Un proyecto piloto trituró 60 toneladas de barcos abandonados y quemó los pedazos en un horno que sirven como combustible y materia prima
Los americanos retiran aproximadamente 200.000 cascos al año
Un proyecto piloto desarrollado en Rhode Island, en Estados Unidos, ha encontrado una alternativa para reciclar uno de los residuos más difíciles de reutilizar de la industria náutica. El programa logró procesar y aprovechar 60 toneladas de embarcaciones abandonadas de fibra de vidrio, cuyos restos fueron trasladados posteriormente a una planta de cemento de Holly Hill, en Carolina del Sur. Las embarcaciones permanecían abandonadas en Rhode Island, ningún reciclador quería asumir los gastos de fundir o desmontar las piezas para venderlas. Así que los cascos fueron hechos pedazos y las fibras de vidrio fueron enviadas a Holly Hill. Antes de ser trituradas, se retiraron elementos como combustible, baterías y piezas metálicas. En la cementera el material restante fue introducido en los hornos. La fibra de vidrio presenta importantes dificultades para su reutilización. Sus fibras están integradas en una resina termoestable que, una vez endurecida, no puede fundirse y separarse fácilmente como las botellas de plástico. A diferencia de materiales como el acero, el vidrio convencional o la madera, los cascos no pueden reciclarse mediante procesos sencillos y económicamente rentables. En el horno de cemento, sin embargo, los residuos cumplen una doble función. Por un lado, generan energía térmica y permiten sustituir parte de los combustibles utilizados habitualmente. Por otro, sus componentes minerales aportan materiales como sílice y alúmina, reduciendo la necesidad de utilizar materias primas extraídas de la naturaleza. Además, es una solución económicamente más rentable, ya que el reciclaje de fibra de vidrio tiene un precio superior al de su eliminación en vertederos, por lo que los propietarios han optado, generalmente, por la opción más barata El siguiente paso es ampliar esta experiencia mediante la iniciativa WAVES, que busca reducir los costes de recogida, desmontaje, trituración y transporte. El objetivo es crear una red suficientemente grande para poder reciclar las 200.000 embarcaciones que llegan al final de su vida útil cada año en Estados Unidos.
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