El oro de la selección que hacía las cosas bien pasándolo bien
Se cumplen 20 años del título mundial de Japón
Hoy juevesse cumplen 20 años de la final España-Grecia en Saitama que supuso el oro en el Mundial de Japón 2006. Si el paso del tiempo enriquece las leyendas y endulza las historias con un almíbar que no empalaga, en este caso, el sabor de aquella victoria histórica se mantiene intacto. La recordamos tal y como fue, tan especial, tan transgresora en el contexto del devenir tradicional del deporte español, acostumbrado a sufrir días trágicos y padecer complots de no se sabe quién. Estos tíos de la diadema Hachimaki comprada en un mercadillo, esa magnífica selección liderada por Pepu Hernández, acabaron con los complejos. Es posible que casi todo lo idealicemos ahora, con el peso de los recuerdos, con tanto homenaje, como el fantástico de la FEB, o con el documental de Movistar, que, ya aviso, merece la pena. Sería bueno para matizar el ego pensar que igual que ganamos, pudimos perder porque el mejor triplista de la NBA desde la esquina derecha, Nocioni, falló aquel tiro que repelió el aro, como pasó en la película ‘Match Point’ de Woody Allen con la bola de tenis. La pelota da en la cinta y pasa al otro lado de la pista o puede quedarse en tu campo. Ganar o perder es un milímetro. Es decir, muchas veces el resultado en la alta competición depende de la música del azar, del destino, no tanto del talento, trabajo, oficio, de la experiencia... Sin embargo, los héroes de Japón dejaron una gran enseñanza que no obedeció a la fortuna. Para un equipo formidable que ganó sus partidos por 20,8 puntos de diferencia media, el mérito fue poner en valor la fuerza de un grupo unido en un punto de sabia madurez, una bendita banda que institucionalizó el ocio en las concentraciones, las bromas antes de los partidos, las partidas de cartas como foro de debate, los ritos de ‘pirados’ (con Garbajosa a la cabeza) como manual prepartido y el compañerismo a prueba de bomba (y de terremotos) ante los golpes, como la lesión de Pau, que 'jugó' la final con el pie roto. Así, con una identidad construida desde la idea de hacer las cosas bien pasándolo bien porque somos muy buenos, empezó la edad de oro del deporte español.
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