Los errores que hacen que una chaqueta americana parezca barata, grande o de una talla equivocada
Es una de las prendas más elegantes, versátiles y favorecedoras del armario, pero también una de las que más fácilmente puede delatar una mala elección
La chaqueta americana es uno de esos básicos capaces de elevar prácticamente cualquier look. Con vaqueros y camiseta puede convertir un conjunto informal en uno mucho más elegante y, durante el entretiempo, funciona como una de las prendas más versátiles del armario. El problema es que llevar una americana no consiste simplemente en elegir una talla y ponérsela: hay una serie de reglas de proporción, ajuste y uso que pueden marcar la diferencia entre un estilismo impecable y otro que parece descuidado. Desde la sastrería El Corte Militar explican cuáles son las claves. Antes de fijarse en botones, mangas o longitud, hay que mirar los hombros. En una americana de corte clásico, la costura debe coincidir con el final natural del hombro. Si se queda corta o cae sobre el brazo, la prenda no está bien ajustada. También hay que prestar atención a las arrugas, hundimientos o bultos que aparecen bajo la hombrera. En los diseños 'oversize', el hombro sí puede caer de forma intencionada, pero debe hacerlo de manera limpia y guardar proporción con el resto de la chaqueta. Otra de las pistas más evidentes aparece al abrocharla. Si alrededor del botón se forman arrugas en forma de X, la americana probablemente queda demasiado ajustada. Las solapas deberían permanecer planas y los delanteros caer sin tensión. La idea es que la chaqueta acompañe al cuerpo, no que parezca estar luchando contra él. Una regla especialmente importante en las americanas femeninas entalladas. Aquí existe una de las normas clásicas de la sastrería masculina. En una americana de dos botones, solo debe abrocharse el botón superior. El inferior permanece siempre abierto. En las de tres botones, lo habitual es abrochar el central, mientras que el superior es opcional y el inferior nunca se abrocha. En las chaquetas cruzadas, por su parte, la tradición manda llevarlas cerradas mientras se está de pie para mantener su estructura. En las americanas femeninas existe mayor libertad porque los patrones son mucho más variados. En este caso, manda el diseño, aunque hay una regla que sigue siendo válida: no hay que forzar un botón si hacerlo modifica la caída de la prenda. Puede parecer un gesto menor, pero también forma parte de las reglas de la buena sastrería. Una americana recta debe desabrocharse antes de sentarse. Así se evitan tirones, arrugas y tensión innecesaria sobre el botón y el tejido. Al volver a ponerse de pie, puede abrocharse de nuevo. Las chaquetas cruzadas son la excepción tradicional, aunque también pueden abrirse si la construcción de la prenda o la comodidad lo aconsejan. En una americana masculina clásica, la manga debería terminar aproximadamente en el hueso de la muñeca y permitir que se vea entre un centímetro y un centímetro y medio del puño de la camisa. En las prendas femeninas existe mayor margen para jugar con las longitudes, pero una manga convencional tampoco debería cubrir accidentalmente parte de la mano. Si se lleva remangada, muy larga o exageradamente corta, debe parecer una elección estética y no un problema de talla. La longitud también puede cambiar por completo las proporciones del cuerpo. En la americana masculina clásica, la prenda suele cubrir aproximadamente el asiento y dividir visualmente la figura de forma equilibrada. Una chaqueta demasiado corta puede hacer que el torso parezca más pequeño, mientras que una excesivamente larga puede acortar visualmente las piernas. En el caso femenino hay muchas más posibilidades: desde modelos a la cadera hasta diseños largos o 'cropped'. La clave está en compensar la longitud con el tiro y el volumen del pantalón o de la falda. Hay otro detalle que muchas veces pasa desapercibido para quien lleva la americana, pero que resulta muy visible para los demás: el cuello. La parte posterior de la chaqueta debe quedar pegada al cuello de la camisa, blusa o camiseta. Si aparece un hueco, se levanta o forma pliegues en la nuca, puede existir un problema de patronaje o de ajuste. Una americana puede marcar la cintura sin impedir el movimiento. Debería permitir cruzar los brazos, conducir o sentarse sin que toda la prenda se desplace. En los modelos femeninos, además, el pecho no debería abrir las solapas ni generar tensión alrededor del cierre. La elegancia depende más de una buena línea que de llevar la tela completamente pegada al cuerpo. Que una americana sea 'oversize' no significa que haya que comprarla dos tallas más grande. Una auténtica prenda 'oversize' está diseñada desde el patrón para tener más volumen, con hombros más amplios, mayor longitud y una sisa adaptada. Comprar simplemente una americana convencional en una talla superior puede provocar mangas interminables, exceso de tela en la espalda y un cuello descolocado. La diferencia entre un 'look' deliberadamente amplio y una prenda que simplemente queda grande está, por tanto, en el patrón. Otro error habitual es utilizar los bolsillos exteriores como si fueran un bolso. Meter cartera, teléfono, llaves y otros objetos voluminosos deforma los bolsillos y altera la silueta de la americana. Lo recomendable es llevar únicamente lo imprescindible y utilizar los bolsillos interiores o un bolso para el resto. También hay que comprobar los detalles de acabado al estrenar la prenda: el botón de cierre y las aberturas traseras no deberían permanecer cosidos después de comprarla. Aunque la mayoría de las personas lleve actualmente la americana abierta, existe una prueba sencilla para comprobar si está bien elegida: observar cómo funciona de las dos maneras. Una buena chaqueta debería mantener su estructura tanto abierta como abrochada. Si solo resulta favorecedora en una de las dos posiciones y obliga constantemente a recolocarla, probablemente necesite algún ajuste. Dos personas que utilizan la misma talla pueden tener hombros, brazos y proporciones corporales completamente diferentes. Por eso, incluso una buena americana de confección puede necesitar pequeños arreglos. La opción que permite conseguir un ajuste más preciso es la confección a medida, porque el patrón se construye teniendo en cuenta no solo las medidas de cada persona, sino también su postura, sus proporciones y la forma en la que se mueve. Y es que, al final, el secreto de una americana impecable no está únicamente en la marca, el tejido o el precio: está en que parezca hecha para quien la lleva.
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