El Madrid cuaja con Diomande
El marfileño brilla con trabajo y desborde, cerrando la victoria blanca con un golazo. El Racing, indignado con el 'penaltito' del 0-1, cae por primera vez en El Sardinero ante un rival superior
El Real Madrid está cuajando en el equipo que se esperaba con la llegada de Mourinho. Un conjunto solidario, vertical, eléctrico, intenso desde el inicio para ganar cuanto antes. Así se comportó en El Sardinero, que permanecía invicto desde el regreso a Primera división. Cedió por primera vez el Racing en su estadio con un 'penaltito' de nada en el 0-1 y una exhibición de Diomande, que ha entrado como un guante. Con él, el Madrid es más equipo. Las cosas como son. La explosión del marfileño es un bendito problema para el técnico portugués. Bien manejado, debería servir para estimular a Vinicius, que debería volver al once en Grecia.Quitar a Diomande suena hoy a sacrilegio, después de un primer tiempo excelente del Madrid, polémica aparte. Se enfadó con razón la grada de El Sardinero por el penalti pitado a Mbappé en el minuto 10', al cruzarse Prati en su camino y tocarle con el brazo. Un contacto mínimo que fue suficiente para que el VAR no avisara a José Luis Munuera y Kylian convirtiera en el 0-1. Es lo que tenemos, semana a semana. La acción es decisiva porque rompe el marcador, cierto. Pero no entierra un primer tiempo excelente del Real Madrid a todos los niveles. Con y sin balón. El Sardinero es un estadio histórico y complicado. El Racing se mueve en zona relativamente cómoda por la fortaleza en su estadio, donde vuelan los Zabiri, Canales o Iñigo Vicente. Futbolistas de buen gusto que se asocian con la grada y agobian a los rivales. No ocurrió eso ante el equipo de Mourinho, que sometió a los cántabros desde el inicio. Pudo marcar antes Bellingham en un cabezazo a bocajarro que sacó Agirrezabala a lo Courtois. Y antes pudo entrar el VAR tras un pisotón a Diomande, escaso de repeticiones televisivas. Marcó Mbappé en ese penaltito que no debió ser, dio réplica el Racing en un remate a bocajarro que sacó Thibaut a lo Courtois y el Madrid echó a volar. La ocasión cántabra llegó en el único error de Bernardo en salida. A la contra, Mbappé descargó como el 9 que debería ser, Güler sirvió de primeras a la contra y Bellingham picó sobre Agirrezabala para completar a puerta vacía. El inglés se subió al peldaño de los cracks en el Mundial y está decidido a no bajar del estrellato. Sus apariciones son deslumbrantes al atacar el espacio, pero también cuando defiende en su propia área. La clase de futbolista total que mostró en sus primeros meses como jugador del Real Madrid. Jugó mucho el Madrid. De primeras, con apoyos cortos y largos.Y el Racing no tenía tampoco su día. Mantilla persiguió una pelota en línea de fondo y cedió su rodilla derecha. El capitán, KO. Pudo marcar Güler en un remate junto al palo, pero fue Diomande quien sacó su cañón diestro a pasear. En la frontal, tras un córner, voleó plano, imposible para Agirrezabala. Un gol excelente, a la altura de su primer tiempo. Brillante y generoso. Mourinho no puede sacar del once al marfileño. A ver qué hace en Atenas. El deslumbrante primer tiempo del Madrid (seis tiros a puerta, récord en lo que va de curso) no tuvo continuidad en el segundo. Pulsaron los blancos el modo ahorro de energía que tanto enfada a su gente y el Racing creció con orgullo y fútbol. Buscaron la profundidad por banda para alimentar a Zabiri, que falló en el remate al balón que le llegó desde la izquierda y envió alto el que le llegó desde derecha. Se levantó Mourinho, cabreado con la desconexión de sus hombres. Ya avisó una semana antes.De nada sirve lo del Camp Nou si no se gana en Santander. Mensaje recibido. El balón volvió a pies visitantes. Pudo ampliar la cuenta Mbappé en una diagonal que estrelló en el poste. Pareció haber arrancado en fuera de juego, así que lo habría anulado el VAR. O no. Quién sabe. José Alberto hizo cambios y con Pablo García recobró energía. Se zafó de Konaté y activó un tres contra dos que no resolvió bien Canales. Y el cabreo de El Sardinero se multiplicó después de pitar un penalti por mano de Tchouaméni que quedó en nada previo paso por el monitor del VAR. Que no lo era, pero no entendió la grada por qué se revisó este y el de Mbappé no. También movió el banquillo Mou, aunque no agotó cambios. No quiso tocar mucho más. El Madrid está en la mejor inercia. Próxima estación, Atenas.
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