Lamine, un elegido que debe saber asimilar su sueño
Cuestiones mías
En un momento de euforia en el que nos rendimos a la evidencia de un niño que se ha hecho hombre futbolístico jugando entre buenos y contra los buenos –y de entre todos ellos, unos y otros, él ya ha demostrado que es de los mejores–, me da igual ya lo que diga el jurado del pomposo Balón de Oro. Este chaval muestra una cara del fútbol que no recuerdo que nadie haya logrado tan prematuramente en la historia de este juego. Ni Messi, que ya fue un joven excepcional, arrancó con este poder. Y, siendo importante llegar pronto, miro de reojo a Messi, por ejemplo, y me doy cuenta de que, para estar en el olimpo de los elegidos de la historia grande, hace falta mucho más que ser bueno o buenísimo. Hay que saber recorrer un largo camino con firmeza, con modestia, con resultados, con constancia, con compromiso, con el ego tranquilo y con la admiración, no solo de tu parroquia, sino también de tus compañeros y lograr hasta que te aplaudan en los estadios rivales. Los goles, las asistencias, los regates y las cosas que pasan en el césped son vitales, pero lo que sucede fuera, también. Sin lo primero no eres admirado, y hay que saber asimilar el sueño que te hace vivir ese éxito en todos los ámbitos de la vida. Quizás es más difícil eso. Las grandes historias necesitan largos recorridos y Lamine lo está empezando con paso firme y escribiendo ya unos primeros capítulos excepcionales, pero entiendo que, por sus 19 años, aún tiene mucho por demostrar, ganar y disfrutar para lograr que su sueño, y el de todos los que depositamos en él algo parecido a la historia de Messi, se cumpla. Ahora pelea por un Balón de Oro. Lo ha pedido incluso –en un error de juventud–, pero en condiciones normales, si asimila todo lo que es, lo que significa y lo que puede llegar a ser con madurez, trabajo y compromiso, me cuesta pensar que en los próximos 15 años no logre más de uno, de dos, de tres… y hasta el número que él quiera. Es un jugador tocado con la varita mágica. El resto es cosa suya. Los demás esperamos sus genialidades con la ilusión de volver a disfrutar de un futbolista excepcional ante el que, seamos o no del Barcelona, seamos o no seguidores de la selección española –que un servidor lo es–, el mundo del fútbol no se puede mantener indiferente. Va superando etapas a la velocidad de la luz y yo, que a veces he sido crítico con alguno de sus detalles, observo con satisfacción que ya está en otra página de su historia y me alegro. Ese es el camino de los goles y de la gloria.
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