera vez la Classicissima y añadió un cuarto Monumento diferente a su colección. Después llegaron el Tour de Flandes y la Lieja-Bastoña-Lieja. Tres carreras, tres respuestas distintas: colocación y velocidad, dominio sobre los adoquines y resistencia en las cotas de las Ardenas. En julio agrandó todavía más su temporada. Su quinto Tour de Francia le puso a la altura de Jacques Anquetil, Eddy Merckx, Bernard Hinault y Miguel Indurain en número de victorias. San Remo, Flandes, Lieja y Tour dentro del mismo año explican su dimensión sin necesidad de adornos. Pogacar siguió tachando objetivos y, de paso, subió el listón para todos los que comparten época con él. La París-Roubaix llevó la firma de Wout van Aert. El belga encontró en el Infierno del Norte uno de esos triunfos que ordenan una primavera y pesan en cualquier temporada. Entre los cinco Monumentos hubo tres vencedores: Pogacar se quedó con tres; Van Aert y Seixas, con los otros dos. El dominio del esloveno también se mide por ahí, por el poco espacio que dejó libre para el resto. Vingegaard tuvo su sitio en Italia. El danés ganó el Giro y entró en el grupo de corredores capaces de reunir las tres grandes vueltas. Ya tenía el Tour y LaVuelta; la maglia rosa completó el recorrido. Su victoria en Roma añadió una conquista diferente a su trayectoria y le convirtió en el octavo ciclista que junta Giro, Tour y Vuelta en su palmarés. Para el ciclismo español, la imagen del año apareció en Granada. Enric Mas terminó LaVuelta vestido de rojo y transformó en victoria tantos años de pelea por la general. El corredor del Movistar logró su primera grande y dio al equipo un triunfo que esperaba desde el Giro de Richard Carapaz en 2019. El resultado cambia la dimensión de su carrera y premia su insistencia en una prueba en la que había acumulado oportunidades y podios. Septiembre repartió los maillots arcoíris entre dos especialistas con historias distintas. Remco Evenepoel volvió a imponerse en la contrarreloj del Mundial y encadenó su cuarto título consecutivo. Brandon McNulty ganó la prueba en línea de Montreal y pasó al centro de la fotografía. El estadounidense, tantas veces asociado al trabajo para otros líderes, encontró su gran día para vestir el maillot más reconocible del pelotón. Evenepoel añadió después el Europeo en línea a su colección, con un triunfo ajustadísimo ante Giulio Ciccone. Primoz Roglic se llevó el título continental contrarreloj. El belga terminó así de reunir los grandes títulos de ruta y crono: nacionales, europeos, mundiales y olímpicos. Otra prueba de su capacidad para ganar en disciplinas y escenarios distintos. Lombardía dejó la última gran fotografía de la temporada en manos de Seixas. El francés atacó en el Civiglio y llegó solo a Como, donde abrochó su primer Monumento. Enric Mas fue segundo, a 48 segundos, y Giulio Ciccone completó el podio. Con 20 años, Seixas puso su nombre en una carrera que había pertenecido a Pogacar durante las cinco ediciones anteriores. El campeón de LaVuelta fue quien más cerca terminó de él en la meta.
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