Skip to content

Saturday, September 26, 2026

Gigantum.net
Soccer

Olés y remontada en Wembley

España resiste una hora a la apisonadora inglesa y vuelca el marcador con un estelar Alex Baena, que marca y asiste a Oyarzabal en el tanto definitivo

· 586 words

En Wembley, templo del fútbol, recipiente de la historia del balón, España estrenó a lo grande las dos estrellas tras resistir y ganar un partido que fue una caja de sucesos extraordinarios. En semejante museo de recuerdos de jugadas y goles sucedió de todo. Un tiovivo de emociones que se estiró hasta el último minuto. España comenzó al mando con Lamine, sufrió una hora de exuberancia física inglesa y sacó el carnet de campeón del mundo con los cambios de De la Fuente cuando Baena y Oyarzabal rompieron las tazas de té. En el capítulo de fenómenos paranormales se ubica el primer gol de España tras una broma de Guéhi, el empate inglés tras un córner español, que Kane falló un penalti tras un doble toque a lo Julián y que Rodri falló un par de pases. Lo que no suceda en Wembley. El caso es que España ganó en Wembley igual que aquella noche en la que se liberó a Quini tras su secuestro. Una victoria en semejante césped vale por dos. El parque de atracciones se abrió pronto. Los efectos de un gol después de los himnos darían para varias teorías. El asunto es que Guéhi tonteó ante Lamine Yamal, que le robó el balón y lo colocó en la red con la izquierda. Se pisaba un territorio inesperado. Con la huella de la cantada de Guéhi la defensa inglesa comenzó a mostrar síntomas de estar escayolada. Cada balón era un susto para la cámara de los lores. El impacto lo aprovechó Lamine para ganarse otra entrevista con Valdano. En esa sacristía del fútbol cada balón que tocaba Lamine originaba murmullos. Durante un rato el partido le perteneció en exclusiva. No se guardó nada. Pases, taconazos, remates y regates para dejar párrafos en la siempre templada prensa inglesa. Mientras Inglaterra se pasaba la toalla por la cara, Ferran Torres pudo sentenciar el partido en dos ocasiones cara a cara con Trafford. Primero, Lamine le puso un balón de diamantes con el que el héroe de Nueva Jersey hizo grande al portero inglés. Después, le tocó a Rodri, que en una contra le volvió a dejar solo, pero mandó la bola fuera. El partido ya había virado. Era una España extraña, con más ocasiones que juego y posesión. Inglaterra pisaba los tendones del juego español, que sólo encontraba pases hacia atrás a Unai Simón. Empezaba a hervir el ambiente cuando un córner a favor de España se convirtió en una catástrofe. Se resbaló Nico Williams y la conexión de Bellingham con Gordón valió por un empate. El tortazo se notó en la mandíbula de los campeones del mundo. Unos segundos después un cabezazo de Kane que iba a puerta lo terminó de embocar Cucurella. La autoría del gol daría para un debate de esos que se llaman interesantes. El escenario era nuevo para España, ir por detrás en el marcador. El trago se hacía casi imposible cuando a Rodri se le señaló un penalti que pareció una estirada al agua de Bellingham. Entre el árbitro y el VAR parieron una decisión que en un Mundial llenaría las calles. Kane lo lanzó al larguero con un resbalón y un doble toque. Sonó el despertador. De la Fuente metió a Baena y Oyarzabal. El medio empató con un buen gol y envió un servicio al realista que resolvió con la finura habitual. España había remontado un engorro. Inglaterra buscó otra bombona de oxígeno mientras en Wembley sonaban olés con acento español. Lo que no pase por ahí.

Gathered from external sources. Rights to this text belong to whoever originally published it.